El PP, en el diván de la lucha contra la corrupción

Dirigentes actuales y pasados reflexionan sobre qué pasos debe dar el partido para combatir el estigma de su vinculación con esta lacra

Cacerolada en el Partido Popular.
Cacerolada en el Partido Popular.Bernardo Perez.

Caso Lezo. Caso Púnica. Caso Gürtel. Caso Taula. Caso Bárcenas... Cada nuevo escándalo relacionado con la corrupción provoca un incendio que quema la imagen del PP, erosiona su potencial electoral y silencia el discurso del Ejecutivo sobre la recuperación económica. EL PAÍS ha planteado a dirigentes de esta formación, en activo y retirados, una pregunta clave para el futuro del partido: ¿Qué debe hacer el PP para romper con esa etapa marcada por la corrupción y abrir un nuevo capítulo?

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"La Justicia funciona en España y que se conozcan y juzguen todos estos casos –de todos los partidos políticos- es un síntoma de que nuestro sistema trabaja en la línea adecuada. Sin embargo, la dilación en la resolución de los procedimientos judiciales crea un goteo informativo que desgasta a los partidos y deteriora, muchas veces, la confianza de los ciudadanos", contesta Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas e integrante del comité de dirección nacional. “La quiebra de la confianza de la sociedad española en su sistema político da alas justamente a los discursos populistas que menos respeto tienen por las instituciones. Por ello, es imprescindible que demostremos ejemplaridad y contundencia a la hora de destapar, condenar y apartar de nuestras siglas a personas implicadas en casos de corrupción”, prosigue. “El PP ha logrado conjugar en sus nuevos estatutos mecanismos contundentes contra la corrupción respetando, eso sí, el principio constitucional de la presunción de inocencia”, argumenta. “Desde el Gobierno hemos impulsando el plan más ambicioso, completo y eficaz en la lucha contra la corrupción. Nuestro objetivo es dedicar los máximos esfuerzos a combatirla en el presente para que acabe siendo cosa del pasado”.

Los dirigentes del PP están firmemente unidos alrededor de la figura de Rajoy, que ha ganado las tres últimas elecciones generales. Sin embargo, tras su citación como testigo en el caso Gürtel, también hay excargos públicos con una visión crítica de las decisiones del líder. Esa dicotomía refleja las tensiones internas que ha generado el incesante goteo de casos de corrupción y las distintas sensibilidades que conviven en un partido tendido en el diván en busca de respuestas que no llegan.

“En el PP tiene que haber un principio de asunción de la responsabilidad política que si no se ejemplifica desde el más alto nivel no se va a realizar en los segundos y terceros niveles”, sostiene Guillermo Cortazar, exdiputado del PP. “Esa responsabilidad política debió haberse asumido en agosto de 2013, cuando el señor Rajoy reconoció que se había equivocado. Ese día debió haber dimitido”, subraya sobre la comparecencia que protagonizó el presidente tras el estallido del caso Bárcenas. “El problema de la responsabilidad no asumida es que te persigue sistemáticamente a lo largo de toda tu vida política. Tiene que haber una cultura de asunción de responsabilidades y sistemas de control internos realmente operativos: si no, la corrupción desgasta a la organización y extiende la responsabilidad propia al resto de compañeros”, añade Cortazar, que ha reflexionado sobre el asunto en el libro El salón de los encuentros.

En enero de 2000, Helmut Kohl dimitió como presidente de honor de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania tras conocerse que su formación se había financiado irregularmente. Angela Merkel le había pedido que dejara el cargo en un artículo en el Frankfurter Allgemeine Zeitung. No quería que el presente del partido se viera contaminado por su pasado. Pedía abrir una nueva etapa. Que la generación de los dirigentes históricos no perjudicara el futuro de quienes debían reemplazarla. ¿Resolvería los problemas del PP que una de sus máximas figuras asumiera la responsabilidad política dimitiendo, como hizo Kohl?

“Creo que no resolvería nada. El que se quedase sería el continuador y, de alguna manera, el sucesor en el estigma”, contesta Gabriel Elorriaga, exsubdirector del gabinete de presidencia del Gobierno, exsecretario de Estado y exdiputado. “Rajoy ya hizo aquel debate en el Congreso. Dio explicaciones. Marcó un hito. Intentó cerrar una etapa… pero la etapa no se deja cerrar: cuando reaparece uno de estos asuntos, nadie se acuerda de aquella comparecencia”, resume. “Es muy difícil deslindar lo que les ocurre a sus dirigentes antiguos o presentes de la propia marca del producto. Es un problema ya en términos de comunicación y no sé si admite ninguna solución: no tengo muy claro que eso se derive de que se haya hecho todo lo necesario o de que quede algo por hacer”.

Y el PP ha hecho muchas cosas para intentar cerrar este capítulo. Ha aprobado Leyes. Ha renovado sus direcciones a nivel nacional y autonómico. Ha forzado la dimisión de decenas de representantes investigados por la justicia. Ha creado una oficina interna con la misión de fiscalizar las actividades de sus miembros, que servirá como herramienta interna de control y denuncia. Y ha pactado con Ciudadanos la expulsión de los cargos públicos y orgánicos imputados por corrupción política, comprometiéndose a eliminar los aforamientos, a limitar los mandatos presidenciales y a crear una comisión de investigación sobre su presunta financiación ilegal.

“¿Hay voluntad política de cumplir los pactos? Hemos asistido a ejemplos claros de que eso no es así”, critica Alberto Garre, expresidente de Murcia con el PP. “Lo que se puede hacer, sin necesidad de legislar, es apartar a la gente. Esa sería la primera criba para que caiga la paja y quede el grano. Y no se ha hecho”, añade este exdirigente, que ha abandonado el partido tras ver cómo el PP de Murcia tardaba semanas en cumplir el acuerdo que le unía con Ciudadanos, y que obligaba a dimitir a Pedro Antonio Sánchez como presidente de la región tras su imputación en el caso Auditorio.

Rodrigo Rato. Ignacio González. Jaume Matas. Francisco Granados. Luis Bárcenas. La lista de dirigentes del PP relacionados con los juzgados está repleta de nombres. En el lado opuesto, distintos responsables del partido destacan el empeño que está poniendo en la lucha contra la corrupción Cristina Cifuentes, presidenta de Madrid. Además, fuentes de Génova subrayan que el PP suspendió de militancia a González, expresidente regional, en cuanto fue detenido. Y otros interlocutores recuerdan que José Manuel Soria dimitió como ministro de Industria, Energía y Turismo por sus confusas explicaciones acerca de su supuesta implicación en los papeles de Panamá.

“Los casos de corrupción han sido una puñalada en el corazón del partido. Tolerancia cero. Colaboración total con la justicia”, receta Asier Antona, miembro del Comité ejecutivo nacional, presidente del PP de Canarias y diputado autonómico. Y asegura: “Rajoy ha liderado en el Gobierno de España las reformas que están posibilitando la lucha contra la corrupción”.

En el entorno del presidente en La Moncloa están contrariados porque la corrupción haya vuelto a sepultar sus planes, proyectos y reformas para esta legislatura que ha tardado tanto en arrancar, pero tampoco tienen muy claro qué pueden hacer para superar esta fase. Aceptan que toca aguantar, continuar con la agenda prevista y aparentar normalidad. Dos altos cargos de La Moncloa y uno de los ministros con más proyección resumen de manera casi idéntica la estrategia a seguir: “Gestionar, hacer cosas y ocuparnos de resolver problemas reales de los españoles”.

Andrea Levy, en una imagen de archivo.
Andrea Levy, en una imagen de archivo. Sergio Barrenechea (efe)

El presidente se había programado precisamente para esta semana una agenda llena de actos muy institucionales, de mucha foto e imágenes como la asamblea de la CEOE o el aniversario del AVE, muchos discursos oficiales y pocas respuestas a preguntas incómodas. La hoja de ruta imaginada culminaba con un viaje internacional a Uruguay y Brasil. Todas las previsiones se han cumplido pero la imagen nacional e internacional de Rajoy ha salido masivamente asociada a la corrupción. No obstante, el presidente les dio el viernes un consejo muy personal a los jóvenes cachorros de las Nuevas Generaciones del PP para que se dediquen a la política: “Tener personalidad y no asustarse cuando te aticen”. Luego añadió otra idea que refleja bien cómo piensa responder a este nuevo capítulo de casos de corrupción vinculados con su partido: “Las cosas van a ir bien en el futuro a pesar del esfuerzo de algunos para destacar lo que va mal pero nosotros haremos el mismo esfuerzo para decir lo que va bien, hablaremos bien de España, que es lo que hay que hacer”.

Los ministros de su equipo tomaron nota. La consigna es insistir con la senda de crecimiento económico, la creación de empleo, el anuncio de obras y las fotos internacionales que le presentan como un líder estable y consolidado en un panorama muy incierto. La corrupción del pasado es una sombra a disimular con proyectos de futuro. Los colaboradores de Rajoy aceptan con resignación que no pueden propugnar muchas más normas o cambios legales para evitar la proliferación de casos que se consideran, sobre todo, antiguos. De otra época del PP, que lleva años buscando una respuesta que no llega para desligarse de los casos de corrupción y evitar que los fantasmas de Gürtel, Púnica, Bárcenas, Taula o Lezo sigan persiguiéndole.

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