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“No me gusta que Google y Facebook controlen tanto”

La experta en información pública considera esencial garantizar la transparencia de los Gobiernos

Clara M. Chu, experta en información pública.
Clara M. Chu, experta en información pública.

La gente tiene derecho a saber. Aunque sean cosas tan peregrinas como si se tiene constancia de que existen los extraterrestres. Incluso en casos tan exóticos como este, el Ejecutivo de Estados Unidos tiene la obligación de contestar a los ciudadanos cuando estos reclaman información al respecto. Así es como se entiende la transparencia informativa, tarea a la que dedica sus esfuerzos Clara M. Chu, profesora de la Universidad de Greensboro, de Carolina del Norte, a quien la embajada de EE UU en España presenta como “una autoridad” en el acceso a los datos públicos. Y lo es. Visita Madrid para impartir conferencias en pro de la transparencia informativa, una ley que Zapatero anunció pero que nunca aprobó.

Hija de padres chinos, Chu nació en Perú. La familia se trasladó a Canadá cuando aún era una niña y tuvo que reaprender español en México. Especializada en Biblioteconomía, esta mujer apacible y risueña, que picotea champiñones rellenos y jamón, incide en la trascendencia de documentar las cosas que pasan, de manera que la verdad no se tergiverse. Ejemplo: “La gente quiere saber quién dijo la última palabra cuando mataron a Bin Laden. Si no se documenta todo en su origen se podría contar la historia como a cada cual le parezca bien”.

Para realizar esta tarea, ayudan —y mucho— las tecnologías digitales. Chu pone otro ejemplo: “Se puede acceder a los correos electrónicos del presidente de EE UU cuando termina su mandato. Los datos van al archivo de la Nación, donde se revisan los correos y se suprimen determinados datos, como algunos nombres, para preservar la seguridad”.

Las tecnologías de la información y la comunicación facilitan el acceso a un torrente de datos. Hay mucha información en la Red, pero lo que hace falta es que se utilice para el cambio social, para mejorar la vida de la gente “y no solo para el cotilleo”, enfatiza Chu. “La gente debe saber cuál es su necesidad de información y evaluarla de manera crítica. No todos los ciudadanos saben manejar la tecnología y mirarla de manera crítica”. Y los que menos, asegura, los jóvenes. “Para ellos la intimidad no es importante. Les gusta exhibirse”.

Chu advierte sobre algunos riesgos de Internet y las redes sociales. Sostiene que aunque algunas compañías ofrezcan el correo o las llamadas gratis, en realidad están archivando todos los datos del usuario. “A mi hijo, de 16 años, le digo que despiste a Google. Que de un nombre falso. Yo siempre lo hago. No me gusta la idea de que Facebook y Google tengan tanto control. Y eso es algo que los jóvenes tienen que saber. Dentro de 40 años pueden salir sus fotos”. Chu conoce la contraseña de su hijo y sabe lo que escribe en el muro. “Lo que está en el ciberespacio no se ve como una amenaza. Hay que educar a los jóvenes para que reconozcan las oportunidades y los límites de estas herramientas”.

Su otra gran preocupación son las comunidades que no tienen acceso a Internet, un fenómeno que agiganta la brecha digital. Las bibliotecas cubren ese hueco, proporcionando el acceso a etnias minoritarias. “A nuestra comunidad llegan muchos refugiados y queremos saber la cultura que quieren preservar”, apunta. Como muestra de su fascinación por los archivos, emprende rumbo, cómo no, hacia la Biblioteca Nacional.