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Rajoy llama a Merkel y se aferra a su apoyo mientras la presión crece

Obama comparte con la canciller, Monti y Hollande su análisis sobre España

La canciller alemana afirma que el Gobierno ha recibido "una difícil herencia"

Merkel y Barroso en la cumbre de Stralsund. Ampliar foto
Merkel y Barroso en la cumbre de Stralsund. AFP

Los datos siguen siendo desastrosos. Pero el Gobierno, machacado por los mercados, aún confía en que le salve la política. En un día de nuevo durísimo, con la prima de riesgo acercándose de nuevo al cierre a los 540, y con un auténtico rapapolvo al Ejecutivo del gobernador del Banco Central Europeo, Mario Draghi —“con Bankia se actuó de la peor manera posible”—, La Moncloa se aferraba este jueves a la única buena noticia del día, de nuevo política: las palabras de apoyo de Angela Merkel.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, habló por la mañana con Merkel, según fuentes diplomáticas citadas por Europa Press en Bruselas —el Gobierno español nunca informa, al contrario que otros países, de los contactos internacionales del presidente, entre otras cosas porque él mismo no informa a sus colaboradores—. Poco después, la canciller hizo un discurso de claro apoyo al Ejecutivo español.

Merkel pidió confianza en España, país al que definió como “un aliado en el camino hacia la consolidación fiscal”. Dijo que el Gobierno de Rajoy recibió una “difícil herencia” que afrontó con importantes reformas estructurales y con determinación para “generar transparencia”.

El Gobierno español se aferra con toda su fuerza a Alemania, la clave de todos los problemas porque es la única que puede empujar al BCE a actuar, según fuentes gubernamentales, y es además el principal escollo para que el fondo de rescate pueda inyectar dinero en los bancos directamente sin petición de los Gobiernos, como quiere Madrid.

Luis de Guindos, ministro de Economía, viajó el miércoles a Berlín para reunirse con su homólogo alemán, Wolfgang Schaüble. Fuentes del Ejecutivo señalaban que la reunión había ido bien y que España podía contar con el apoyo del Gobierno alemán, aunque no parece que haya cambio de postura de los alemanes en los asuntos centrales.

España se ha convertido en el eje de la inquietud económica mundial del momento. Tanto que la situación española fue uno de los asuntos centrales de la videoconferencia que mantuvieron el miércoles Barack Obama, Merkel, François Hollande y Mario Monti, según los diarios italianos La Stampa y Corriere della Sera. En esa conversación se analizó la crisis económica y se empezó a preparar la reunión del G-20 en Los Cabos (México) a la que acudirá también Rajoy, que, sin embargo, no fue convocado a esta llamada a cuatro. Estos países son miembros del G-8, no así España, y en la última reunión en Washington pactaron que mantendrían a Obama al tanto de los desarrollos de la crisis europea. Los tres presidentes europeos, según la versión de la prensa italiana, tranquilizaron a Obama sobre la situación de España e Italia y señalaron que a pesar de la prima de riesgo, está bajo control.

Algunos miembros del Ejecutivo admiten que Monti, además de estar en el G-8 y de tener una economía mayor que la española, sabe moverse mejor en política internacional que Rajoy y especialmente en Bruselas —fue comisario—, y ha logrado trasladar a España buena parte de la presión de los mercados que antes tenía Italia, que durante mucho tiempo tuvo la prima de riesgo por encima de la española y ahora está 80 puntos por debajo. El Ejecutivo de Rajoy recela así de Monti, que sin embargo le ha invitado a la cumbre del crecimiento en Roma el 22 de junio, poco después del G-20 y de las elecciones griegas. Además, sus posiciones sobre la necesidad de que actúe el BCE son similares.

El Gobierno se aferra así en público a sus apoyos internacionales, especialmente Alemania, aunque en privado nadie niega que la posición inamovible de los alemanes lo complica todo. El Ejecutivo de Rajoy asegura que el presidente no solo habla con Merkel, sino con muchos dirigentes, especialmente en estos días de crisis.

De hecho, la vicepresidenta está en Washington buscando apoyos del Gobierno de EE UU y del FMI —aunque el motivo original del viaje es invitación al club Bildeberg, al que ya asistió el año pasado Dolores de Cospedal—. Por primera vez, no ejercerá hoy de portavoz del Gobierno. Le sustituirá Cristóbal Montoro, que intentará al fin vender una buena noticia: el sistema —no son hispanobonos— para avalar las deudas autonómicas y evitar el bloqueo financiero de las autonomías.