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Lo que pasa en agosto se queda en Las Vegas

El ansioso debut de Cayetana Álvarez de Toledo y sensaciones encontradas en el Congreso

Cayetana Alvárez de Toledo y Pablo Casado, este jueves en el Congreso durante el pleno extraordinario. En vídeo, la portavoz del Partido Popular. EL PAÍS

Hay pocos placeres mejores en la vida a las tres y media de una tarde de agosto, 34 grados, que ir a la Carrera de San Jerónimo de Madrid a ver qué tal le ha ido el mes a Albert Rivera. Pocos, por no decir ninguno. Entró por el pasillo del Congreso el último, como un rayo, con color pero sin pasarse (el bronceado está mal visto, son las nuevas normas, o eran las nuevas normas: las últimas dicen que lo que está mal directamente es irte de vacaciones) y con sonrisa a la altura de las expectativas. Hizo, eso sí, alarde de poderío: entró con la chaqueta abrochada. Abrocharse la chaqueta (caminar con la chaqueta abrochada, más bien: caminar con prisa) a finales de agosto es abusar.

Se dijo durante las semanas anteriores que había estado “desaparecido”, como si las vacaciones, las suyas y las nuestras, no consistiesen en que desaparezcan él y los demás. Como ocurre en Ciudadanos cuando Rivera no mete la pata, sus defensores la metieron por él: “Lo que pasa en este mes no existe o se desinfla en septiembre”. Hombre, en septiembre aspiramos a desinflarnos todos, pero tan gran nación no es España si puede desaparecer en agosto como si agosto fuese Las Vegas y lo que pase ahí, ahí se queda.

Debutó Cayetana Álvarez de Toledo. Con tantas ganas que lo dijo: que tenía unas ganas tremendas de subirse allí. Lo dijo mirando a Carmen Calvo, que le puso la cara de are you talking to me? (de Taxi Driver). Eso de haber tenido Calvo un taxi, o Uber si fuese liberal, porque a saber a estas alturas ya lo que es Calvo y en qué se monta. A Álvarez de Toledo le pasa como al Real Madrid, que lo peor de ella son muchos cayetaners, como lo peor del Madrid son muchos madridistas. Eso y su famosa inteligencia: no es malo tenerla, de hecho, es recomendable, pero sí puede ser malo ser tan consciente de ella, porque una se relaja y puede dejar de serlo. Al llegar a la tribuna dio un sorbo de agua, abrió unos folios, le pegó un manotazo a uno para que se estuviese quieto y empezó a arrearle al Gobierno hasta equipararlo con el “salvinismo”, que en un primer momento hubo quien —este país está para verlo— creyó que se refería a la política de salvamento marítimo.

El momento de mayor emoción de toda la tarde, algo que puso la piel de gallina a todo el mundo, ocurrió cuando la vicepresidenta Calvo dijo “voy concluyendo”. Regresaron entonces, como en un sueño, los últimos restos del verano, disipados fulminantemente cuando se recordó, como amonestación moral, lo que se estaba haciendo allí: debatir sobre gente cuyo verano consistió en saber si seguirían viviendo o no. El discurso de Calvo se remontó al origen de la historia de la humanidad para darle contexto al fenómeno de la migración, de cómo el mundo y las culturas han ido mejorando gracias a los cambios, a la valentía de seres humanos que se arriesgaron y rompieron moldes que se creían imposibles, dijo mientras Casado parecía señalarse la barba, asintiendo.

Por lo demás, sensaciones encontradas y muchísimas dudas en el Congreso: unos creen que las elecciones las ganará la derecha y otros, que no (decir que las gana la izquierda, visto el percal, es mucho decir). Así es como, saludos y abrazos mediante de grandes rivales políticos en la cancha, el Gobierno ha terminado, oficialmente, su primer verano en funciones topándose con dos nuevos arietes de la oposición, Arrimadas y Álvarez de Toledo, que le recuerdan que está en funciones, y el discurso de Noelia Vera, que le recuerda que puede dejar de estarlo, no se sabe si como Gobierno o como oposición.

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