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Los gais con VIH se reinfectan más de hepatitis C que los usuarios de drogas

Un estudio muestra que el 0,7% de quienes se curan del virus hepático recaen

Protesta por el precio de los medicamentos contra la hepatitis C fente al Congreso de los Diputados en 2016.
Protesta por el precio de los medicamentos contra la hepatitis C fente al Congreso de los Diputados en 2016.

La cura de la hepatitis C no protege para contagios futuros. Un estudio efectuado en la Comunidad de Madrid con datos de las personas que estaban infectadas –y diagnosticadas– por VIH y el virus hepático ha demostrado que alrededor del 0,7% volvieron a contraer la hepatitis C poco tiempo después de acabar el tratamiento que les curó de la enfermedad (los nuevos antivirales se empezaron a administrar en noviembre de 2014 y el estudio cerró el recuente el 31 de diciembre de 2018). El trabajo lo ha publicado la revista AIDS. Ambos virus aparecen con frecuencia simultáneamente en las personas ya que las vías de transmisión son las mismas: actualmente, sexo sin protección y compartir jeringuillas (antes había casos por transfusiones o trasplantes, pero estos se evitan con facilidad actualmente).

La muestra recoge los datos de 21 de los 25 hospitales de la comunidad, y es un estudio que revisa los casos de personas que recibieron la cura de la hepatitis C desde noviembre de 2014, explica Juan Berenguer, del servicio de Infecciosas del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y primer firmante del trabajo. Cuando se desglosan los datos por vía de transmisión se ve que de los porcentajes de reinfectados varían enormemente: de las 1.636 personas que se incluyeron en el trabajo, se reinfectaron el 0,34% de quienes se definían como consumidores de drogas (5 de 1.459) y el 6,78% (12 de 177) de quienes se incluyeron en la categoría de hombres que tienen sexo con hombres (HSH).

De los usuarios de droga tradicionales que volvieron a adquirir la hepatitis C, cuatro admitieron que se habían inyectado con posterioridad, y uno murió antes de que se acabara la recopilación de datos.

Entre los HSH, la tasa se acerca "a las más altas de Europa", dice Berenguer. Los 12 que se reinfectaron comunicaron que habían mantenido sexo sin protección con varias parejas, 7 de ellos indicaron que habían participado en sesiones de sexo prolongadas por el uso de estupefacientes y generalmente en grupo (lo que en el argot se denomina chemsex)  y cuatro recurrieron a drogas inyectadas (mefedrona o metanfetamina) durante las relaciones (slam). Varios presentaron otras enfermedades de transmisión sexual. Esta última práctica indica que la distinción entre las vías de transmisión entre usuarios de drogas y hombres con sexo gay se está difuminando.

Berenguer explica que ha habido algún caso de persona que en los cuatro años del estudio se ha reinfectado por el virus de la hepatitis C dos o más veces. Ello podría llevar a pensar si merece la pena darles un tratamiento que, aunque ha bajado mucho su precio (actualmente se administra por poco más de 10.000 euros), sigue teniendo un coste para la sanidad pública. Pero el médico afirma que, aparte de ofrecerles asesoría y ayuda para que cambien su comportamiento, la experiencia de países como Holanda y Suiza demuestra que "tratar a todo el mundo, estos casos incluidos, al final sale a cuenta". 

Ello se debe a un hecho que los investigadores han detectado en el trabajo: al aumentar el número de personas tratadas (en España van ya más de 120.000, incluyendo las que tienen VIH, y las que no, según datos de la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos, FNETH), la proporción de reinfecciones disminuye. Es decir, esas 17 personas no se distribuyen por igual en los cuatro años, sino que hay más al principio. Y eso tiene una explicación sencilla: aunque mantengan las conductas de riesgo (algunos incluso durante el tiempo que están recibiendo el tratamiento contra la hepatitis C, lo que arroja como resultado que la mediana de tiempo entre la curación y la detección de la recaída en la infección de 15 semanas, menos de cuatro meses), la probabilidad de que coincidan con otras peronas con el virus activo disminuye al ir aumentando los curados.  Por eso propugna que se diagnostique y trate desde el momento del diagnóstico.

En esta misma línea de la efectividad de los antivirales de acción directa hoy se ha publicado un estudio del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (Ciberesp) que ha calculado que en Navarra el número de personas con una infección por hepatitis C se ha reducido a la mitad en tres años (de 1.503 a 852). En verdad, ha habido más curados, 984, pero en ese tiempo se han detectado otros 333 infectados. Además, el grupo ha concluido que el coste del tratamiento con antivirales se ha compensado en gran parte con el ahorro en gasto sanitario a medio plazo y su impacto presupuestario prevé un ahorro neto a partir del tercer año. Los dos parámetros determinantes, indican, han sido la disminución del precio del tratamiento y la respuesta viral sostenida en cerca del 100% de los pacientes tratados.

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