La crisis del coronavirus

El megahospital de Ifema drena recursos del resto de la sanidad madrileña

Los 400 médicos y 400 enfermeras que empleará saldrán de hospitales y consultorios

Varios miembros del personal sanitario, en el exterior del hospital instalado en Ifema (Madrid).
Varios miembros del personal sanitario, en el exterior del hospital instalado en Ifema (Madrid).Chema Moya / EFE

El modelo de hospital de campaña por el que ha optado la Comunidad de Madrid para atender al creciente número de hospitalizados por coronavirus empieza a generar críticas en el sector sanitario. Habían empezado los sindicatos de médicos y enfermeras, pero este viernes fue el Colegio de Médicos de Madrid quien criticó que se cierren centros de salud para reubicar a sus profesionales en el megahospital de Ifema, el recinto ferial de Madrid que el miércoles visitó el rey Felipe. No solo eso: las necesidades de personal de este centro se suplen también con médicos residentes de últimos años de varios hospitales de la región, como reconoce el director médico del recinto, Antonio Zapatero.

En una semana, cuenta Zapatero, Ifema ha tenido 610 ingresos y ha dado 198 altas. Su “horizonte” es el de las 1.300 camas a lo largo de la semana que viene —está previsto que pueda albergar a hasta 5.000 pacientes—, pero de quiénes y cómo atenderán a esos enfermos no da datos actualizados: “Me equivocaría, pero la perspectiva final es tener alrededor de 400 médicos y 400 enfermeras”. Que saldrán en buena medida de las plantillas de los hospitales y de la atención primaria. Madrid ha cerrado ya 15 centros de salud y 37 consultorios.

El Colegio de Médicos cree que es un error dejar sin medios la atención primaria, el primer nivel asistencial, el más cercano a la población, que “podría asumir gran parte del manejo de los casos leves y moderados sin necesidad de traslado a un centro hospitalario”. El Colegio asegura que Madrid está siguiendo el modelo de China, Corea del Sur, Irán o Italia, pero recuerda que ellos “no tienen una atención primaria tan desarrollada como la nuestra”. Además, afirma Alda Recas, presidenta de la Asociación Madrileña de Enfermería Independiente, parece que “se olvida que los centros de salud manejan la población más vulnerable, como son los pacientes crónicos, mayores o con discapacidad que siguen teniendo sus patologías habituales, más el seguimiento por teléfono o a domicilio de los casos leves de coronavirus”.

Desde que comenzó la crisis, la atención primaria se ha encargado de ser el primer filtro de los posibles contagios de Covid-19, derivando a los hospitales o prescribiendo el aislamiento según el cuadro clínico. “¿Qué va a pasar cuando los pacientes acudan a sus centros de salud habituales y se encuentren la puerta cerrada y nadie les coja el teléfono? Se irán a las urgencias de los hospitales”, advierte Recas. El miércoles le ocurrió a una vecina de Lucero, al oeste de la capital: “Mi padre tenía fiebre y llamamos 20 veces y nadie nos cogió el teléfono, luego llamamos al de emergencia de coronavirus y tampoco. Acabamos en urgencias, no he visto tanta gente en mi vida”.

La situación de los hospitales madrileños es el reflejo de más de dos semanas de arrastre de presión asistencial. Las urgencias sufren desbordamientos a diario; las unidades de cuidados intensivos de algunos hospitales ya han duplicado y hasta triplicado su capacidad; no hay ningún área del sistema sanitario que no esté sufriendo bajas de profesionales; la falta de recursos materiales y humanos es cada vez más acuciante; y ahora, con la decisión de sacar a los efectivos para Ifema de donde ya son necesarios, los centros hospitalarios pierden a médicos de los últimos años de especialización.

Un residente de cuarto explica que el miércoles empezaron a llamar a los de todas las especialidades, lo que provocó mucho malestar en los hospitales, donde suelen estar muy integrados en equipos de trabajo. El reclutamiento se hizo, relatan varios, sin contar con los centros: “En el mío han dicho que hasta que haya un comunicado oficial no van a abandonar el hospital”. Un residente, aislado a la espera de terminar la cuarentena, asegura que sus compañeros que ya han tenido turno en Ifema han salido frustrados por no poder ayudar. “Un despropósito. Convocados desde las 7.15 y no han podido ni ver pacientes. Han sobreestimado los que iba a haber y han estado inactivos toda la mañana sabiendo que en nuestros centros de salud somos útiles”, relata.

Fuentes de la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad Pública (CAS) creen que “no hay manera efectiva de evitar el colapso del sistema” y que hay “un número inasumible de enfermos que necesitarán recursos de los que no disponemos”. Por eso, explican, “hay que eliminar al máximo los riesgos de contagio. Cerrar la atención primaria o sacar a los profesionales de los hospitales no es la solución”. Un residente de cuarto año que pertenece a CAS dibuja el panorama en Ifema: “No hay tomas de oxígeno ni radiología ni laboratorio, con los EPIS [mascarillas, gafas, batas...], que aquí no faltan, no se puede trabajar más de tres o cuatro horas y como no hay forma de saber el tiempo [con los trajes especiales no se puede llevar reloj ni móvil, ni hay relojes instalados en las instalaciones], te ponen un esparadrapo en la espalda con la hora de entrada y alguien vigila para sacarte. Y así funciona”.

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