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Una fábrica de leche infantil causa dos brotes de salmonelosis en ocho años

La bacteria ha pervivido casi una década en las instalaciones pese a los sistemas de limpieza. La UE investiga el caso, el segundo en una planta europea tras el de Lactalis

Vista de la fábrica de Industrias Lácteas Asturianas, en Navia (Asturias).
Vista de la fábrica de Industrias Lácteas Asturianas, en Navia (Asturias).

Una fábrica de Asturias que produce leche en polvo para bebés ha clausurado una de sus tres torres de secado después de que algunos de sus preparados —basados en proteínas de arroz, para niños alérgicos a las de vaca— provocaran hace tres meses un brote de salmonelosis causada por la bacteria del serotipo Poona con 32 casos en Francia, Bélgica y Luxemburgo. Este es el segundo brote en ocho años vinculado a la torre, según ha confirmado la empresa dueña de la planta, Industrias Lácteas Asturianas (ILA). El anterior, ocurrido entre 2010 y 2011, afectó a 289 bebés, todos ellos en España.

La salmonelosis es una infección causada por la bacteria salmonela que afecta al aparato digestivo. Los síntomas más comunes son náuseas, vómitos, diarrea y fiebre moderada. La enfermedad cursa de forma leve en la mayoría de los casos, aunque en los bebés puede causar complicaciones muy graves por deshidratación o extenderse la infección y causar meningitis. Cerca de la mitad de los niños menores de un año que la sufren requieren hospitalización.

Las pruebas de secuenciación genética han confirmado que la bacteria implicada en ambos brotes es la misma, afirma Faustino Blanco, secretario general del Ministerio de Sanidad. Esto supone que el patógeno ha pervivido durante casi una década en la fábrica a pesar de todas las medidas de limpieza aplicadas y que ha sido indetectable tanto a las pruebas hechas en las instalaciones como a las del producto final. Sanidad asegura que esto ha ocurrido pese a que la fábrica ha cumplido en todo momento la normativa.

Es la segunda planta en Europa que ha pasado por a una situación parecida despues de que la que Lactalis tiene en Craon (Francia) causara dos brotes por la misma bacteria —en ese caso Salmonella agona— en 2005 y 2017, con 142 y 38 bebés afectados, respectivamente. Las coincidencias entre ambos casos han hecho saltar las alarmas en la Unión Europea, cuyas dos agencias relacionadas —la de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC) y la de Seguridad Alimentaria (EFSA)— trabajan desde hace meses con las autoridades de España y Francia. Las primeras conclusiones apuntan a la necesidad de revisar los sistemas de muestreo y análisis de las leches infantiles.

Cuatro crisis que dispararon las alertas

Francia, 2005. Un total de 142 bebés en Francia y otros tres países enfermaron por Salmonella agona tras consumir leche en polvo Lactalis producida en Craon. Casi la mitad de ellos requirió hospitalización. La torre de secado implicada era la utilizada para producir, además del producto convencional, leche especial sin lactosa.

España 2011. Sanidad identificó 285 casos por Salmonella poona. Como ocurrió en Francia, los primeros casos ocurrieron un año antes y se tardó casi 18 meses en identificar el foco. El 87% de los casos tenía menos de un año. Al menos una docena sufrió complicaciones graves como meningitis neonatal. Todo el producto contaminado había sido vendido en España.

Francia, 2017. La fábrica de Craon está en el origen de un segundo brote por Salmonella agona, con 38 afectados (37 en Francia y uno en España). La bacteria es la misma que causó el brote de 2005. 

España, 2018. Francia, Bélgica y Luxemburgo alertan de 32 casos por Salmonella poona, la misma que en 2011. Los productos son de la marca Modilac, fabricada en Asturias.

Cuando un brote se produce, explican los expertos, es que han fallado dos cosas de forma consecutiva. La primera es que la bacteria no ha sido detectada ni eliminada en la fábrica. La segunda, que tampoco ha sido encontrada en los lotes envíados al mercado.

José Juan Rodríguez, profesor titular de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la Sociedad Española de Seguridad Alimentaria, explica que lo primero sucede por “la capacidad de las bacterias de desarrollar biofilms, que son comunidades de microoganismos que forman unas películas invisibles adheridas a cualquier superficie”. Estas películas “están rodeadas de una especie de cubierta, la matriz extracelular, que protege a los patógenos de factores externos, como los detergentes, y los puede hacer indetectables a las técnicas de toma de muestras ”, añade Rodríguez.

Esto explica que la salmonela pueda pervivir durante años en una fábrica sin dar señales de vida. Hasta que un día abandona la comunidad que le daba cobijo. Una de las razones para hacerlo es el crecimiento natural del biofilm. Otra resulta paradójica: “Los detergentes y las labores de limpieza pueden romper la matriz extracelular y liberar al ambiente miles de bacterias, que, además, van a encontrar ambiente propicio por el uso de agua. Es sorprendente, pero los lotes con más riesgo pueden ser los que se fabrican justo después de la limpieza”, destaca Rodríguez.

La empresa admite que esta es “una de las hipótesis en investigación”. “El problema solo ha afectado a algún lote de productos con base de arroz. Su fabricación exige un lavado previo de la instalación [con agua] para eliminar los restos lácteos. La presencia de agua, en determinadas condiciones, puede favorecer el desarrollo microbiano”, detalla un portavoz.

ILA afirma que aún no tiene fecha para la reapertura de la torre, cerrada el pasado 22 de enero. “No lo haremos hasta tener garantizada su seguridad”, asegura un portavoz de la compañía, que sigue sin tener claro el foco exacto de contaminación. Un ejemplo de la dificultad de acabar con los biofilms lo da la decisión tomada por Lactalis en su fábrica de Craon: trasladó toda la producción a una nueva instalación y confinó para siempre la torre de secado implicada en los dos brotes en "un especie de  sarcófago de hormigón”, explica un portavoz.

La fábrica asturiana defiende que cada año se llevan a cabo “miles” de pruebas ambientales en la fábrica, sin que ninguna haya dado positivo. La investigación conjunta del ECDC y la EFSA corrobora este punto al señalar que los 834 análisis de muestras tomadas en la planta tras la detección del brote “han dado negativo”.

La dificultad de detectar si un lote de leche ha resultado contaminado es el otro gran reto del sector. La normativa obliga a analizar 30 muestras de 25 gramos por lote, aunque según las fuentes consultadas, “cualquier empresa del sector multiplica esa cifra por cinco o 10 veces”.

“Los focos de contaminación suelen ser débiles y llegan solo a unos pocos grumos por lote de leche deshidratada. Es buscar una aguja en un pajar”, resumen fuentes del Centro Nacional de Microbiología, que sin embargo abogan por “mejorar los sistemas de toma de muestras para evitar que productos contaminados lleguen al mercado”. En este sentido, la EFSA sostiene en una respuesta por escrito que “dada la dificultad de detectar la salmonela en productos deshidratados, serían necesarias nuevas evaluaciones de los sistemas de análisis y toma de muestras vigentes”.

Si la lucha contra los biofilms y la mejora de las técnicas de muestreo son las asignaturas pendientes de la industria, también en los hogares deben adoptarse medidas de prevención para los más pequeños. “Lo de calentar el biberón y dejarlo horas a temperatura ambiente es una imprudencia. La leche en polvo es un producto deshidratado, no estéril. Hay que ser consciente de sus riesgos”, alerta José Juan Rodríguez. El ECDC y la EFSA también instan a los estados de la Unión a “insistir a la población sobre las normas básicas de higiene a seguir para preparar alimentos para los bebés”.

Microbiología rastrea la última década en busca de más casos

El Centro Nacional de Microbiología, en colaboración con las comunidad es autónomas, investiga si más bebés contrajeron entre 2011 y 2018 la Salmonella poona tras consumir productos fabricados en la planta de Asturias.

Francia llevó a cabo una investigación similar tras el segundo brote de 2017 originado por la fábrica de Craon, en este caso causado por la Salmonella agona. El Instituto Pasteur, de referencia en ese país, descubrió tras hacer la secuencia genética de cientos de muestras la existencia entre ambos brotes de 25 casos “interepidémicos previamente no detectados”, según una investigación presentada el pasado noviembre en ESCAIDE, congreso organizado en Malta por el Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC).

En España, la investigación está aún en sus fases iniciales, explica el secretario general del Ministerio de Sanidad, Faustino Blanco. “Por ahora hemos analizado ocho muestras y todas han dado negativo”, precisó el pasado martes.

Son las comunidades las que están remitiendo al Instituto Carlos III las muestras de los casos de bebés con Salmonella poona atendidos en los últimos años en sus servicios sanitarios. La investigación, según fuentes de Microbiología, durará meses y, como ocurre en estos casos, no podrá ser completa al incluir solo los bebés de los que se conserven muestras y cuyo diagnóstico fuera lo suficientemente preciso para confirmar que el tipo de salmonela que sufrían era del serotipo poona.

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