Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Ni el chavismo ni la oposición se fían de Pedro Sánchez

La política venezolana del Gobierno español incomoda tanto al Ejecutivo de Maduro como a sus opositores

Nicolás Maduro se dirige a sus seguidores desde el balcón del palacio de Miraflores.
Nicolás Maduro se dirige a sus seguidores desde el balcón del palacio de Miraflores. Getty Images

El chavismo dista mucho de confiar en la figura de Pedro Sánchez. Recuerdan, por ejemplo, que fue el presidente español quien impulsó en la Unión Europea el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela hace un año y el ultimátum a Maduro para que convocara elecciones “transparentes” en ocho días. Pese a que Sánchez no recibió a Guaidó en Madrid, fuentes próximas al Gobierno venezolano se remiten al comunicado del Ministerio de Exteriores para argumentar que la posición oficial del Ejecutivo español no ha cambiado.

A pesar de eso, las mismas fuentes deslizan la idea de que, con un Gobierno de coalición, las decisiones de Sánchez están condicionadas por sus socios y ahí se abre una ventana para aspirar a un cambio en la política. Fuentes del Ejecutivo venezolano dan prácticamente por hecho que sin Unidas Podemos en el Gabinete, Sánchez habría recibido a Guaidó. Tanto Pablo Iglesias como Alberto Garzón han mantenido una actitud crítica hacia el líder opositor venezolano y de apoyo —más explícito en el caso del coordinador de IU— al chavismo en numerosas ocasiones.

La relación del chavismo con España ha sido tradicionalmente compleja. En el último año, se tensó aún más, primero con el reconocimiento de Guaidó y más tarde cuando Leopoldo López fue liberado de su arresto domiciliario y, tras frustrarse una ofensiva con el apoyo de un grupo de militares, se resguardó en la Embajada de España en Caracas. López, la figura más emblemática de la oposición, el estratega detrás de Guaidó, es también el político más detestado por el chavismo. Su presencia en la Embajada obligó a reforzar la seguridad y seis furgonetas del servicio secreto permanecen día y noche apostadas en las afueras de la residencia del embajador, Jesús Silva.

Sin embargo, en el último año los contactos entre ambos Gobiernos han sido frecuentes, tanto formales como informales. Desde los que mantiene en su condición de diplomático Silva —que fue expulsado en enero de 2018 y declarado non grato, para después regresar y afianzarse como el diplomático extranjero más activo en Venezuela—, hasta el exministro Josep Borrell, que se reunió al menos en un par de ocasiones con el canciller venezolano Jorge Arreaza, en Madrid en junio y en Nueva York, en septiembre, en el marco de la Asamblea General de la ONU. Arreaza, que participó en la cumbre del clima de Madrid, también mantuvo un encuentro entonces con Juan Pablo de Laiglesia, secretario de Estado para Iberoamérica. Que Borrell, que fue crítico con la decisión de reconocer a Guaidó como presidente interino y duda de la eficacia de las sanciones para asfixiar al régimen, sea jefe de la diplomacia europea es visto por el chavismo como un atisbo de esperanza, al menos para que no se produzcan nuevas sanciones de la UE.

Con la oposición, la relación del Gobierno de Sánchez tampoco es nada halagüeña. Guaidó y sus afines han optado por no criticar la decisión del presidente español de no recibirlo, pero en cualquier conversación con un político opositor se percibe desde hace un año el recelo que les genera el Ejecutivo español, al que acusan de tibio y de querer navegar entre dos aguas.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información