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Así es Bernardo Montoya, el único detenido por la muerte de Laura Luelmo

Tiene 50 años y antecedentes por asesinato, allanamiento, obstrucción a la justicia, quebrantamiento de condena y robos con violencia

Minuto de silencio en la plaza de El Campillo (Huelva) por la muerte de Laura.

De pelo canoso y apariencia robusta, Bernardo Montoya ha pasado casi 20 de sus 50 años en prisión. Salió hace dos meses de la cárcel tras cumplir una condena de dos años y 10 meses por dos robos con violencia, a la que hay que sumar otros 17 años por la muerte de una anciana. Este martes ha sido detenido por la muerte de Laura Luelmo, la joven zamorana de 26 años cuyo cadáver fue localizado el lunes tras cuatro días de búsqueda en El Campillo (Huelva).

Fuentes de la investigación han precisado que no hay pruebas definitivas de que sea el autor de la muerte de la profesora y que ha sido arrestado tras una actuación sospechosa mientras le vigilaban agentes de la Guardia Civil. Iba conduciendo su Alfa Romeo negro cuando al percatarse de que le seguían lo ha abandonado y ha salido corriendo por el campo. Tras una pequeña persecución a pie, los agentes lo han arrestado. El delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, ha señalado que "hay una persona detenida ante el riesgo de fuga o destrucción de pruebas" y ha pedido prudencia.

Montoya se encuentra en estos momentos en dependencias de la comandancia de la Guardia Civil de Huelva, donde está siendo interrogado antes de pasar a disposición de la juez de Valverde del Camino (Huelva), que ha decretado el secreto de sumario.

El detenido, con un hermano gemelo —o mellizo, según distintas fuentes, llamado Luciano, tiene un largo historial delictivo por asesinato, allanamiento, obstrucción a la justicia, quebrantamiento de condena y robos con violencia. Su primer ingreso en prisión fue en 1994 y salió por última vez en octubre de 2018. 

El sospechoso ha cumplido prisión, entre otros delitos, por asesinar a una anciana de 82 años en la cercana localidad de Cortegana (Huelva) en 1995, según la sentencia de la Audiencia Provincial de Huelva de noviembre de 1997 a la que ha tenido acceso El PAÍS. Fue el 13 de diciembre de 1995, día en el que Bernardo Montoya entró por la ventana en la vivienda de la víctima, Cecilia Fernández Díaz, a la que asestó varias puñaladas con un machete grande, que le seccionaron la carótida y la yugular.

Dos años después fue declarado culpable y condenado a 22 años de prisión por el asesinato de la mujer, que iba a declarar contra él en un juicio por lesiones. La defensa pidió la absolución del acusado aduciendo que se encontraba bajo los efectos del síndrome de abstinencia, por su adicción a la heroína y la cocaína en el momento del crimen, circunstancia que fue tenida en cuenta como atenuante. Cumplió 17 años de cárcel por este crimen.

Tras finalizar su condena, Bernardo Montoya salió de la cárcel en 2015, pero pronto volvió a ella por dos robos con violencia. El pasado octubre, con 50 años recién cumplidos, salió de la prisión de Huelva. 

Vecinos de la misma calle

La vivienda del detenido, una casa de una planta, está en el número 1 de la calle Córdoba. Luelmo tenía alquilado el número 13 de la misma calle. Esa vivienda también perteneció a la familia de Montoya en el pasado. El padre de Montoya compró tanto el número 1 como el 13 de la calle Córdoba, aunque años después se deshicieron de la casa en la que residía Luelmo, que actualmente pertenecía a una compañera de trabajo de la asesinada que se la había alquilado.

El hermano del arrestado, Luciano Montoya, también tiene delitos de sangre. Cuando Bernardo ya estaba en la cárcel por el asesinato de la anciana, el segundo mató a una mujer de 35 años en el año 2000. El modus operandi de Luciano no distó mucho del de su hermano. Fue condenado 15 años por esperar a esta mujer en su casa para acabar con su vida, también en represalia por denunciarle por el robo de una cartera. Luciano despertó las sospechas, aunque fue descartado por los investigadores ya que el día 12 de diciembre, cuando desapareció Laura, estaba en la prisión de Ocaña (Toledo) por el asesinato cometido en el año 2000. Luciano obtuvo posteriormente un permiso, pero salió este lunes.

La familia Montoya procede de Badajoz y vive en el municipio onubense de Cortegana desde los noventa. Vecinos de esa localidad les acusaban de haber roto la paz del pueblo por el crimen de la anciana y por la muerte violenta de un joven en enero de 2005, un suceso en el que también estuvieron implicados otros miembros de su entorno.

Al poco de llegar al pueblo, Luelmo sospechó de su vecino, que pasaba los ratos sentado a la puerta de la destartalada casa familiar, y así se lo hizo saber a su novio, poco antes de que se le perdiera el rastro el miércoles pasado. Le dijo que se sentía incómoda por cómo la miraba.

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