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El humedal enfermo de La Mancha

El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel arrastra desde hace décadas la sobreexplotación del acuífero del que se nutre para regar los cultivos que le rodean

Uno de los encharcamientos que se mantiene en Las Tablas de Daimiel, rodeado de cultivos de regadío. Ver fotogalería
Uno de los encharcamientos que se mantiene en Las Tablas de Daimiel, rodeado de cultivos de regadío.

El director del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, Carlos Ruiz de la Hermosa, aparta una valla apoyada en una caseta de avistamiento de aves y se adentra en una laguna a pie. Está completamente vacía. En otro lugar del parque, decenas de negras fochas se agrupan para escapar del frío en una bella laguna rebosante de agua. Es la cara y la cruz de la única llanura de inundación de clima semiárido que sobrevive en Europa, amenazada desde hace décadas por la sobreexplotación agrícola de la inmensa masa de agua subterránea conocida como acuífero 23 —5.000 kilómetros cuadrados de superficie— y de la zona del Alto Guadiana.

Las Tablas se forman por el desbordamiento de los ríos Guadiana y Cigüela en una zona casi sin pendiente. En estado natural, el agua fluía siempre, algo que ya no pasa. El encharcamiento actual es del 26% —450 hectáreas de 1.750— con un acuífero que presenta un déficit de 1.125 hectómetros cúbicos con respecto a 1980, y que continúa a la baja.

Esta tendencia amenaza con convertir en un espejismo la segunda e inesperada oportunidad que ofrecieron al parque las excepcionales lluvias que se produjeron entre 2010 y 2013. El acuífero se recuperó, las lagunas se llenaron y Los Ojos del Guadiana (nacimiento del río) volvieron a surgir en 2012, con muy poco caudal, después de 30 años desaparecidos. Pero ahora, con la sequía, el acuífero pierde desde 2015, porque se saca más agua de la que se recarga, advierte Miguel Mejías, jefe de Área de Hidrogeología Aplicada del Instituto Geológico Minero de España (IGME).

VOLUMEN DE AGUA SUBTERRÁNEA EN EL ACUÍFERO 23

Desde 1980 a 2018. En miles de hm3

Fuente: M. Mejías (IGME) y elaboración propia.

El parque tiene experiencia en el expolio, décadas de riegos sin control secaron Las Tablas entre 2007 y 2009 y la turba del subsuelo entró en combustión. Mejías advierte del peligro de no tomar medidas, porque “no se puede dejar la gestión al libre albedrío de la meteorología”. La Fiscalía de Castilla-La Mancha apunta en su memoria de 2018 a “la captación ilegal de aguas mediante miles de pozos clandestinos”, como el “principal problema” que disminuye el acuífero 23. Además, señala a los pozos autorizados “explotados muy por encima del volumen permitido”. En el Alto Guadiana existen unas 60.000 captaciones de agua legales, según datos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG). Además, hay censadas otras 1.648 que no se legalizaron con el plan especial de 2008, en el que se legitimaron miles de pozos.

Los datos son contundentes: en condiciones naturales circulaban entre Los Ojos del Guadiana y las Tablas 66 hectómetros cúbicos anuales, ahora, en el mejor año (2014) fueron 11, señala Mejías. En 2019 se prevé que este caudal disminuya —entre 0,4 y nada—, muy lejos de los 38 de flujo de agua subterránea que establece el Plan Hidrológico del Guadiana.

Alberto Fernández, de WWF, dirige la crítica a la política de la Junta de Castilla-La Mancha y al Gobierno central, “por el aumento del viñedo de regadío, que consolida una demanda estructural de agua que hará bajar el acuífero”. El conservacionista recuerda que el agua que se aporta en la actualidad a las Tablas proviene de forma mayoritaria de las aportaciones superficiales de los ríos. "Que como varían a lo largo del año, han resultado insuficientes para mantener la estabilidad de la lámina de agua", indica.

El presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, Samuel Moraleda, cuenta que están “ultimando un programa de actuaciones”, que incluye el impulso de la compraventa de derechos de extracción de agua entre particulares, además de un seguimiento continuo de las explotaciones. Aunque, reconoce, “es muy complicado vigilar 200.000 hectáreas de regadío con un agente por cada 1.000 kilómetros cuadrados”. Si a esto se une que no todas las explotaciones agrícolas cuentan con caudalímetros —aunque la fecha tope para ello era diciembre de 2018— las labores de inspección se complican aún más. Fernández (WWF) incide en que "antes de promover la compraventa, es prioritario cerrar los pozos ilegales de la cuenca alta del Guadiana, en especial los del acuífero 23".

La pretensión de la Junta de Castilla-La Mancha es garantizar la actividad agraria. El consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, Francisco Martínez Arroyo, sostiene que la solución de las Tablas es "política" y recuerda el plan que se puso en marcha en época de José Luis Rodríguez Zapatero que supuso la adquisición por parte del Estado de 2.100 hectáreas y 2,2 hectómetros cúbicos. En la actualidad no se contempla ninguna iniciativa semejante.

Ruiz de la Hermosa explica que Las Tablas pasaron de no contar con casi ninguna ave cuando estaban secas a 23.000 en 2010, el periodo húmedo, lo que da una visión de su capacidad de recuperación. También están volviendo a crecer las ovas, algas base de la cadena trófica, que mataron los contaminantes arrastrados por las fuertes lluvias del periodo húmedo. Con ellas, ha reaparecido el pato colorado: el año pasado se censaron 180 parejas frente a las 100 de 2017. “Ya no puede existir un régimen natural, pero hay que alcanzar un equilibrio”, demanda el director del parque.

“Con menos agua, no sería rentable”, dicen los regantes

Araceli Olmedo presidió hasta 2018, durante 30 años, la comunidad de regantes de Alcázar, una de las más importantes del acuífero 23. Habla de su obligación de cuidarlo para no dejar a las generaciones futuras “un secarral”. Pero, en su opinión, no se trata de reducir las captaciones de agua, sino de mejorar el control, “porque siempre hay gente que se sale de madre y extrae más cantidad de la permitida”. Olmedo relata cómo la Administración no puso coto a la construcción de pozos ilegales durante años, lo que llevó a la sobreexplotación del acuífero.

Ahí se acabó sacar 4.278 metros cúbicos por hectárea al año, que han pasado a 2.000 para cultivos herbáceos y 1.500 para leñosos. Unas cantidades que, añade, “no se pueden bajar, porque no sería rentable”. Olmedo considera imprescindible, además, que la Administración implique a los regantes en sus decisiones y que se agilicen los trámites administrativos. “La Confederación Hidrográfica del Guadiana sabe que se saca agua indebidamente y eso a quien perjudica es a quien tiene todo en regla”. Y pide que cuando denuncian a alguna explotación, la confederación debería acudir inmediatamente y multarla. “Sé que no tienen los medios, pero nosotros les ofrecemos convenios de colaboración”, concreta.

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