Sin tiempo para pasar consulta

Las protestas de médicos de Andalucía y Cataluña ponen el foco sobre el problema de la atención primaria en la sanidad, golpeada por años de restricciones por la crisis

El ambulatorio Raval Sur, de Barcelona, el pasado miércoles.
El ambulatorio Raval Sur, de Barcelona, el pasado miércoles.Massimiliano Minocri

En este mes, medio mundo brindará por el deseo íntimo más necesario: ¡Salud! Los guardianes de este tesoro son los sanitarios de Atención Primaria (AP), la primera línea del Sistema Nacional de Salud en la batalla contra los virus, bacterias y ansiedades pero que lucha ahora, además, por revertir las secuelas de la crisis económica en el sector. Las competencias en Sanidad están transferidas a todos los Gobiernos autonómicos desde 2001, pero, aunque los médicos de Andalucía y Cataluña hayan protagonizado las protestas de estos días, el fondo de las quejas es el mismo en todas las comunidades: la falta de tiempo para atender a cada paciente.

Ante las protestas continuas de los médicos en los últimos años, el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social acordó, en la reunión del 16 noviembre con el Foro de Médicos de Atención Primaria, que iba a elaborar un documento que abordara la situación. Eso se tratará en un Consejo Interterritorial exclusivo para tratar la AP, como demandan los sindicatos del sector.

En 2015, la prestigiosa revista médica The Lancet la situó entre las 10 mejores del mundo. Un año después, cayó al puesto 19, donde continúa estancada hasta hoy.

Aún así, con un gasto por ciudadano de unos 1.500 euros anuales, la mitad que Alemania, Francia o Reino Unido, España cuenta con la esperanza de vida más alta del mundo, una sanidad pública puntera y unos médicos que son los profesionales más valorados por los ciudadanos en las encuestas del CIS de cada año. ¿Dónde está el truco? “En los médicos, que nos dejamos la piel, tenemos una profesión vocacional y sacrificamos todo por la salud del paciente”, despeja Vicente Matas, vocal de Atención Primaria en la Organización Médica Colegial.

“El daño de la crisis a la atención primaria ha sido enorme; es la base de todo el sistema sanitario y los médicos tenemos una presión asistencial tremenda; es un ritmo de trabajo estresante”, explica Concha Sánchez Pina, presidenta de la Sociedad Española de Pediatría de Atención Primaria (SEPAP).

Según datos del ministerio, el 38% de los médicos de familia tienen cupos de entre 1.500 y 2.000 pacientes, lo que supone casi 44 consultas diarias. “Podríamos reivindicar muchas cosas necesarias, pero hemos llegado a tal límite que lo único que pedimos es tiempo”, lamenta Cristina Sánchez Quílez, secretaria de atención primaria de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM).

“Al principio de la crisis asumimos los cupos de pacientes de otros compañeros de baja o de vacaciones a coste cero, para evitar que los recortes afectaran a los enfermos; pero la crisis ya ha pasado y eso se ha convertido en una obligación que nos impone la Administración”, se queja Sánchez Quílez. “Nosotros hemos colaborado en los tiempos difíciles, pero los Gobiernos se han aprovechado de eso. Y hasta aquí hemos llegado”, se planta.

La médico, como todos los facultativos de atención primaria consultados, confiesa que muchas veces renuncian a pedirse bajas necesarias para no sobrecargar a los compañeros: “En Madrid se han dado dos casos de médicos que han sufrido un infarto en plena consulta. Venden que España está mejor, pero a la sanidad no le hacen caso”, sentencia la secretaria de CESM.

Lo que le ocurrió la semana pasada a Víctor Pedrera, médico de familia en el Centro de Salud San Blas, en Alicante, ilustra esta queja. “Hoy he tratado a mis pacientes más los de mi compañero, que está de vacaciones. El índice de sustitución es cero. Muchos días acabo con 40 pacientes, empiezo con 25 citados y entre urgencias, imprevistos...”, se lamenta. “Al final vas a destajo, es muy estresante porque el nivel de responsabilidad es altísimo y, además, te sientes muy frustrado por no estar haciendo las cosas como se deben hacer. Yo siento que no doy lo que puedo dar en mi trabajo. Sientes como si estuvieras achicando agua de un océano con un cubo”, continúa.

Las consultas están saturadas. Los médicos, sobrepasados. Y eso, a pesar de la voluntariedad, ya se ha trasladado al paciente. El barómetro sanitario del CIS de 2014 reflejaba que el 57,6% de los usuarios no conseguía cita para el mismo día con su médico de cabecera. En el publicado este año ese porcentaje es ya del 62,5%. La temida demora ha entrado ya en la atención primaria.

Entre 2010 y 2014, la inversión en todo el Sistema Nacional de Salud se redujo en un 12,5%. Si esta cifra es preocupante, en atención primaria fue peor, llegando al 16,1%.

Según datos de la Organización Médica Colegial, el gasto por habitante sufrió recortes de casi un tercio en algunas comunidades, como Castilla-La Mancha o Andalucía. En todo el Estado, la parte del PIB destinado a Sanidad ha ido cayendo año tras año: en 2009 era del 6,5%; cinco años después era del 6% y los presupuestos para 2018 han recortado aún más hasta dejarlo en un 5,8% del PIB, una cifra lejana ya al 7% que los médicos consideran mínimo.

“El problema no es sólo de dinero, es de cómo se invierte”, explica Sánchez Quílez, “y vende más recortar las listas de espera en especialistas, crear grandes hospitales con máquinas carísimas, cosas muy mediáticas con rentabilidad política”.

Sánchez Pina critica que los responsables de la Sanidad “pecan de construir grandes hospitales con las máquinas más costosas; a los políticos les encanta inaugurarlos. Pero si la base del sistema, que es la atención primaria, no funciona, las urgencias los saturarán y las listas de espera serán interminables: ese magnífico edificio se caerá estrepitosamente por no asegurar bien sus cimientos”.

Baja reposición

Una de las medidas contra la crisis más nefastas para el sector fue la reducción de las tasas de reposición al 10%: de cada 10 médicos que se jubilaron, sólo se contrató a uno. Aunque hace un año el Gobierno restauró esa tasa al 100%, se han perdido 27.800 plazas de atención primaria, según datos del Ministerio de Política Territorial y Función Pública. Pero los enfermos son los mismos, y la población está cada vez más envejecida y por tanto más necesitada de un médico de cabecera.

Y también los médicos envejecen. El 60% en atención primaria tiene más de 50 años. Hay más médicos mayores de 60 años (17,7%) que menores de 40 (17,7%). En pediatría, esta situación es más grave: 210.000 niños se quedarán sin especialista cada año durante el próximo lustro. La presidenta de los pediatras afirma que sólo el 75% de las plazas están cubiertas por titulados. “El modelo de asistencia infantil español está en grave peligro de desaparecer por la falta de previsión y la mala gestión de la Administración”, alerta Sánchez Pina.

“No hay pediatras porque los recortes han creado unas condiciones laborales precarias en atención primaria. Se trabaja mejor en los hospitales y en la sanidad privada; la presión asistencial que viven en los centros de salud es insoportable”, explica, “muchos toman ansiolíticos para poder pasar consulta”. Y advierte: “Es terrible decirlo, pero o se toman ya medidas o llegará un momento en que sólo tendrán pediatra los niños con dinero”.

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