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Cómo el género moldea la salud: ellas viven más años, pero en peor estado

Los hombres experimentan un mayor grado de pérdida de salud y tienen una carga más alta de enfermedades que abocan a muerte prematura, pero las mujeres sufren más patologías que merman la calidad de vida

Una pareja paseaba por Sevilla el pasado mes de abril.
Una pareja paseaba por Sevilla el pasado mes de abril.PACO PUENTES
Jessica Mouzo

El sexo y el género dan forma a la salud: el hecho de ser hombre o mujer interacciona con otras variables, como la raza, la situación socioeconómica, la edad o la orientación sexual, y precipita un camino de salud diverso, con un riesgo mayor de unas u otras enfermedades y una esperanza de vida distinta. Una investigación estadounidense, publicada este miércoles en The Lancet Public Health, profundiza en estas diferencias y concluye que los hombres experimentan un mayor grado de pérdida de salud y tienen una carga más elevada de enfermedades que abocan a una muerte prematura, como las lesiones por accidentes en carretera o los problemas cardíacos. Las mujeres, en cambio, sufren mucho más patologías que conducen a una mala salud y merman la calidad de vida: el dolor lumbar, depresión y la ansiedad, por ejemplo, se ceban especialmente con ellas. Los autores de este artículo alertan de que estas divergencias en resultados en salud entre hombres y mujeres implican “necesidades de salud diversas” y enfatizan la “necesidad urgente” de políticas de salud basadas en la edad y en el sexo.

En el mundo, la esperanza de vida de las mujeres al nacer es de 74 años y la de los hombres, 69 —en concreto, en España es 86 y 80, respectivamente—. Tanto el sexo, que determina los factores biológicos asociados a los cromosomas sexuales y a la anatomía reproductiva, como el género, que apela a un constructo social que se relaciona con los roles y comportamientos socialmente atribuidos a hombres y mujeres y personas de género diverso, moldean la salud y la comunidad científica, más allá de las cifras gruesas de mortalidad, intenta explorar las diferencias en el impacto en salud. “La mayoría de las enfermedades que afectan desproporcionadamente a mujeres u hombres, como los trastornos depresivos, los trastornos de ansiedad y las lesiones en la carretera, comienzan a diferenciarse en la adolescencia. Las investigaciones existentes sugieren que este período coincide con una edad crucial en la que las normas y actitudes de género se intensifican y la pubertad remodela las autopercepciones”, reflexionan los autores.

Los investigadores recurrieron a los datos del Estudio Global de Carga de Enfermedad de 2021 (GBD, por sus siglas en inglés), que cuantifica la pérdida de salud por más de 300 enfermedades en unos 200 países de forma periódica. En este caso concreto, se centraron en una veintena de patologías, las 20 que generan más pérdida de salud en individuos mayores de 10 años de edad. Por ejemplo, infartos, ictus, cáncer de pulmón, cirrosis, dolor de espalda, depresión y ansiedad, tuberculosis, lesiones por accidentes en carretera, alzhéimer, diabetes o VIH, entre otras. Para calibrar el impacto en la salud de estas dolencias, los investigadores emplearon los años de vida ajustados por discapacidad (DALY, en inglés), un indicador que mide todo ese tiempo de vida sana y plena perdida debido a la enfermedad, la mala salud asociada a ella o la muerte prematura.

“Los hallazgos de nuestra investigación revelan diferencias sustanciales en la salud global entre mujeres y hombres, con poco progreso para reducir estas diferencias de salud entre 1990 y 2021″, sintetizan los autores en el estudio. Las tasas de años de vida sana perdidos debido a la enfermedad fueron más elevadas en los hombres en 13 de las 20 patologías analizadas: la covid, por ejemplo, o la cardiopatía isquémica, afectó mucho más a ellos que a ellas. Las siete dolencias con tasas de DALY más altas en mujeres que en hombres fueron el dolor lumbar, la depresión, las cefaleas, la ansiedad, los trastornos musculoesqueléticos, la demencia y el VIH. “Históricamente, la atención prestada a la salud de las mujeres se ha centrado en gran medida en cuestiones sexuales y reproductivas que, aunque cruciales, no abarcan todo el espectro de problemas de salud que afectan a las mujeres a lo largo de su vida (...). Las enfermedades no transmisibles que afectan con mayor frecuencia a las mujeres siguen sin tener prioridad en la financiación de la investigación, en la literatura científica y, más notablemente, en la planificación de los sistemas de salud”, exponen los autores. Los científicos admiten que el estudio tiene limitaciones, como que las estimaciones y los datos empleados se adhieren a un marco binario (femenino o masculino) y no se puede analizar ni estimar el impacto en salud para grupos con diversidad de género o sexo diverso.

Luisa Sorio Flor, autora del estudio e investigadora del Instituto de Evaluación y Métricas de Salud de la Universidad de Washington (EE UU), enfatiza que “las mujeres y los hombres experimentan la salud y la enfermedad de manera diferente a lo largo de la vida”. “Nuestros hallazgos indican que, en general, los hombres experimentan un mayor grado de pérdida de salud. Observamos que las mujeres sufren de manera desproporcionada afecciones que conducen principalmente a morbilidad que, si bien no son necesariamente fatales, disminuyen significativamente la calidad de vida. Por el contrario, los hombres muestran una mayor carga de enfermedades que con mayor frecuencia resultan en mortalidad prematura. Por lo tanto, nuestro estudio destaca que centrarse únicamente en la mortalidad o la morbilidad no lograría contar la historia completa de las brechas de salud entre mujeres y hombres”, reflexiona la investigadora.

El estudio, que analizó datos de 1990 a 2021, no ha encontrado grandes avances para acortar esta brecha en salud entre hombres y mujeres. Sí ha habido una disminución global de años de vida sana perdidos por mala salud o muerte prematura en algunas dolencias, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la cardiopatía isquémica, los ictus o la tuberculosis, que suelen afectar más a los hombres. Sin embargo, la brecha de salud entre ellos y ellas, dice Sorio Flor, “han persistido y, en algunos casos, se han ampliado en determinadas enfermedades”. “La brecha ha aumentado progresivamente en el caso de la diabetes, afectando negativamente más a los hombres con el tiempo, y en los trastornos depresivos, la ansiedad y otros trastornos musculoesqueléticos, que han desfavorecido cada vez más a las mujeres”.

La influencia de los roles de género

Los autores no entran a analizar los factores que influyen en estas disparidades, pero Sorio Flor asegura que sus hallazgos se alinean con la literatura científica que refleja cómo el sexo y el género impactan en la salud. La evidencia sugiere, por ejemplo, que las diferencias en la prevalencia de trastornos mentales o dolor de espalda, se debe a una combinación de factores biológicos y de género: “Desde una perspectiva biológica, diferentes respuestas fisiológicas al dolor en comparación con los hombres y factores hormonales se han relacionado con variaciones en los trastornos musculoesqueléticos y del estado de ánimo entre las mujeres. Por el lado del género, los factores sociales y culturales desempeñan un papel importante: la carga desproporcionada de las tareas domésticas, las responsabilidades de cuidado y las expectativas sociales impuestas a las mujeres pueden contribuir tanto a la tensión física, que provoca afecciones como dolor de espalda, como al estrés psicológico, que exacerba los problemas de salud mental”. La investigadora apunta también al sesgo o los prejuicios de género que puede haber en los entornos sanitarios: “Los estudios han demostrado que las mujeres tienen más probabilidades de ser diagnosticadas con trastornos de salud mental, en parte debido a los estereotipos que ven a las mujeres como más expresivas emocionalmente o vulnerables. Esto puede llevar a un sesgo de género en las prácticas de diagnóstico, donde síntomas similares podrían interpretarse de manera diferente según el género del paciente”.

Por otra parte, los roles de género y los comportamientos vinculados a estos pueden influir en los resultados de salud, conviene Sorio Flor. “Específicamente, las lesiones en accidentes de tránsito sirven como un ejemplo pertinente que ilustra cómo las expectativas sociales y las normas de género pueden impulsar las disparidades en salud. Los hombres suelen participar más en comportamientos percibidos como arriesgados o alineados con las nociones tradicionales de masculinidad, como fumar, beber en exceso y conducir agresivamente. Estas actividades no sólo se ven reforzadas culturalmente en muchos contextos, sino que también están vinculadas a tasas más altas de accidentes y enfermedades crónicas. La brecha en la carga de las lesiones por accidentes de tránsito, que surge a una edad temprana entre los géneros, pone de relieve el papel de los comportamientos de riesgo”, explica la investigadora.

El estudio destaca que esas diferencias “persistentes” que se encuentran en la salud según el sexo y el género comienzan “a una edad temprana”, en la adolescencia. Los autores consideran que esta época es “una etapa de la vida marcada por cambios puberales y una socialización de género intensificada, cuando la identidad, los roles y las normas de género divergen marcadamente y ganan prominencia, lo que subraya la necesidad de respuestas tempranas y específicas”. En un comentario adjunto a la publicación del artículo, las investigadoras Sarah J. Hawkes, Angela Y. Chang, del Instituto de Salud Global del University College London, lamentan que los datos desglosados por sexo se suelen pasar “por alto o simplemente se ignoran en los procesos de toma de decisiones” “No hemos visto el mismo nivel de atención prestada a la cuestión de integrar la sensibilidad de género en las respuestas destinadas a reducir los DALY o alargar la esperanza de vida. Sin embargo, es el género –es decir, la distribución desigual del poder y los privilegios en los sistemas y estructuras que determinan la salud y el bienestar– lo que determina una gran parte de las diferencias observadas en la salud y la esperanza de vida entre las personas”, alertan.

Jordi Alonso, investigador del Hospital del Mar Research Institute y subdirector científico del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública, señala que esta investigación ahonda en lo que ya conocían. “Las mujeres viven más, pero la esperanza de vida libre de enfermedad es un poco más baja. Ya se sabe, pero ayuda a ver el tipo de enfermedades y cuantifica las relaciones entre patologías”, señala el científico, que no ha participado en este estudio. Alonso coincide con los autores en que estos hallazgos muestran la necesidad de “dar salida a estos problemas y afrontarlos”. “Nos identifica y cuantifica mejor la situación y deja claro que hay que profundizar en el conocimiento de posibles causas e intervenciones. Además, pone el foco en los problemas de salud más discapacitantes y que están inadecuadamente atendidos”, valora.

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Sobre la firma

Jessica Mouzo
Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.
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