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Podemos se refugia en las redes y amplía el ataque al PSOE por las políticas sociales

El partido de Iglesias ataca al Gobierno en funciones en materias en las que tienen coincidencias

Iglesias y Echenique, en un ascensor del Congreso.
Iglesias y Echenique, en un ascensor del Congreso.

Podemos ha incorporado las políticas sociales a su abanico de armas contra el PSOE tras la investidura fallida del 25 de julio. Los dirigentes de la formación lanzan mensajes contra decisiones del Gobierno en temas clave como el feminismo, los derechos laborales o el medio ambiente, en los que en la legislatura pasada coincidían hasta el punto de acordar unos Presupuestos, rechazados por el Congreso. El partido practica una estrategia de calculado silencio en los medios y se refugia en el entorno que mejor domina, las redes sociales.

Con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, fuera de la actividad pública por el cuidado de su hija, nacida el 2 de agosto, le ha correspondido a Pablo Echenique —encargado de las fracasadas negociaciones con el PSOE para la investidura de Pedro Sánchez— encabezar la ofensiva contra los socialistas. El acuerdo de ambas formaciones sigue siendo, hoy por hoy, la única vía para formar Gobierno en España y evitar la repetición electoral.

El PSOE y Podemos nunca han ocultado sus diferencias sobre temas como la reforma laboral -el partido de Iglesias aboga por la derogación de la ley aprobada por el PP, mientras que los socialistas apuestan por cambios puntuales-, la manera de financiar el sistema de pensiones o la subida progresiva del salario mínimo interprofesional. Pero en mitad de la temporada estival, cuando el interés informativo decae, parece que las discrepancias se han acentuado a tenor de los mensajes de Podemos.

La crisis del Open Arms es el ejemplo más reciente de la campaña que sigue en redes el partido de Iglesias. La decisión del Gobierno en funciones de remitirse a la política migratoria europea, es decir, que sea la Comisión quien medie para garantizar un puerto seguro a la ONG y el posterior reparto de los migrantes, ha suscitado todo tipo de críticas entre los dirigentes de Podemos, todos favorables a que España recibiera el buque como hizo hace un año con el Aquarius en Valencia. “No entiendo ningún argumento del que se concluya que puede morir gente en el mar. Primero se les cuida y se les atiende y después nos podemos dedicar a argumentar”, escribía Echenique en su cuenta de Twitter.

El secretario de Acción de Gobierno, en este caso, no hizo referencia directa al PSOE ni al Ejecutivo. Sí lo hicieron algunos de sus compañeros que contribuyeron a la campaña para recuperar y viralizar un mensaje de Sánchez de abril de 2018. El entonces diputado socialista reclamaba a Mariano Rajoy, presidente en ese momento, que atendiera al Open Arms. Lo hacía con una foto de una reunión entre Óscar Camps, responsable de la ONG de salvamento de migrantes en el Mediterráneo, Meritxell Batet, actual presidenta del Congreso, y Miguel Urbán, eurodiputado de Podemos.

El propio Urbán, de la corriente anticapitalista de Podemos y crítico con un posible acuerdo de coalición, ha sido uno de los más beligerantes en redes con la política migratoria socialista. En una sucesión de tuits ­-conocida como hilo en la red social- le pide al Gobierno que “no sea cómplice de la política de la muerte de la extrema derecha Matteo Salvini”. Una explicación que ha recibido el apoyo de muchos de sus compañeros de partido.

“En este, como en otros casos, importa más el tono que el contenido”, explica la politóloga Cristina Monge. “Cuando se habla de pactar las discrepancias, que es muy importante, ¿Podemos va a tener una actitud de crítica constructiva o va a generar una polémica en redes subida de tono como estamos viendo?”, plantea.

Noelia Vera, portavoz de la dirección, ha sido crítica con la política de vivienda del PSOE. Echenique, con el sistema de dependencia. Sofía Castañón, diputada, con las necesidades de un pacto de Estado contra la violencia machista. El propio Iglesias no dudó en lanzarse contra la aprobación de la Operación Chamartín –un proyecto inmobiliario en el norte de Madrid-. Días después su formación en la capital pasó de las redes a los juzgados y presentó una denuncia contra todas las autoridades que, según su criterio, habían tenido algún tipo de vinculación con plan que consideran “corrupto”. Entre los denunciados, el actual ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, uno de los negociadores del fallido pacto de Gobierno.

Este tipo de estrategias, plantea Monge, no contribuyen a mejorar la desconfianza recíproca entre Sánchez e Iglesias. “Son dos actores políticos que tratan de perfilar las aristas ante dos posibles escenarios: la repetición electoral y el acuerdo”, plantea Pablo Simón, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III de Madrid. “Para conseguirlo están en un proceso de diferenciarse del otro”, explica el politólogo.

“En la batalla de la negociación política se usan todas las bazas posibles frente al adversario”, dice Paloma Román, directora de la Escuela de Gobierno de la Universidad Complutense. Los dos partidos maximizan sus posiciones antes de sentarse a negociar, previsiblemente en septiembre como anunció Sánchez. Es decir, en palabras de Monge: “Podemos se plantea que si se llega a un acuerdo habrán forzado sus posiciones y el resultado les será más positivo. Si no hay pacto, se habrán distanciado del PSOE para convertirse en lo que consideran la izquierda auténtica, que defiende valores progresistas en los temas clave en disputa como la mujer e inmigración. Temas clave”.

Aunque, como ejemplifica Simón, al hacer una comparación entre los programas de los dos partidos aparezcan más similitudes que contradicciones. El acuerdo de Presupuestos firmado entre Sánchez e Iglesias en octubre de 2018 lo puso de manifiesto. 50 páginas de medidas que, finalmente, no obtuvieron el apoyo parlamentario necesario y cuya consecuencia fue el adelanto electoral del pasado 28 de abril.

Una estrategia recurrente

No es la primera vez que la formación de Iglesias recurre a este tipo de ofensiva. Tras la moción de censura de julio de 2018 y el acuerdo de Presupuestos, Podemos reiteró una frase que se ha convertido en mantra: “Somos la garantía de que el PSOE apruebe políticas progresistas y eso solo puede hacerse estando en el Gobierno”.

En este momento, la estrategia lleva al partido a una contradicción, según plantean los politólogos consultados. “Tener a toda la militancia de Podemos llamando traidor al PSOE en Twitter no ayuda. La pregunta es, ¿el PSOE es un traidor hasta que Podemos entre en el Gobierno? ¿Entonces se convierten en amigos?”, se pregunta Simón. “Si el PSOE es tan antisocial como dicen en sus tuits, ¿por qué quieren gobernar con ellos? Sería más coherente haber apostado por plantear las cosas que tienen en común y cómo iba a ser capaz Podemos de conseguir que los socialistas fueran un paso más allá”.

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