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TRIBUNA

Tan inútil como soñar

En nuestro país el verbo dimitir parece pertenecer a una cuarta conjugación

La situación agónica del sistema nacional de I+D y, en particular, del mayor organismo público de investigación del país, habría provocado en los países de nuestro entorno una oleada de dimisiones, desde el ministro correspondiente por dejación de funciones, hasta los directores de centros de investigación como medida de presión. ¿Ciencia ficción? En absoluto. En el 2004, en el emblemático Hotel de Ville de París, invitados por el alcalde de la ciudad y auspiciados bajo el movimiento Sauvons la Recherche, los directores de centros del CNRS (el equivalente del CSIC en Francia) presentaron una carta de dimisión conjunta. Ante la presión, el Gobierno francés dio marcha atrás a los recortes. Sin embargo en nuestro país el verbo dimitir parece pertenecer a una cuarta conjugación. Es hora de aprender a conjugarlo si no queremos que de "investigar" quede solo el pretérito y la sección de Ciencia de este periódico pase a llamarse Pasado.

Lejos de dimitir, la Secretaria de Estado de Investigación asegura que el CSIC está "lejos de una situación catastrófica". Nos dice que "hay un plan, está todo organizado". Y todos nos preguntamos si existe dicho plan o si se trata de otro parche. El plan existe y se está gestando al margen de la comunidad científica. Se encuentra resumido en la primera diapositiva de una presentación oficial del Ministerio de Economía y Competitividad. El título de la presentación: "Plan de Actuación 2013 del Plan Estatal de I+D+i". Su primera transparencia es reveladora. Una frase: "Una sola estrategia y un único plan". Y un esquema: abajo a la izquierda se lee "IDEA", arriba a la derecha se lee "MERCADO", y una enorme flecha unidireccional azul con las letras "recorrido completo" va de una a otra. Ese es el plan maestro. Ese es el ideario al que responden los drásticos recortes en el sistema público de I+D.

El plan "idea-recorrido completo-mercado" es un error colosal en varios frentes. El concepto "recorrido completo" indica miopía y cortoplacismo. La investigación científica es una carrera de fondo y sus frutos se recogen a largo plazo. Lo que ahora sembremos será lo que recojan nuestros hijos, o los hijos de nuestros hijos. Sus tiempos no responden al ciclo político.

"Recorrido completo" también indica ignorancia. La historia ha demostrado una y mil veces que los descubrimientos científicos que dieron lugar a las nuevas tecnologías de las que ahora disfrutamos no tenían esas aplicaciones en mente. La física cuántica, que este año celebra su centenario, surgió del deseo de descifrar cuáles eran los componentes más básicos de la materia; la motivación era la curiosidad por entender. Sin embargo esta rama de la física ha permitido el desarrollo de tecnologías revolucionarias de las que ahora no podríamos prescindir. Ni las mentes más preclaras podrían diseñar a priori un "recorrido completo", mucho menos un grupo de asesores del Ministerio de Economía.

Erróneo es también el uso de la palabra "mercado". No todos los descubrimientos científicos útiles para la sociedad cotizan en el mercado de valores. La palabra "mercado" delata la verdadera intención: el beneficio de unos pocos a costa de la inversión de toda la sociedad. Pero al margen de la palabra mercado, nadie duda que es fundamental que la investigación científica afronte los retos a los que se enfrenta la sociedad, pero esta es sólo una rama baja con frutos, una rama que se alimenta de un intrincado árbol. Y si se corta el árbol, la rama se muere. Cosecharemos esta vez pero no la temporada que viene, porque los retos cambian y si el árbol muere perderemos la capacidad de afrontarlos.

Este nuevo planteamiento "idea-recorrido completo-mercado" está teniendo una repercusión inmediata. El 22 de julio los investigadores recibieron un mensaje desde la Secretaría de Estado de Investigación anunciando, una vez más, la inminente apertura de la convocatoria del Programa Estatal de I+D. A la preocupación del efecto que pueda tener que, de querer resolver la convocatoria antes de fin de año, los evaluadores cuenten con tan solo tres meses (comparado a los seis meses de las convocatorias anteriores) hay que añadir otra: la dotación para los llamados proyectos de investigación fundamental no orientada ha sufrido un inesperado de recorte, pasando de 325 millones de euros a 88.5 millones de euros.

A la insensatez del planteamiento "idea-recorrido completo-mercado" hay que añadir la insensatez de los tiempos. Pretender imponer un cambio tan radical de un año para otro va a provocar un daño irreparable en el potencial investigador de este país, un daño de consecuencias insospechadas.

La ciencia es como el sueño: vital para poder procesar toda la información que recibimos, para poder darle sentido a la realidad. También en sentido figurado, imprescindible para expandir nuestros horizontes y abrir nuevos caminos. No les dejemos que nos impidan soñar.

Amaya Moro-Martín es investigadora del CSIC (programa Ramón y Cajal) y promotora de la Plataforma por una Investigación digna.