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Sanidad rebaja la gravedad de las esperas: “Solo pueden mejorar”

Los expertos prevén que se tarde más de ocho años en volver al nivel de 2011

El Ministerio de Sanidad intentó ayer rebajar la gravedad de los datos de la lista de espera publicados por EL PAÍS, que ofrecen la realidad más gráfica de los efectos que están teniendo los recortes sobre la atención sanitaria a la población: el plazo para una operación pasó en seis meses —de junio a diciembre de 2012— de 76 a 100 días por los recortes. La reforma que necesitaba el sector “está culminada” y, por lo tanto, a partir de ahora “solo hay margen de mejora”, dijo una portavoz.

Sanidad argumenta que el aumento del número de personas que aguardan para ser operadas se debe a que hasta 2011 se contabilizan los datos de todas las comunidades (menos Madrid), y que, a partir de esa fecha, ya se tiene información de las 17. Por tanto, afirma Sanidad, no se puede uno fijar en que cuando mejor fueron los datos (diciembre de 2006) eran 362.762 personas las que aguardaban para ser intervenidas, y que seis años después su número sea de 571.395 (un 57,5% más). Pero esto, que es cierto en valores absolutos, no se puede aplicar a la espera media o al porcentaje de quienes están por encima del máximo fijado por el ministerio y las comunidades, de seis meses de demora. Salvo que se atribuya un efecto catastrófico a los datos de Madrid.

Sanidad rebaja la gravedad de las esperas: “Solo pueden mejorar”

Las listas de espera

Los números no solo son los peores desde que empezó el registro en 2004 a raíz de la muerte de varios pacientes en Cataluña mientras esperaban a ser operados del corazón. Si entre 2004 y 2010 el tiempo medio de espera, tras múltiples planes de choque autonómicos, se había bajado de 78 días a 65 (siempre en datos globales, porque Sanidad y las comunidades mantienen su pacto de silencio para evitar que se comparen los resultados de las distintas autonomías), en dos años esta demora ha subido hasta los 100 días registrados en diciembre de 2012, un 53,8% más.

El otro indicador de calidad, el de pacientes que llevan más de 180 días (seis meses) aguardando para ser intervenidos, ha tenido una evolución aún peor: en 2004 era el 9,1% del total; en 2010 bajó al 5,4%. En 2012 son ya el 16,5% (un aumento del 205% en dos años).

“Las patologías no han cambiado, así que la causa tiene que ser la política de recortes en personal”, dice Ferrán Martínez, exdirector de la Escuela Nacional de Salud. Martínez cree que, teniendo en cuenta cómo había sido la evolución anterior, salvo que haya un plan de choque —que él ve improbable en este momento— se tardará “mucho tiempo” en volver a los niveles de antes de la crisis. Tanto como 8 o 10 años en reducir el tiempo de espera medio para ser operado. O 12 en bajar el porcentaje de quienes esperan más de medio año en que los operen (y, aún así, sin llegar al objetivo de que no haya nadie en esa situación).

En la misma línea, el portavoz de Sanidad del PSOE en el Congreso, José Martínez Olmos, quien ya ha pedido la comparecencia de la ministra, Ana Mato, cree que las posibles soluciones, “muy improbables”, son que haya una decisión de contratar personal y volver a pagar jornadas extra, algo que las comunidades han dejado de hacer, o que “alguna comunidad tenga la tentación de concertar más intervenciones con la privada, aunque eso también cuesta dinero”. De hecho, en 2013 las comunidades redujeron un 15% el dinero que aportaban a los conciertos con la sanidad privada. Pero Martínez Olmos cree que los datos de las esperas servirán para que estas compañías los usen de reclamo para captar clientes, ya que los pacientes pueden elegirlas si la alternativa es una larga demora en la pública.

El PSOE también desmiente la otra explicación dada por la portavoz de Sanidad: que como los responsables de la gestión sanitaria son las comunidades, el ministerio poco menos que se limita a recoger y publicar los datos. “Eso es una excusa. El problema de la sanidad es de financiación, y eso depende del Gobierno del que forma parte la ministra”, dice Martínez Olmos.