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Bárcenas, el cazador de la cara de póquer

Durante 20 años no se tramitó en el PP ni una sola factura sin el visto bueno del todopoderoso extesorero y jugador de bolsa

Luis Bárcenas, en el Congreso durante su comparecencia en la comisión de investigación en 2017.
Luis Bárcenas, en el Congreso durante su comparecencia en la comisión de investigación en 2017.

Durante más de 20 años no se tramitó ni una simple factura en el PP, desde una comida, la compra de un ordenador o la organización de una campaña o un congreso, sin el visto bueno y con reparos de Luis Bárcenas, el todopoderoso tesorero de esa organización política ahora condenado. Bárcenas, aficionado al montañismo, el heliesquí, la caza mayor y el juego en la bolsa, ha caído desde la cumbre de un poder económico que ejerció en solitario y con altanería en el PP hasta la condena a 33 años de prisión y el pago de una multa de 44 millones de euros por evadir impuestos y acumular hasta 48 millones en cuentas en Suiza por considerarlo el tribunal una pieza fundamental de la trama Gürtel.

Luis Bárcenas Gutiérrez (Huelva, 1957) trabajó para el Partido Popular incluso desde antes de ser Partido Popular, cuando solo era Alianza Popular, una formación que había fundado el histórico Manuel Fraga casi como su chiringuito particular para hacer su transición desde ministro del anterior régimen de Franco a las primeras elecciones democráticas. Bárcenas es licenciado en Ciencias Empresariales y su trabajo en el PP se volcó durante estos años en el control absoluto de las cuentas, los contratos y la supervisión de todos los números de la organización con todos los presidentes y secretarios generales que se han sucedido desde entonces.

Las primeras tareas de Bárcenas en AP fueron como asesor, una especie de auditor. Y su primer contacto con ese partido le llegó como herencia, porque su padre trabajaba como director de una sucursal del Banco Central en Badajoz y era el que autorizaba la concesión de unos créditos que había solicitado un empresario de la zona, Ángel Sanchís, más tarde tesorero del PP con Fraga.

Fue por Sanchís como entró Bárcenas en la órbita del PP aunque su acceso a la gerencia del partido se produjo cuando saltó en el PP el escándalo de corrupción que hundió a su antecesor, Rosendo Naseiro, en 1990. Entonces, la ilegalidad de las grabaciones telefónicas que dieron origen a la investigación por financiación ilegal del PP impidió que aquel tesorero se sentara en el banquillo. Ahora, él es el imputado y condenado en la causa principal de Gürtel. La dimisión de Naseiro y su habilidad y aparente rigurosidad con las cifras le llevaron a que su trabajo y su peso interno fuera en aumento y al alza. La dejación hacia esa parcela económica y el mirar para otro lado de los sucesivos presidentes, desde Fraga y Aznar a Rajoy, convirtieron la tesorería del PP en su coto casi privado.

Ni siquiera Correa era su amigo en el PP

J. C., Madrid

Luis Bárcenas conoció a Francisco Correa en el PP de José María Aznar cuando el cabecilla de la Gürtel se ocupaba solo de resolver los viajes internos para el partido desde su agencia. El empresario vislumbró rápido un negocio en el alquiler de sillas de los actos; más tarde se apañó para poner escenarios, las luces, la música y al final realizó las campañas. En su avaricia, Correa necesitaba extender sus tentáculos por las áreas clave del PP y fue así como contactó por medio de agasajos con el entonces secretario electoral, Jesús Sepúlveda, y con Bárcenas, el dueño del dinero. Lo siguiente fue ya una historia conocida de codicia e intereses mutuos. Pero Correa y Bárcenas nunca fueron amigos porque, como dice un relevante miembro del PP que ha conocido bien a ambos, no podían ser más diferentes: “Bárcenas procedía y se sentía de una clase social diferente, aunque era discreto en la ostentación de sus gustos. Esquiaba montañas a las que solo se accedía en helicóptero y llegó a escalar por la vertiente fácil el Himalaya, pero no lo restregaba. En el trato directo era seco, formal, hasta algo antipático. Correa siempre ha sido un hortera de bolera”. En el PP parecía que Bárcenas no tenía amigos, hasta el punto de que cuando tuvo que buscar a un gerente que le sustituyese al ascender a tesorero, tiró de agenda personal y fichó a Cristóbal Páez, que no caló nada bien en el partido. Bárcenas le defendió a capa y espada. Cuando llegó el juicio, el testimonio de su amigo Páez fue clave para su condena y se sintió especialmente traicionado.

Su labor como gerente bajo el mando de Álvaro Lapuerta, que la mayoría de los dirigentes consultados califican como "muy serie y profesional", le sirvió para ocupar un puesto en los círculos más estrechos pero de mayor rango entre la cúpula directiva del PP. Mucha información y todos los ingresos y gastos pasaban por sus manos, incluido su sueldo, uno de los más altos del partido (superior a los 200.000 euros brutos anuales).

Era Bárcenas el que subía a la séptima planta, donde se ubican los despachos sagrados de los sucesivos presidentes y secretarios generales del PP, y les preguntaba cuánto querían ganar y cómo querían ingresarlo, como si no estuviese antes bien estipulado.

En 2004, después de lustros en las entrañas de la contabilidad del partido, y cuando Aznar aún presidía el PP y Mariano Rajoy ocupaba la secretaría general, fue cuando Bárcenas aceptó un puesto institucional y resultó elegido senador por Cantabria, cargo que revalidó en las elecciones de 2008. Fue ese mismo año cuando Mariano Rajoy, en el conflictivo congreso del PP de Valencia, le ascendió de gerente a tesorero, puesto en el que duró ya apenas un año hasta que estalló el caso Gürtel.

Ya te he dicho que yo le he llevado a Bárcenas, a su casa y a Génova, 1.000 millones de pesetas por adjudicaciones de obras de la época de [Francisco Álvarez] Cascos”, se le oyó decir al cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa, en una de las grabaciones de la investigación cuyos resultados comenzaron a conocerse a principios de 2009, por una instrucción del entonces juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón.

Cuando el juez Garzón destapó el caso Gürtel el PP sobreactuó airado. Toda la cúpula sobre la tarima de Génova arropando a Rajoy y hablando de campaña de conspiración externa. Esa foto es ahora demoledora y está llena de imputados y salpicados por escándalos. La consigna fue atrincherarse, esconderse, no reconocer ningún fallo y aguantar. En esa estrategia no se podía facilitar ninguna cabeza y menos la de Bárcenas.

Pese a la presión externa, el extesorero consiguió mantenerse en su cargo durante unos meses. Solo la entonces presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, se atrevió a poner algún pero a su permanencia. Bárcenas siguió serio, con su sempiterna cara de póker e impecablemente vestido, llegando a Génova en su Grand cherokee de cazador. Pese a sus problemas brutales con la informática y los ordenadores, los que entraban en su despacho de la sexta planta seguían comprobando su afición extrema por jugar en la bolsa.

En julio de 2009, sin embargo, tuvo que presentar su renuncia temporal, acechado ya por la investigación del caso Gürtel. Nadie en el PP dijo una palabra más alta que otra y el partido le mantuvo su estatus y siguió pagando su defensa. Rajoy era el primero que no podía creer las acusaciones que se le formulaban. Tardó mucho en tener las primeras dudas pese a que ya entonces empezaron a destaparse graves sospechas. “¿Ha abierto una investigación para saber si el tesorero se llevó nueve cajas de documentos del partido?”, le preguntaron entonces a Rajoy. “No me consta que se las haya llevado. Si me pregunta si se las ha llevado, yo no lo sé, lo que digo es que no me consta”, contestó el presidente popular con su habitual estilo.

Educado y en ocasiones altivo, especialmente con sus subordinados en el PP pero también y como se ha visto en varias comparecencias ante los jueces ante los que ha tenido que declarar, Bárcenas permaneció varios años con su sueldo íntegro, con despacho, coche y secretaria, pagados por el partido. En los primeros años de la instrucción, y pese a las crecientes evidencias, Bárcenas continuó unos años como senador y hasta como tesorero, pese a los duros enfrentamientos que mantuvo entonces cara a cara con la nueva secretaria general, Dolores de Cospedal, la encargada por Rajoy para tramitar la crisis desatada por el caso Gürtel y a la que acusaba de filtrar documentos en su contra. En esos años y hasta los primeros meses de 2013, Rajoy y Bárcenas aún mantenían cierta relación y el presidente popular aún parecía querer creer en sus proclamaciones de inocencia.

El último de esos mensajes (SMS) de aliento de Rajoy a Bárcenas se registró el 18 de enero de 2013, con ese "Luis. Lo entiendo. Sé fuerte", que en julio de ese año reveló El Mundo. Una semana después de ese mensaje Rajoy llegó a declarar, en una entrevista, que no recordaba la última vez que había hablado con Bárcenas y a finales de ese mes se conoció oficialmente que el extesorero popular podía tener refugiados en cuentas en Suiza hasta 50 millones de euros. En esas fechas, a comienzos de febrero de 2013, EL PAÍS desveló los papeles de Bárcenas, donde se evidenciaba la contabilidad paralela, manuscrita y oculta que llevaba el extesorero en el partido y que afectaba a muchos de sus dirigentes.

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