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China irrita a las ONG al autorizar el uso de productos de tigre y rinoceronte

La legalización para fines médicos y de investigación pone fin a un veto de 25 años

Rinocerontes blancos en el Hangzhou Safari Park, en la provincia china de Zhejiang.
Rinocerontes blancos en el Hangzhou Safari Park, en la provincia china de Zhejiang. Getty images

Después de haberlo prohibido durante 25 años, China permitirá el comercio con fines médicos o de investigación científica de productos de rinoceronte y de tigre. El inesperado anuncio, dado a conocer en un comunicado del Consejo de Estado -el Ejecutivo chino- esta semana, ha causado un fuerte malestar entre las organizaciones de defensa medioambiental. Estos grupos advierten que, aunque el levantamiento del veto es solo parcial, abre la vía para el tráfico ilegal de estos animales, en situación vulnerable cuando no en peligro de extinción.

Los productos, que incluyen el cuerno de rinoceronte y los huesos de tigre para su investigación y uso en fármacos de medicina tradicional china, solo podrán provenir de animales en cautividad en explotaciones ganaderas -no en zoos-, precisa el comunicado del Consejo de Estado. Los productos destinados a la medicina solo podrán obtenerse de ejemplares muertos de muerte natural, agrega el Ejecutivo. Solo los galenos de hospitales reconocidos por las entidades oficiales de medicina china podrán manejarlos, y para ello necesitarán un permiso especial.

El Consejo de Estado presenta el anuncio como una medida para proteger la vida salvaje y reforzar el control del tráfico de estos animales y sus derivados: “El país prohíbe todas las acciones que incluyan la venta, compra, uso, exportación e importación de rinocerontes, tigres y sus productos relacionados, incluido el cuerpo entero, partes de él u otros derivados”, precisa la decisión.

Excepto en las “circunstancias especiales previstas por la ley”, precisa el texto. Además de la investigación y la medicina tradicional china -este último, un sector que el año pasado creció un 20% e ingresó el equivalente a 130.000 millones de dólares-, también estará autorizado el uso de piel y órganos de estas especies en exposiciones públicas, y el comercio y transporte de los productos catalogados como reliquias culturales.

La medida sustituye a la prohibición, que China adoptó en 1993, de importar o exportar en absoluto estos productos. Además, la Federación Mundial de Sociedades de Medicina China, la organización que sienta los estándares de la farmacología tradicional en este país, también había retirado tanto el cuerno de rinoceronte como los huesos de tigre de su lista de productos aprobados para su uso en enfermos. Aunque la demanda nunca desapareció.

Según la tradición, el cuerno de rinoceronte, cuyo elemento básico es la keratina -presente también en uñas o pelo humanos-, triturado en polvo, sirve para curar todo tipo de males, desde el dolor de cabeza al cáncer. También se ha labrado una reputación como afrodisiaco. Y los huesos de tigre, siempre de acuerdo con la tradición, convertidos en una pasta, alivian dolores reumáticos o el dolor de espalda.

“Aunque se restrinja a antigüedades y a su uso en hospitales, este comercio (de productos de estos animales) va a aumentar la confusión entre los consumidores y los vigilantes de la ley acerca de qué productos son legales y cuáles no, y probablemente ampliará los mercados para otros productos de tigre y rinoceronte”, apunta el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en un comunicado.

Según Margaret Kinnaird, responsable de Biodiversidad del WWF, la legalización de parte del comercio “no solo corre el riesgo de que el comercio legal encubra un comercio ilegal, sino que esta política también estimulará una demanda que había estado en declive desde que entró en vigor la prohibición” de 1993.

La medida llega apenas un año después de que China prohibiera el tráfico de marfil, una iniciativa que le ganó numerosos elogios. El otrora principal consumidor de este producto daba así un paso de gigante, según las organizaciones defensoras de la naturaleza, para combatir la caza ilegal de elefantes en África y garantizar la estabilidad de las poblaciones de esos animales. Como resultado de aquella prohibición, el valor del marfil cayó drásticamente, en torno a dos tercios con respecto a su cotización en 2014, cuando alcanzaba los 2.100 dólares por kilo.

Este precedente tan reciente ha supuesto que el anuncio de esta semana haya causado aún mayor perplejidad, cuando no furia, entre las ONG medioambientales. En un tuit, Greenpeace ha calificado la decisión de “un gran paso en la dirección incorrecta”. En Londres, la Agencia de Investigación Medioambiental (EIA), una ONG especializada en trazar el tráfico ilegal de especies, ha advertido que levantar el veto puede equivaler a una “sentencia de muerte” para tigres y rinocerontes.

Aunque no está claro el motivo que puede haber impulsado al Gobierno chino a cambiar de postura, EIA apunta a una posible razón: las granjas de tigres se han multiplicado en la última década en este país, que experimenta también con la cría en cautividad de rinocerontes. El Gobierno chino, por tanto, necesitaba regular el comercio en ese sector.

“El alto número de tigres mantenidos o criados en cautividad en China sugiere que habrá una enorme explosión en el comercio (de este animal), y eso solo puede llevar a que aumente la caza de los tigres que viven en libertad” en Asia y África, opina Debbie Banks, responsable de la campaña de EIA en defensa de esta especie. Los estudios de esta organización apuntan a que el consumidor chino prefiere huesos de tigre criados en libertad a los de ejemplares de granja.

Esta organización calcula que menos de 4.000 ejemplares de tigre sobreviven en libertad en todo el mundo, mientras que las granjas de China y otros países acogen a cerca de 7.000 animales. En el caso de los rinocerontes, cuyo riesgo de extinción varía según la especie concreta, las ONG especializadas calculan que quedan cerca de 30.000 en todo el mundo.

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