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Los españoles suspenden al Estado en la lucha contra el hambre

La familia y amigos, los bancos de alimentos y las ONG, las herramientas más útiles para ayudar a las familias necesitadas en España, según una encuesta de Metroscopia para Intermón

Mapa del hambre de 2013.
Mapa del hambre de 2013.

Al menos 1,2 millones de españoles (un 2,6% de la población) sufre carencias alimentarias, no se puede permitir consumir carne, pollo o pescado al menos cada dos días, según datos de 2012 del Instituto Nacional de Estadística. Y un 46% de las familias asegura haber cambiado sus hábitos alimenticios debido a la situación económica adversa, advierte Intermón Oxfam en su informe Acabar con el hambre está al alcance de nuestra manos, presentado este miércoles.

Ante este panorama, los españoles no creen que el Estado o los Ayuntamientos estén actuando eficazmente para ayudar a las familias necesitadas. Les suspenden con un 3,2 y 3,9 respectivamente en la lucha contra el hambre y la desnutrición creciente. Así lo revela una encuesta de Metroscopia para Intermón. Pese a que compete a los poderes públicos promover y garantizar el bienestar de los ciudadanos, los españoles opinan que la familia, amigos, bancos de alimentos y ONGs, en ese orden, son los que están salvando la situación.

Para Violeta Assiego, coordinadora del estudio para la que se han realizado 600 encuestas, estos resultados significan que “las actuaciones políticas que deberían proteger a las familias no están siendo las más eficaces”. “Hay unanimidad en que quien está resolviendo el problema son las familias”, ha añadido. Así, los votantes del PSOE son los que le dan la peor nota al Estado (2,6 sobre 10), pero tampoco los votantes del partido en el Gobierno (PP) aprueban su gestión para paliar las crecientes carencias que sufren las familias. Le puntúan con un 4.

Los Ayuntamientos, gestores de gran parte de los servicios sociales, no salen mejor parados. Todos los grupos de edad y los votantes de los dos partidos mayoritarios desaprueban su gestión. Las personas mayores de 55 años son los que peor nota les ponen (3,6).

En este sentido, Lourdes Benavides, responsable de seguridad alimentaria de Intermón Oxfam, opina que el problema “no es que en nuestro país no haya alimentos suficientes, sino que parte de la población está teniendo dificultades para acceder a ellos”. Pese a la buena percepción que los ciudadanos tienen de la labor de bancos de alimentos y ONG ante esa dificultad, Benavides ha alertado de que estas organizaciones “están al límite de sus capacidades y solo alivian el problema de manera temporal, pero no pueden ser la solución”.

El hambre en el mundo

Los españoles tampoco creen que los Gobiernos sean eficaces en la lucha contra el hambre en el mundo. En su opinión, la reducción de personas malnutridas o mal alimentadas a nivel global es producto de la labor de las ONG, más que de la ayuda que los países en desarrollo reciben de los países ricos. Por eso, los ciudadanos creen mayoritariamente (76%) que “con voluntad, el problema podría ser resuelto”.

Desde Intermón Oxfam comparten esta opinión. En su informe advierte, sin embargo, de que los recortes en Ayuda al Desarrollo a nivel global pueden revertir los avances en la reducción del hambre. Según la FAO, recuerda el documento, el número de mujeres, hombres, niños y niñas que pasan hambre ha ido reduciéndose desde 1990 y ha pasado de 1.015 a 842 millones, una disminución del 17%. Pero “las medidas de austeridad y la falta de inversión son la principal amenaza de un sistema que lentamente había conseguido contener los datos de hambre en los últimos años”, subraya el documento publicado por la organización.

Pero esa caída de las ayudas económicas no es la única causa que impide avanzar en la lucha contra el hambre. El 98% de las personas que pasan hambre están en países en desarrollo; paradójicamente, las tres cuartas partes viven en áreas rurales y son pequeños agricultores. Ellos, unos 500 millones, son los que producen alimentos para un tercio de la población mundial y, sin embargo, la ayuda internacional destinada a la producción agrícola en estos países se desplomó del 20,4% al 3,7%, anota el informe. Estos datos demuestran que el hambre “está ligado a unos patrones de producción y consumo desiguales e insostenibles, a una distribución injusta de los recursos y a unas relaciones de poder distorsionadas”, denuncia Intermón en el documento.

Benavides, autora del mismo, ha destacado que “el hambre no es contagiosa, pero en los lugares más pobres se transmite de generación en generación. Se genera y perpetúa por decisiones políticas que propician un reparto injusto de los recursos para favorecer a una élite que persigue incrementar beneficios, en lugar de cultivar alimentos”.

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