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León, estallido social en la tierra roja

El empobrecimiento por el fin del carbón reaviva las demandas de autogobierno en una región a la que se negó ser comunidad autónoma

Enrique Reguero (izquierda) y Xosepe Vega, líderes de UGT y CC OO en León, respectivamente, y organizadores de la protesta.
Enrique Reguero (izquierda) y Xosepe Vega, líderes de UGT y CC OO en León, respectivamente, y organizadores de la protesta.

Mientras los focos dirigían todas las miradas hacia Cataluña, a España le ha estallado un conflicto territorial en su corazón histórico. Casi la mitad de los 125.000 habitantes de la ciudad de León salieron a la calle hace una semana exigiendo inversiones y más autogobierno para frenar su decadencia económica y demográfica. Hubo marchas también en Ponferrada y Villablino. Es la eclosión de un malestar que hunde sus raíces en la Transición, cuando se le negó a la región integrada por León, Zamora y Salamanca la posibilidad de ser una comunidad autónoma independiente de Castilla. El empobrecimiento que ha traído el cierre de las minas de carbón ha despertado aquel sentimiento de agravio. “Fuimos un reino y ya no somos ni vasallos”, resume Guiomar, una vecina de 59 años, mientras camina por el Barrio Húmedo.

En los últimos 40 años León se ha precipitado cuesta abajo. Pierde población a un ritmo acelerado y los jóvenes emigran en cuanto alcanzan la edad de trabajar. “Al inicio de la democracia estábamos entre las 10 provincias más ricas de España y ahora debemos de estar entre las 10 más pobres”, lamenta el alcalde, el socialista José Antonio Díez Díaz, que ha reabierto la espita de las reivindicaciones autonomistas para disgusto de los dirigentes de su partido. “Llevo diciendo lo mismo desde que estaba en la oposición y no debería molestar en un partido federalista como el mío”.

La comunidad autónoma de Castilla y León nació en 1983 de un cóctel calculado de geografía y mucha política. Se unieron las tres provincias que componían la Región de León (León, Zamora y Salamanca) y solo seis de las ocho que pertenecían a Castilla la Vieja (Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia), ya que a las otras dos, Santander y Logroño, se les permitió constituirse en autonomías independientes. “El objetivo fue crear un gran nicho de voto conservador que sirviera de contrapeso a las comunidades históricas [Galicia, Euskadi y Cataluña]”, explica Díez sobre un diseño pergeñado entre la UCD y el PSOE y que desechó la idea de unir en una comunidad los territorios mineros de León y Asturias por el efecto multiplicador que podría tener en la fuerza de la lucha obrera. “Castilla y León es totalmente artificial, un engendro. Y el resultado es que todo el poder se ha centralizado en una de sus dos regiones, en Castilla, y Valladolid ha sido el beneficiado”.

León, cuna del parlamentarismo europeo, presume de historia e identidad en todos sus rincones. Hasta la tierra rojiza que pisan sus habitantes marca la diferencia. Se saben distintos y se sienten ninguneados. Y aunque la manifestación del domingo fue convocada para reclamar planes de reindustrialización, se volvió a corear con fuerza la mítica consigna que en los ochenta aglutinó el descontento con el mapa autonómico: “León sin Castilla, una maravilla”. “Lo peculiar de este estallido ha sido que ha movilizado a la mayoría social leonesa, a la que le gustaría tener más reconocimiento y autogobierno. Los ataques que hemos recibido desde Valladolid o Madrid son los que los están empujando al autonomismo”, opina Xosepe Vega, líder provincial de CC OO, convocante de la protesta junto a UGT. “Paletos” los ha llamado la presidenta de la Comunidad de Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, por defender su identidad.

Manifestación en León el pasado 16 de febrero.
Manifestación en León el pasado 16 de febrero. EFE

Tanto CC OO como UGT sostienen que la Junta de Castilla y León, controlada desde 1987 por el PP, ha beneficiado en inversiones al eje Valladolid-Palencia-Burgos y ha favorecido el traslado de empresas a ese territorio a base de incentivos y “presiones”. Enumeran promesas sin cumplir desde que José María Aznar presidió la Junta hace tres décadas. Aseguran que “se han dejado morir” factorías y que el plan de revitalización de la provincia que impulsó el presidente leonés José Luis Rodríguez Zapatero fue torpedeado por el Gobierno autonómico.

Desde la Junta de Castilla y León, el consejero de Economía, Carlos Fernández Carriedo (PP), dice respetar “ese sentimiento” de agravio de los leoneses, pero centra el origen de sus problemas en la crisis energética y agraria y niega discriminación a la provincia: “En León el volumen de inversiones ha sido ciertamente muy llamativo y demuestra el compromiso de la comunidad. Ha estado por encima incluso de su nivel de representación por población”.

El malestar social se ha extendido en los últimos años. Los sindicatos organizadores contactaron con más de 60 entidades para la histórica manifestación del pasado domingo, que fue apoyada incluso por el PP, cuyo grupo municipal ha declinado ofrecer su versión a este periódico. A la periodista Ana Gaitero, que lleva más de 30 años dedicada a la información local en el Diario de León, le sorprendió su magnitud. “La manifestación no era por la autonomía, pero el sentimiento de agravio sí ha tirado. León le pide al Estado que haga algo por una provincia que ha dado mucho a España en recursos naturales y energía”, esgrime.

Fueron alrededor de 20.000 los empleos que se esfumaron con el adiós a las minas de carbón. A la última protesta se sumaron afectados por la crisis del campo y quienes irán al paro con el cierre de sus centrales térmicas. “La luchas mineras por derechos sociales y laborales repercutían en todo León, pero yo creo que la gente no ha sido del todo consciente hasta que ese colchón ha desaparecido”, apunta Gaitero.

La decana del Colegio de Economistas de León, Nuria González Rabanal, cree que la provincia ha vivido pensando que el fin del carbón nunca llegaría. “La sociedad leonesa y los sindicatos creían que León era lo suficientemente importante para recibir ayudas indefinidamente. Yo ya advertí hace años que eso no era posible”, señala. “Hemos tenido 30 años y se han hecho cosas, pero nadie quiere reconocer públicamente que no existe una actividad económica que genere tanto empleo directo e indirecto de baja cualificación como la minera”.

El Tribunal de Cuentas concluye en un reciente informe que los 1.786 millones de euros que se destinaron en España entre 2006 y 2017 a las zonas afectadas por la descarbonización se gestionaron de forma “ineficiente”, “irregular” y “discrecional”. “Se hicieron aceras, depuradoras, carreteras, bares y casas rurales, incluso en zonas sin minería. No se creó ninguna alternativa de empleo. Ese dinero lo manejaron las Administraciones, así que el dinero que llegue a partir de ahora no debe estar en sus manos”, critican los sindicatos. La economista Nuria González corresponsabiliza del fiasco a las centrales sindicales y a la patronal porque, asegura, participaron en su gestión.

León fue una potencia minera pero también editorial. Antes del cierre de la histórica Everest, lideraba el sector junto a Madrid y Barcelona. Héctor Escobar, exmiembro de la banda mod de los ochenta Los Flechazos, mantiene encendida la llama de los libros en una ciudad a la que regresó en busca de una mejor vida tras residir años en Madrid, una de esas urbes que ha crecido tanto a base de vaciar otras provincias que “se ha llenado de fantasmas”: “Yo quiero futuro para esta región aunque sea integrada en Castilla y León. Pero tiene que ser con políticas solidarias y transversales”. El editor y activista cultural es crítico con las instituciones leonesas por haber sucumbido a las presiones externas y no haber defendido como es debido a la provincia: “Ha habido gente que ha reclamado cosas para León pero si les llamaban la atención callaban”.

León es una víctima más del desequilibrio territorial de España. Enrique Reguero, líder provincial de UGT, lo tiene claro: “Después de nosotros vendrán otros. Hay un problema de concepción del Estado, con una visión suicida del territorio. ¿Cómo puede ser que se estén abandonando las zonas con riqueza natural?”.

“Queremos dialogar con el Gobierno para arreglarlo”

S. V.

La escisión de León para constituir una autonomía propia junto a Zamora y Salamanca tiene encaje constitucional pero precisaría de un nivel de apoyo en estas otras provincias que ahora mismo es poco probable. “Lo que queremos es diálogo con el Gobierno central. El problema no se arregla con unas migajas en la próximo presupuestos autonómicos, es estructural”, explica el alcalde de León, José Antonio Diez, que mantiene una disputa por este asunto con su homólogo de Valladolid y compañero del PSOE, Óscar Puente, a quien acusa de promover un “modelo centralista contrario a los principios socialistas”.

El próximo 3 de marzo se reunirá la Mesa por León, un órgano integrado por los sindicatos, la Junta de Castilla y León y el Gobierno central para buscar una salida. Las centrales quieren crear una agencia reindustrializadora de inspiración escocesa en la que no puedan participar políticos ni cargos públicos para no caer en el “clientelismo y partidismo” que enterraron las inversiones del pasado, aducen. “Si no hay soluciones rápidas, esto no va a acabar aquí. No nos vamos a dormir otros 20 años”, avisa Enrique Reguero, de UGT. “Hemos perdido el miedo”, advierte Xosepe Vega, de Comisiones.

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