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“No pude más. Decidí que iba a pagar”

El colectivo reconoce a sus 49 víctimas mortales, 52 secuestrados y más de 10.000 extorsionados en el sexto aniversario sin ETA

“No pude más. Decidí que iba a pagar”

 “Cada vez que llegaba una carta (de extorsión de ETA) era un drama familiar. Y eso que nosotros lo pudimos contar. Cuántos se han quedado en el camino”, dice Peio Uriarte, el sobrino de un empresario del metal que tuvo que marcharse de la comarca del Goierri, Gipuzkoa, para eludir la extorsión de ETA. En el camino se han quedado 49 empresarios y directivos y otros 52 fueron secuestrados. Más de 10.000 según un informe de la Universidad de Deusto fueron extorsionados.

Peio y más de quinientas víctimas entre empresarios y familiares, han recibido este viernes un emotivo homenaje de las patronales vascas, en Bilbao, cuando se cumplen seis años desde que ETA anunciara el final de la violencia. La patronal vasca Confebask y las tres asociaciones provinciales de empresarios han esperado seis años para reconocer en público el dolor y el sufrimiento que les provocó ETA, ayudada por colaboradores que en ocasiones eran sus propios vecinos y trabajadores. Una red se dedicaban a elaborar las listas de objetivos, a pintar las dianas en sus domicilios, y a diseñar las campañas de intimación para que ETA les secuestrara o ejecutara.

52 empresarios seuestrados

Aunque todos los ecuestros de la banda tenían como objetivo lograr financiación, los primeros eran el medio para robar sucursales bancarias o toques de atención para forzar el pago del "impuesto revolucionario", el eufemismo con el que ETA llamaba al chantaje. Poco a poco evolucionaron a la vía para lograr financiación rápida a través de los rescates.

Dos de los 52 secuestros de empresarios y directivos de empresas acabaron en asesinato, los de Angel Berazadi en 1976 y Javier Ybarra en 1977. El último empresario secuestrado fue Cosme Delclaux, hijo del presidente de Vidrieras de Alava. Estuvo en manos de sus captores desde el 11 noviembre de 1996 hasta el 1 de julio de 1997.

José María Aldaya, propietario de dos empresas de transporte, vivió el secuestro más largo de los sufridos por empresarios, desde el 8 de mayo de 1995 al 14 de abril de 1996. La lista incluye entre otros al propietario de Avidesa, Luis Suñer (1981) a los industriales vascos José Lipperhide y Saturnino Orbegozo, ambos en 1982.

Diego Prado y Colón de Carvajal fue secuestrado en 1983, Juan Pedro Guzmán Uribe en 1985, Lucio Aguinagalde el año siguiente y Emiliano Revilla en 1989, quien permaneció 249 días en poder de ETA y fue liberado tras el supuesto pago de 1.500 millones de pesetas (9 millones de euros).

En noviembre de 1989 fue secuestrado Adolfo Villoslada, liberado en febrero de 1990, y en 1993, Julio Iglesias Zamora, que permaneció en manos de los terroristas desde julio hasta octubre de ese año.

Auténticos cómplices integrados en organizaciones ligadas a la izquierda abertzale de aquellos años, que defendían que, para conseguir la independencia de "Euskal Herria" había que eliminar al discrepante y pasar por encima de los empresarios. Precisamente EH Bildu, la coalición que controlan algunos de los herederos de aquella izquierda abertzale, ha sido la única formación vetada al acto, en medio de las airadas protestas del propio Arnaldo Otegi.

Han tenido que pasar cuatro décadas para que los afectados hablen sin tapujos de los años de plomo, para dar detalles de cómo sentían en sus casas cada noticia sobre los asesinatos o secuestros de ETA, cada vez más cercanos, o cada vez que llegaba una carta de extorsión. También para reconocer cómo, desbordados por el miedo, algunos decidieron pagar.

Jesus Mari Korta, de Grúas Goierri paso de resistir a endeudarse para pagar a ETA después de ver morir a dos amigos. "No pude más", ha relatado este viernes a Radio Euskadi. Esos amigos eran el empresario de la construcción, Isidro Usabiaga, asesinado en 1996 y el presidente de la patronal guipuzcoana, José María Korta en 2000. "Decidí que iba a pagar" ha dicho. Una de las cartas amenazadoras que recibió le daba instrucciones: “Para abonar la cantidad de diez millones de pesetas debe dirigirse a los círculos abertzales habituales”. Solo a través de sus miembros los extorsionados establecían  el contacto.

Cristina Berazadi, hija de Ángel Berazadi, primer empresario asesinado por ETA el 7 de abril de 1976; Andoitz Korta, hijo de Joxemari Korta y presidente de ADEGI cuando fue asesinado en 2000; Iñaki García Arrizabalaga, hijo de Juan Manuel García Cordero, delegado de Telefónica en Gipuzkoa asesinado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas; y Martín Ceballos, fundador de Talleres Marel, que sufrió cinco atentados con bomba en su empresa, también se han atrevido, como Korta, a contar sus desgarradoras experiencias y recuerdos. "Absolutamente nadie llamó para mostrar su solidaridad", ha explicado el hijo del delegado de Telefónica. "Cuando digo que nadie llamó a casa es nadie, absolutamente nadie", de las instituciones o del pueblo. Víctimas anónimas que, en muchos casos, han tenido que esperar décadas para sentir la más mínima proximidad institucional.

El presidente de la patronal Confebask, Roberto Larrañaga ha reconocido que "gracias a todos vosotros hemos constuido el país que tenemos. El empresariado resistió". "El de hoy, pese a todo, quiere ser un acto integrador con el dolor de todos los ciudadanos, de todos los colectivos, y queremos compartirlo con todos vosotros", ha dicho Larrañaga.

Pero cuando una representación de las víctimas, - Cristina Berazadi (hija), Candido Korta (hermano) y María Uria (hija)- en representación de todo el colectivo, han subido al escenario del Palacio Euskaduna, el auditorio se ha puesto en pie y los aplausos se han convertido en una terapia transformadora. El silencio y el miedo acumulado durante cuatro décadas ha empezado a liberarse. La ovación ha durado casi cuatro minutos de desagravio para los 32 años que transcurrieron entre el asesinato de Ángel Berazadi y el de Ignacio Uría, consejero de la empresa Altuna y Uría, una de las constructoras de la "Y" ferroviaria vasca  (tren de alta velocidad), la última víctima del colectivo en 2008.

El lehendakari, que ha acudido con parte de su l Gobierno al acto, ha tenido palabras de reconocimiento y agradecimiento para todos ellos, hombres y mujeres que en las peores condiciones posibles, bajo el fuego y el odio de algunos de sus propios vecinos, como relata Fernando Aramburu en Patria, apostaron por seguir en Euskadi, por su empleo y su desarrollo, incluso pagando con su vida. "ETA se ha acabado, no tiene ni presente ni futuro, debe disolverse de manera unilateral. ETA se ha acabado y en la perseverancia de los valores democráticos los empresarios habeis sido un ejemplo. La sociedad vasca conoce y reconoce vuestro dolor y vuestro compromiso", ha dicho.

Cuando Jesús María Korta decidió pagar a ETA se puso en contacto con una persona conocida de la izquierda abertzale. “Pero nunca supe nada más, no pagué ni una peseta, nuca le pregunté a esa conocida si hizo algo o no”, aclara. 

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