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La UE baraja retrasar la abolición del cambio de hora hasta 2021

Los ministros de Transporte ven precipitado aplicar la medida el año próximo

Los relojes se atrasaron el pasado domingo una hora.
Los relojes se atrasaron el pasado domingo una hora. AFP/Getty

La velocidad no suele ser el punto fuerte de la Unión Europea a la hora de tomar decisiones. Al menos cuando no apremia un plazo fijo. El fin del cambio de hora parecía que iba a ser una excepción. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, hizo del asunto una apuesta para el final de su mandato. Lo mencionó en septiembre durante el discurso sobre el estado de la UE, el más importante del año. Y Bruselas se mostró abiertamente partidaria de que en marzo de 2019 se produjera el último cambio de hora obligatorio. El ambicioso calendario sorprendió a propios y extraños. Máxime cuando la comisaria de Transporte, Violeta Bulc, había mencionado semanas atrás 2021 como el horizonte más probable para su final. Y eso en un escenario favorable. La reunión de ministros de Transporte de este lunes en la ciudad austriaca de Graz ha sido un baño de realismo: la mayoría de países de la UE reclama más tiempo. Y se inclinan por posponerlo hasta 2021.

Los ritmos de un club de 28 Estados son a veces pausados. "Si optamos por hacerlo en 2019, como la Comisión sugiere, no obtendrá el apoyo de la mayoría de los Estados miembros", ha advertido Norbert Hofer, ministro austriaco de Transporte, cuyo país ostenta la presidencia rotatoria de la UE hasta final de año. "Necesitamos un debate público en profundidad sobre el tema. Hace falta más tiempo para debatir", ha solicitado su homólogo danés, Ole Birk Olesen.

Desde que lanzó la medida, Bruselas ha tratado de pisar el acelerador. Pidió a los socios europeos que le notificaran antes de abril si preferían el horario de verano o de invierno. Pero la mayoría todavía no ha tomado una decisión. Y aún quedan resquicios de oposición: Portugal, Grecia y Reino Unido rechazan dejar de mover las manecillas del reloj dos veces al año. Y Chipre, Holanda, Irlanda, Francia y Dinamarca no han aclarado todavía su postura. El acuerdo se aplazará al menos hasta la siguiente reunión de ministros, en diciembre.

Bruselas insiste en que terminar con el ritual es un deseo ampliamente extendido en todo el continente. Esa creencia la basa en el resultado de la consulta ciudadana que abrió este verano, en la que un 83% de los 4,6 millones de votantes dijo ser favorable a la abolición del cambio de hora. "Es el tema sobre el que más nos preguntan en el pleno del Parlamento Europeo", ha recordado la comisaria Bulc para justificar el interés comunitario por la cuestión.

La Comisión explica que su implantación respondió a la necesidad concreta de ahorro energético tras las guerras mundiales y la crisis del petróleo, pero que hoy ha dejado de tener sentido y sus presuntos beneficios son menores que los trastornos que genera. Una vez tomada esa decisión, son los países quienes tienen la competencia para fijar con qué horario definitivo se quedan. Pero Bruselas quiere que los movimientos sean coordinados para evitar el posible caos que supondría una revolución horaria en países vecinos tradicionalmente situados en la misma franja. Una cuestión que también preocupa a las aerolíneas, que deberán reprogramar los vuelos según los nuevos horarios y exigen más margen para hacerlo. "Nuestro objetivo es claro, hagamos lo que hagamos, hay que evitar la fragmentación de la UE y optar por una aproximación armonizada", ha insistido Bulc.

Esa preocupación ha sobrevolado algunas de las intervenciones de los ministros de Transporte en Graz. "Supongo que toda Europa central necesita el mismo horario. Sería francamente absurdo tener uno diferente en cada Estado", ha dicho el ministro checo Dan Tok. "Que Luxemburgo tuviera horarios diferentes de los de sus vecinos Alemania, Francia y Bélgica sería una catástrofe para nosotros", ha alertado el titular de Transportes del Gran Ducado, François Bausch. Su país es uno de los más expuestos al riesgo de un desbarajuste horario. Unos 200.000 trabajadores cruzan cada día la frontera para llegar a su lugar de trabajo en Luxemburgo. Y su día a día se complicaría si han de convivir con dos horarios.

En la UE existen tres husos horarios diferentes sin tener en cuenta las regiones ultraperiféricas. El de Europa occidental, del que forman parte Reino Unido, Portugal e Irlanda. El de Europa central, con países como España, Alemania o Italia. Y el oriental, con Grecia, Finlandia o Rumanía, entre otros.

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