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El informe de Interior para relevar a Rajoy

Fernández Díaz asegura que en 2016 le entregaron un dosier de “candidatos técnicos” para sustituir al líder del PP

Mariano Rajoy y Jorge Fernández, en el Congreso en 2015.
Mariano Rajoy y Jorge Fernández, en el Congreso en 2015.

“Algunos querían nombrar presidente desde su casa”, señaló Mariano Rajoy este jueves en la presentación en Madrid de las memorias de su exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Y luego recomendó la lectura de un pasaje de ese libro, Cada día tiene su afán, en concreto del capítulo Un Dosier, ¿el origen de todo? En esas páginas, su amigo y exministro relata un intento surrealista de reeditar en España la llamada Operación Monti, que se fraguó en Italia con la figura del economista Mario Monti para nombrar un presidente técnico que sacara al país del atolladero político en el que vivía, con un Ejecutivo atascado y en funciones. El episodio sigue escondiendo apartados confusos.

Fernández Díaz amaga en sus memorias con revelar algunos datos de ese episodio, pero no todos. En privado lo completa algo mejor. El enredo se remonta a junio de 2016, en vísperas de las elecciones del día 26 con las que se pretendía salir al fin del atasco provocado por los resultados de los comicios convocados en diciembre de 2015. Un alto cargo del Ministerio del Interior acudió al despacho del ministro, que en esas fechas atravesaba por graves problemas de salud, y le entregó un informe que Fernández no había solicitado siquiera.

El trabajo era una completa y ordenada recopilación de una veintena de artículos publicados “en fuentes abiertas”, de prensa tradicional y de Internet, con unas conclusiones que se definen como “preocupantes”. El documento ponía sobre la mesa una serie de nombres “como posibles candidatos que, por su perfil y su personalidad, podrían encajar en el papel de presidente del Gobierno independiente” y “presentarse al debate de investidura en el Congreso con la confianza de los dos grandes partidos”, se presupone que el PP y el PSOE.

En esos artículos de la versión española de la Operación Monti se citaba a personalidades como José Manuel González-Páramo (entonces miembro del Banco Central Europeo), el exministro popular Luis de Guindos (ahora vicepresidente de esa entidad), el exministro socialista Jordi Sevilla (presidente de Red Eléctrica de España) y el ahora eurodiputado de Ciudadanos Luis Garicano, todos ellos bien conectados con Bruselas y con el Ibex. Había más quinielas, que especulaban en aquellos meses con veteranas figuras políticas como José Manuel García Margallo, Ana Pastor, Eduardo Serra, José Manuel Soria o Félix Sanz.

El expediente parecía demostrar, según el exministro, “que realmente había algunas personas concretas que participan en aquella operación concertada y que, sin su consentimiento y acuerdo o con ellos, figuraban en no pocas publicaciones como unos posibles mirlos blancos” capaces de dar salida al país.

El exministro remacha mucho que él no pidió ese trabajo, que se le apareció por sorpresa con un exalto cargo de Interior de la época de Alfredo Pérez Rubalcaba como titular de ese departamento y que se trataba de una persona de la máxima solvencia para él y para Rajoy. Fernández entendió entonces, por su amistad y lealtad con el presidente, por los malos momentos políticos que este atravesaba y por la credibilidad del portador, que debía entregar el dosier cuanto antes a su jefe. Llamó a Rajoy y se plantó en su residencia de La Moncloa. Recuerda que lo leyó detenidamente y soltó: “Esto es una locura”. Rajoy pareció no darle más crédito pero más tarde acabó fatal con algunos de esos personajes.

El exministro volvió a su despacho y dice que se ocupó de que ese trabajo no se filtrase, que era uno de sus grandes temores entonces en plena fase de fugas de información sobre la policía patriótica o sobre su entrevista con el responsable de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso. Fernández Díaz, defensor de la providencia, no cree en las casualidades y establece una relación entre aquella carpeta y la publicación unos días después en el diario Público de las grabaciones de aquella charla. Piensa que fue una “teledirigida campaña vengativa” y revela ahora que la propia policía le recomendó que esa conversación fuese grabada.

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