El Rey anula compromisos ante la emergencia política

Por primera vez desde su proclamación no inaugurará el congreso de la Empresa Familiar

El Rey, durante la inauguración de la XXIX Cumbre Internacional de Centros de Pensamiento Empresariales.
El Rey, durante la inauguración de la XXIX Cumbre Internacional de Centros de Pensamiento Empresariales.Emilio Naranjo (EFE)
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El Rey no cumplirá el lunes con el ritual de inaugurar el Congreso Nacional de la Empresa Familiar, uno de los foros empresariales más reconocidos de España al no ha faltado desde su proclamación como jefe del Estado en 2014. Cataluña marca todas las prioridades. La situación de emergencia política que vive España por la crisis que afronta el Estado con la tentativa independentista desaconsejaba su asistencia al acto, que se celebra en Toledo el próximo lunes 2 de octubre, al día siguiente de la consulta ilegal promovida por el Parlament y el Govern.

La situación política en España vive uno de los momentos de máxima tensión con la convocatoria del referéndum suspendido por el Tribunal Constitucional y la insurrección de la Generalitat, gobernada por el PDeCAT y Esquerra Republicana con el apoyo de la CUP. El jefe del Estado, según fuentes de la Casa del Rey, ha permanecido en las últimas semanas “en contacto permanente” con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para seguir de muy cerca los acontecimientos y ha evitado desplazamientos que pudieran alejarlo de La Zarzuela en caso de que se agravara aún más la situación.

En ese sentido, dejó de acudir a la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se ha celebrado en Nueva York entre el 19 y el 25 de septiembre. Desde su llegada al trono nunca había faltado a esta cita, que le permitía el contacto con otros jefes de Estado y mandatarios. El mismo imperativo ha llevado a la Casa del Rey a no estar presente en el Congreso Nacional de la Empresa Familiar, en cuyo programa no figura la presencia del Rey. Su compromiso con este evento, organizado por el Instituto de la Empresa Familiar, a cuya junta directiva recibió el pasado marzo en audiencia, no se había visto afectado hasta ahora por ninguna circunstancia, pese a las turbulencias que ha atravesado el país en los últimos años con la congestión política.

Lo inauguró el año pasado en A Coruña, donde pronunció un discurso sin referencias políticas y centrado en la estabilidad como factor clave del crecimiento económico. También en 2015 cumplió con el ritual en Bilbao y el año anterior, en el que fue proclamado como rey, en Alicante. Pero no en su XX edición, en la que el Instituto de la Economía Familiar celebra su 25º aniversario. A pesar de que la distancia entre Toledo y Madrid no es disuasoria, la condición del Rey de símbolo de la unidad y permanencia del Estado imponen que permanezca concentrado en su despacho de La Zarzuela para seguir los acontecimientos en un momento de serio riesgo de desagregación territorial.

A pesar de las medidas adoptadas por el Gobierno para desbaratar la logística del referéndum e impedir su celebración, sobre el 2 de octubre y los días sucesivos se ciernen muchas incógnitas que mantienen en alerta a la representación del Estado. Aunque la consulta no ofrece garantías de fiabilidad, el Parlament o la Generalitat podrían hacer una declaración unilateral de independencia como una vuelta de tuerca más a una situación con riesgo de desbordamiento social.

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El pasado 21 de septiembre, el Rey intervino de nuevo en la crisis territorial que afronta España garantizando que la Constitución “prevalecerá sobre cualquier quiebra de la convivencia democrática”. Las palabras del jefe del Estado se producían tras la demostración de fuerza en la calle en la Diada y en un momento de en el que el independentismo presiona a los alcaldes para que colaboren en la celebración de un referéndum que no cuenta con apoyo legal. Felipe VI aprovechó su discurso en la entrega de los Premios Nacionales de Cultura 2016, en Cuenca, para salir en defensa de la Ley Fundamental en un momento de máxima emergencia política.

Sobre la firma

Miquel Alberola

Forma parte de la redacción de EL PAÍS desde 1995, en la que, entre otros cometidos, ha sido corresponsal en el Congreso de los Diputados, el Senado y la Casa del Rey en los años de congestión institucional y moción de censura. Fue delegado del periódico en la Comunidad Valenciana y, antes, subdirector del semanario El Temps.

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