Jornaleros por las tierras públicas

Una treintena de campesinos en paro se encierran en una finca de Córdoba en protesta por la venta de terrenos de la Junta de Andalucía

Un grupo de jornaleros cultiva el huerto en la finca de Somontes (Palma del Río, Córdoba).
Un grupo de jornaleros cultiva el huerto en la finca de Somontes (Palma del Río, Córdoba).FRANCIS VARGAS

Una mujer menuda de ojos negros y piel curtida por el sol se levanta de la siesta en un colchón tirado en el suelo. De repente, descubre a un hombre montado a caballo que pisa el huerto que lleva mimando desde hace dos meses. Puro nervio, abronca a los treinta jornaleros que, junto a ella, han ocupado la finca de Somontes en Palma de Rio (Córdoba). “¿Pero qué haces ahí con el caballo?”, se desespera esta mujer de 43 años que se ha ganado el respeto de los jornaleros y a la que muchos de ellos tratan como a una madre. Lola Álvarez lleva toda su vida trabajando en el campo. Siempre ha luchado por los derechos de los jornaleros desde el sindicato andaluz de los trabajadores (SAT) y nunca había vivido una situación tan crítica como la que este año atraviesa el sector. Lleva meses en paro. Esta temporada la naranja sufrió una gran helada y no ha podido ir a recoger la cosecha. Por eso explica que no le ha quedado otra que ocupar las 400 hectáreas que están situadas a 12 kilómetros de Palma del Río de la que es propietaria la Junta de Andalucía.

Estos agricultores han rescatado el viejo lema de “la tierra para el que la trabaja” que a tantos campesinos unió durante la Segunda República. Los jornaleros cordobeses encontraron fuente de inspiración en el modelo de Marinaleda (Sevilla). El alcalde, Juan Manuel Sánchez Gordillo, que lleva gobernando 33 años, vio en la ocupación y resistencia una solución al desempleo a finales de los setenta. Hoy en día, este pueblo del interior de la provincia de Sevilla es de los pocos que presume de tener pleno empleo. Gordillo se ha implicado con los jornaleros del SAT. El defensor del pueblo andaluz, José Chamizo, también se desplazó hasta la finca, y aplaudió este tipo de iniciativas para evitar su subasta.

La ocupación de la finca de Somontes empezó el pasado 4 de marzo. El mismo día que salió a subasta pública. Era la tercera vez, desde el 21 de junio de 2011, que la Junta la sacaba a la venta con un precio inicial de 1.524.146 euros. La puja quedó desierta y ante el temor de que la finca fuese ofertada a algún particular, el SAT decidió tomarla. “Ahora tiene más fácil encontrar un comprador porque puede negociar el precio”, esgrime Lola. Si al final el Gobierno andaluz consigue vender Somontes, no sería la primera vez que este terreno se convierte en propiedad privada.

Este trozo de tierra donde se ha cultivado intermitentemente avena, cebada, habas y girasoles era propiedad del marqués de Montesión hasta 1991. Este año pasó a manos de la Administración pública cuando el extinto Instituto Andaluz de Reforma Agraria (IARA) le compró los terrenos. Esta operación se produjo al calor de la ley de reforma agraria que el Gobierno andaluz aprobó en 1984 para estimular y potenciar los cultivos, favorecer el crecimiento, crear el pleno empleo y corregir los desequilibrios rurales. Sin embargo, la Junta no le ha sacado suficiente provecho ya que fueron destinadas a cultivo de secano. O lo que es lo mismo, con el trabajo de tres agricultores asalariados durante tres meses es tiempo y mano de obra suficiente para sacarlas adelante.

Varios de los jornaleros, en la cocina de la finca ocupada.
Varios de los jornaleros, en la cocina de la finca ocupada.FRANCIS VARGAS

El Ejecutivo andaluz ha visto en la venta de tierras una fórmula para obtener dinero. Pero no está funcionando según lo previsto porque un año después de poner en marcha el plan, apenas ha ingresado 10,6 millones de euros, la séptima parte del importe global. La finca de Somontes pertenece al lote de tierras (un total de 15.000 hectáreas) por las que el Gobierno andaluz pretende ingresar 75 millones de euros. Los recortes han provocado un agujero negro en la Administración. A la pregunta de cuántas hectáreas de tierra cultivable tiene en propiedad y cuántas de estas están baldías, la Junta andaluza declinó responder.

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Los jornaleros de Somontes tienen la mirada puesta en el campo y en los tribunales. Ahora, este grupo de jornaleros okupas han modificado la labor al transformar estos cultivos en regadío. “Al menos nosotros ya la estamos aprovechando porque en los últimos años esto estaba sin trabajar”, explica Javier Ballestero Osuna. El agricultor señala la tierra a la entrada de la finca desde el coche, al que le ha hecho un puente para arrancarlo. “Con tanto ajetreo el otro día perdí las llaves”, explica Javier. “Yo no tengo estudios, solo sé cultivar la tierra, y tú me dirás qué hago si no me sale trabajo”. Para los treinta jornaleros la resistencia en la finca se ha convertido en su primer objetivo.

Los jornaleros del SAT llevan encerrados 111 días en Somontes. La Junta ha puesto a la venta las tierras para obtener dinero ante los recortes

Toque de diana a las siete de la mañana. Comienza el baile de jornaleros. Salen de cuatro habitaciones donde solo hay colchones raídos en el suelo y montones de ropa. Aunque la finca es un ir y venir de gente, hay algunos fijos como Lola y su marido. O el caso de una familia de cuatro miembros que fue desahuciada el año pasado. Es la hora del desayuno. Con una taza de café de pucherillo en la mano, los jornaleros repasan el orden del día en la cocina. Esta semana las decisiones están orientadas en colocar las gomas para el sistema de riego. Es el momento de introducir un nuevo cultivo: el pimiento. Si todo sale según lo previsto, en dos meses tendrán un nuevo ingrediente con el que elaborar sus platos. La subsistencia es la clave de su éxito. Hasta la fecha, su modesto huerto produce sandías, melones, pepinos, tomates y lechugas. Es solo el comienzo. A ninguno le gusta esta situación, pero “el que es trabajador no quiere vivir de limosnas”. A la larga venderán algunos de los productos.

La Junta procedió al desalojo el 19 de abril, 10 días después de la ocupación. De madrugada, un centenar de labradores regresaron a Somontes para ocuparlo por segunda vez. Y ahí se han quedado. El día 15 de junio algunos fueron a declarar al Juzgado número de 3 de Posadas. Les acusan de desobediencia a la autoridad. Después, regresaron a la finca.

Los parados han encontrado el apoyo de algunos simpatizantes del 15-M, que después de exportar su modelo a otros países ha visto en el mundo rural un espacio de donde sacar ideas. Lola viajó hasta Madrid la pasada semana para participar en asambleas populares. En Somontes nadie tiene definida una hoja de ruta, pero todos coinciden en que mientras haya un parado y una tierra sin cultivar su lucha tiene sentido.

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