La crisis del coronavirus

A la caza de la covid-19 en los barrios más pobres de la ciudad de Buenos Aires

El Gobierno argentino aumenta las pruebas y aloja a los enfermos leves en hoteles para que pasen la cuarentena ante el aumento de los contagios en las casas más humildes

Promotoras de salud buscan a pacientes con síntomas de la covid-19 en la villa 1-11-14 de Buenos Aires. En vídeo, imágenes de la villa 31 en Buenos Aires. VIDEO: EFE

Flor Cruzado y su marido salen del estadio de San Lorenzo con pequeños bolsos pero grandes sonrisas. No han visto a su equipo ganar sino que se alegran por otro resultado muy favorable: ambos han dado negativo por la covid-19. Son minoría. Cerca del 60% de los análisis realizados a sus vecinos de la Villa 1-11-14, una de las zonas más pobres de la ciudad de Buenos Aires, dan positivo. “Hay un incremento de casos porque el virus entró en barriadas humildes”, advirtió el jueves el ministro argentino de Salud, Ginés González García. La semana pasada, el país sudamericano superó por primera vez los 300 contagios diarios y el número de víctimas fatales ascendió a 24, cifra récord desde el inicio de la pandemia. Para frenar su propagación, el Gobierno ha comenzado a realizar exámenes en los dos barrios más afectados.

En toda Argentina, más de tres millones de personas viven en asentamientos informales. En la Villa 1-11-14, situada a metros del estadio de San Lorenzo, residen cerca de 60.000. “Gran parte de la pandemia nos la jugamos acá”, asegura Gabriel Battistella, subsecretario de Atención Primaria del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Por el número de casos y por las condiciones de las viviendas de las villas, detalla. Al dormir a menudo tres o más personas por habitación y ser familias que comparten espacios comunes como el baño y la cocina con otras, la propagación de la covid-19 es más rápida que en otros barrios de clase media o alta.

“Estamos realizando una búsqueda activa de personas con covid-19”, subraya Battistella. “El objetivo es cortar la cadena de transmisión en el barrio”, precisa. Mientras habla, llega un autobús escolar con una docena de habitantes de la 1-11-14, que bajan y forman fila para entrar. Con el fútbol paralizado por la emergencia sanitaria, el espacio bajo las gradas ha sido reconvertido en una sala de atención médica. Los recién llegados pasan primero frente a una administrativa que les toma los datos y les abre una historia clínica electrónica. Después, una médica los examina. En caso de tener síntomas compatibles con la covid-19, pasan a una unidad móvil sanitaria en la que se realizan los hisopados. Deben aguardar entre cinco o seis horas para tener los resultados.

Los positivos son enviados a distintos lugares según su estado de salud: los pacientes leves quedan aislados en hoteles hasta recibir el alta y los moderados y graves son enviados al hospital. Como no se sabe de antemano cuál será el resultado del test, todos llegan al estadio con un pequeño bolso cargado con lo que consideran necesario por si la vuelta a casa se retrasa 14 días o más.

El hijo de Cruzado, uno de los primeros de la 1-11-14 en contagiarse de coronavirus, tardó tres semanas en regresar, hace solo dos días. “Su hijo, mi nieto, nació el 26 de abril y no lo conocía”, dice la abuela. Superado el periodo de incubación de la enfermedad y con el resultado negativo en la mano, Cruzado se alegra de que nadie más de la familia se infectase y asegura que toma todas las precauciones posibles para evitar otro caso: “Me paso todo el día limpiando y desinfectando”.

Escraches vecinales

Contagiarse no supone solo un riesgo para la salud sino que implica en muchos casos la estigmatización por parte de los vecinos, advierte Cruzado. Los vecinos han escrachado las casas de varios enfermos del barrio y se han registrado también episodios violentos, dice un trabajador social, quien cree que el miedo a quedar señalados hace que algunos enfermos leves nieguen los síntomas o los intenten ocultar.

“La gente está confundida y tiene miedo. Algunos cuando llegamos están en estado de pánico, pero de a poco entablamos conversación y generamos un poco de confianza”, cuenta Inés, una de las promotoras de salud que van casa por casa en la villa para localizar a las personas que han tenido contacto con algún positivo de la covid-19. Preguntan cómo se sienten, supervisan la presencia de síntomas y en caso de sospecha les piden que vayan a la cancha de San Lorenzo para someterse a una prueba. “Algunos no se quieren ir de su casa, pero nos quedamos esperando hasta que arman el bolso”, continúa Inés.

De los 3.706 contagios detectados hasta el momento en la ciudad de Buenos Aires, 1.201 corresponden a barrios vulnerables, pero su porcentaje es mayor a medida que pasan los días. El sábado, de los 188 nuevos casos, 113 se registraron en villas, según datos del Gobierno porteño. Organizaciones sociales denuncian que la intervención estatal ha llegado demasiado tarde, y exigen que los tests se extiendan a todos los barrios, no solo a los dos más afectados, para ir por delante y no detrás del nuevo virus.

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