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Hallados “muchos restos de sangre” en la casa del asesino de Huelva

La autopsia revela que Laura Luelmo sufrió agresión sexual contra lo confesado por Montoya, que mintió sobre este delito

El Campillo (Huelva)
Vecinos de El Campillo (Huelva) increpan este miércoles a Bernardo Montoya, asesino confeso de Laura Luelmo.

La confesión de Bernardo Montoya, el asesino de la joven profesora Laura Luelmo, no termina de encajar con la multitud de indicios y pruebas encontrados por los investigadores de la Guardia Civil en su casa y en el lugar en el que fue hallado el cuerpo de la mujer el lunes pasado, un terraplén de matorrales y jaras del paraje de Las Mimbreras, en el término municipal de El Campillo (Huelva).

El hombre, de 50 años, y recién salido de la cárcel, donde ha pasado casi la mitad de su vida, ha declarado delante de su abogado que mató a la chica pero que no pudo violarla, pese a intentarlo. “Me preguntó por un supermercado y la mandé a un callejón sin salida. Me monté en el coche y llegué antes que ella. La agarré y le golpeé su cabeza contra la puerta del coche. Le até las manos a la espalda y la envolví en una manta. La desnudé de cintura para abajo y traté de violarla, pero aunque estaba inconsciente no lo conseguí”, resumen fuentes de la investigación su confesión, que se ha filtrado casi íntegra, lo que ha generado un enorme recelo entre los muchos agentes implicados en el caso, tanto de la policía judicial de la Guardia Civil de Huelva como de la Unidad Central Operativa (UCO), venidos desde Madrid expresamente para arrojar luz en este espinoso asunto.

Sin embargo, la declaración de Montoya no encaja con los “abundantes restos de sangre” encontrados en su vivienda, justo enfrente de la casa que hacía pocos días había alquilado Laura Luelmo. Dos edificios de planta baja, casi puerta con puerta, desde donde el asesino pudo observar a su víctima hasta inquietarla, según le dijo la joven a su novio por teléfono (“No me gusta como me mira”), antes de que se perdiera su rastro el pasado miércoles día 12 de diciembre cuando salió de su casa por la tarde.

En una de las dos habitaciones de la pequeña casa donde Montoya se había instalado tras salir de la cárcel el pasado mes de octubre —su última condena fue de dos años y diez meses por robo con violencia— han sido encontrados numerosos restos biológicos que están ya siendo analizados por los expertos de la Guardia Civil en el cuartel de Huelva.

Contradicciones

Tampoco encaja con la versión del asesino el último resultado conocido de la autopsia, que ha terminado de desmentirle, al confirmar que “sí hubo agresión sexual”, sin que hayan trascendido más datos del informe forense hasta el momento, aparte de que la causa de la muerte fue un golpe en la cabeza.

Los investigadores creen que, con su primera declaración, Montoya puede querer evitar la acusación de agresión sexual —aparte de la de asesinato— para evitar una condena a prisión permanente revisable.

Las mismas fuentes creen, y “las señales móviles parece que así lo corroboran”, que todo ocurrió en las proximidades de las casas de Montoya y Luelmo. Consideran más “probable” que él la atacara allí (las viviendas están en una de las callejuelas menos transitadas del pueblo y en ella solía tener aparcado Montoya su coche) y que la metiera en su casa, “su sitio de seguridad”, tras agredirla. También creen más plausible que fuera allí dentro donde cometiera sus vejaciones y que, posteriormente, trasladase el cuerpo malherido en la parte trasera de su vehículo hasta la zona de Las Mimbreras. No obstante, el automóvil del asesino confeso aún no ha sido inspeccionado y son muchos los detalles que quedan por cruzar y encajar.

Montoya ha terminado su declaración ante los agentes asegurando que, tras arrojar a su víctima sobre unos matorrales, “le puse una mano en un hombro y le dije: ‘descanse en paz”.

El cuerpo de la joven, que tenía 26 años, fue hallado boca abajo, semidesnudo y con visibles signos de violencia el lunes pasado, día 17, en ese terraplén, a escasos cinco kilómetros del pueblo, de acceso fácil desde la carretera N-435. Los primeros resultados de la autopsia datan la muerte entre el 14 y el 15 de diciembre, dos o tres días después de que Luelmo desapareciera. Los investigadores sospechan que la chica pudo estar agonizando durante días desde que su asesino la abandonó, aunque insisten en que “aún quedan muchos tiempos por ajustar”.

El arrestado ha sido trasladado desde la comandancia de la Guardia Civil de Huelva hasta su vivienda en El Campillo para realizar una reconstrucción de los hechos. Ha llegado hasta la casa increpado por los vecinos —“¡Asesino!”, “Todos somos Laura”—, que han sobrepasado el cordón policial. El detenido no ha sido trasladado aún a la otra zona del crimen, el paraje donde abandonó el cuerpo.

Montoya no se molestó demasiado en esconder el cadáver, que estaba oculto por matorrales y jaras, las plantas típicas de esa zona boscosa, plagada de eucaliptos. El cuerpo, según quienes acudieron a su levantamiento, era casi visible desde un sendero transitado que bordea el terraplén; como también las ropas (un pantalón y unas bragas) de la muchacha, encontradas a pocos metros del cadáver, también. Previsiblemente, el detenido será conducido hasta allí este jueves para continuar con la reconstrucción de los hechos, antes de quedar a disposición judicial.

Tanto la joven como su agresor habían llegado hacía poco tiempo a ese pueblo onubense de unos 2.000 habitantes y vivían uno enfrente del otro. La profesora se acababa de instalar en la vivienda, alquilada por una de sus compañeras del instituto de Nerva (a ocho kilómetros), donde comenzaba su primer empleo como profesora de Dibujo.

Curiosamente Montoya siguió un patrón similar al de El Chicle, el asesino de Diana Quer, que fue asesinada el 22 de agosto de 2016 en Puebla del Caramiñal (A Coruña). Se da la macabra casualidad de que ambos asesinos tenían el mismo modelo de coche, un Alfa Romeo (de distinto color) que usaron para meter y ocultar a sus respectivas víctimas y trasladarlas a kilómetros de distancia. El cuerpo de Laura, convertido en una de las principales pruebas de cargo contra el detenido, permanece en el tanatorio de Huelva, donde se le ha practicado la autopsia. Sus familiares, arropados por un grupo de psicólogos, continúan en Huelva a la espera de que les permitan llevarse el cuerpo de la joven a su ciudad natal, Zamora, para darle sepultura.

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