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Sin colchones para la ralentización económica

Ningún partido propone medidas para bajar el déficit y la deuda, tal y como instan los organismos internacionales

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde.
La directora gerente del FMI, Christine Lagarde. REUTERS

“El principal riesgo es que ningún Estado en el siglo XXI toma prestado pensando que tendrá que devolver el dinero”, dijo este mes Lee Buchheit, asesor de gobiernos que renegocian sus deudas como Grecia, México, Rusia o Argentina, en las reuniones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Aunque la deuda no se devuelva de un día para otro, hay que refinanciarla. Y ahí se halla la principal vulnerabilidad de la economía española ante una ralentización. El Tesoro español tiene que refinanciar este año 204.526 millones de euros en los mercados. En estos momentos, la recaudación de las Administraciones crece a ritmos del 6%, que permiten ir poco a poco reduciendo el agujero presupuestario, el llamado déficit público. Pero eso podría cambiar si hay una desaceleración.

“El escenario central que barajamos para la eurozona es el de una ralentización que no acabe en recesión. La actividad se recuperará del ligero bache que atraviesa ahora durante la segunda mitad del año. Entre los motivos, la reacción del Banco Central Europeo, la resistencia que ha demostrado la inversión, las subidas de salarios que deberían tirar del consumo y la voluntad de las empresas de seguir contratando. Además, no se observa que se esté acumulando ningún desequilibrio alimentado por el crédito”, explica Marko Mrsnik, director de bonos soberanos de S&P.

En este contexto, el Banco de España espera que la economía española registre crecimientos más moderados según pierda fuerza el ciclo. Pero incluso bajo ese supuesto, los problemas pueden aparecer. Como advirtió el FMI a principios de abril, los ingresos públicos de España podrían ir creciendo menos y dejando de tapar la falta de ajustes en el gasto. La principal partida del Estado, las pensiones, que ahora alcanza los 150.000 millones, engorda a tasas del 7%, por encima de lo que crece la economía sumando la inflación, un 3,6% en 2018. Y conforme se jubile el baby boom, esta rúbrica irá subiendo aún más, poniendo presión sobre las finanzas públicas. Además, el FMI alertó de que el coste por intereses, ahora en mínimos, también podría dispararse. Todo ello dejaría a España con muy poco margen, señalaba el Fondo.

Enfrentados con un deterioro de la economía, los manuales sostienen que de primeras solo se cuenta con tres palancas. La política cambiaria y la monetaria ya no dependen de España. Así que solo queda la fiscal. Organismos como el FMI, la Comisión Europea o el Banco de España hablan de construir colchones fiscales. Es decir, sanear las cuentas por si la cosa empeora. En su estrecha vigilancia de España, la Comisión insiste en que haya medidas estructurales, ya sea por los impuestos o por los gastos, que corrijan el déficit y la deuda.

Sin embargo, ninguno de los partidos habla de esto en campaña. Más bien lo contrario. El PP promete una rebaja de impuestos de 16.000 millones. Pero la propia experiencia reciente de un Gobierno del PP desmiente que estas subidas puedan autofinanciarse. Tras bajar impuestos en 2015 y 2016 de cara a las elecciones, luego se vio forzado por Bruselas a abordar un ajuste a mitad de 2016. Y ello a pesar de una coyuntura de ingresos al alza. Para colmo, las bajadas de Vox son todavía mayores. Las de Ciudadanos, en cambio, son algo más moderadas, si bien incluyen el gasto del complemento salarial.

En cuanto a compensar las rebajas de impuestos con recortes del gasto superfluo, los Gobiernos de Zapatero y Rajoy ya abordaron fuertes recortes entre 2010 y 2013. Ahora el margen quizás sea bastante más limitado.

En el otro lado, el PSOE defiende subir impuestos a la banca, las grandes empresas y los ricos. También los medioambientales. Pero para elevar la presión fiscal hasta niveles europeos hace falta más. Y al mismo tiempo anuncia aumentos del gasto como el ingreso mínimo vital, ampliar los servicios sociales, una renta básica de emancipación o un bono eléctrico. Al final, lo comido por lo servido. Y Podemos lleva esto a mayores extremos con un impuesto a las grandes fortunas más potente y medidas que implican incluso más desembolsos. En definitiva, ninguno recoge en el programa cómo reconducir las cuentas públicas pese a que todos dicen que cumplirán con Bruselas. Si bien Podemos aboga por dejar el déficit en el 2% del PIB, y no suprimirlo como quiere la UE.

Otra palanca son las reformas estructurales que mejoren la productividad, combatan el paro y la precariedad. Todos hablan de ellas. El énfasis de Ciudadanos está en la educación, el contrato único o la mochila austriaca. PSOE y Podemos destacan la inversión en transición energética o cerrar la brecha salarial de género. Los socialistas proponen un nuevo estatuto del trabajador. El PP, la unidad de mercado y la mochila austriaca. Pero para las reformas se precisa tiempo e importa mucho la letra pequeña. Y, sobre todo, se necesitan consensos. De lo contrario, se tendrán que hacer a prisa y obligados porque, bajo la presión de los mercados, no se pueda financiar el Estado del Bienestar. El FMI ya lo ha advertido.

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