AlterconsumismoAlterconsumismo
Coordinado por Anna Argemí
Desarrollo sostenible
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

En Francia inventan (de nuevo) la rueda, esta vez eléctrica

La ‘start-up’ Teebike ha creado un modelo que se puede instalar en cualquier tipo de bici en pocos minutos

La rueda eléctrica de Teebike dispone de una autonomía de hasta 80 kilómetros y puede circular a una velocidad máxima de 25 km/h.
La rueda eléctrica de Teebike dispone de una autonomía de hasta 80 kilómetros y puede circular a una velocidad máxima de 25 km/h.Teebike

Todos hemos querido un día u otro aparcar el coche y pasarnos a la bicicleta, no solo para el preceptivo paseo dominical, sino para trayectos cotidianos como ir al trabajo o de compras. La verdad es que la de paseo, como bien dice el nombre, está bien para una ruta corta, pero cuando los trayectos son largos o escarpados y el ciclista no está muy entrenado hay que plantearse pasar al nivel superior: comprar una eléctrica. Lo terrible del caso es que, hasta el día de hoy, eléctrico en el mundillo ciclista es sinónimo de caro. La start-up Teebike está cambiando esta parte de la historia.

Entre 2019 y 2021 las ventas anuales de las bicicletas eléctricas en Francia se han multiplicado por dos, ya que han pasado de 400.000 a 800.000 unidades. La demanda es tal que no hay bici para todo el mundo de momento. Lo leía la semana pasada en Le Figaro. La tendencia va al alza a pesar de los precios y los fabricantes franceses calculan vender un millón de unidades en el 2024. La verdad es que ese vehículo eléctrico se ha convertido en una alternativa real al coche sobre todo desde que el Estado francés la ha promocionado sin cortapisas. De entrada se permitió, desde el verano de 2020, crear pistas ciclistas en cualquier lugar. Aunque al principio eran de carácter temporal, en la práctica, llegaron para quedarse.

Además, el Gobierno creó ayudas a las empresas para promocionar la bici entre sus empleados. Los ayuntamientos ofrecieron también subvenciones económicas para que sus habitantes accedieran a estas. Todo este auge económico ha generado nuevas start-ups locales que buscan su margen de negocio. Angell Bike es la más popular del grupo. Su creador, Marc Simoncini, ha querido hacer de su invento, según sus propias palabras, lo que el iPhone representa para la telefonía. Se venden también en España por 2.860 euros. La empresa Le Velo Mad (bici loca) apuesta por las eléctricas con un aire retro. La más baratita de su catálogo cuesta 1.849 euros. Heritage Bike, por otro lado, es una pequeña empresa que produce bicicletas eléctricas de alta gama, con aspecto de moto. La más económica cuesta 3.500 euros.

Al calor del apogeo, ha surgido una start-up que permite acceder a la bicicleta eléctrica de manera mucho más asequible y responsable. Se trata de Teebike. La génesis del invento francés ha de buscarse en China. Es allí donde Laurent Durrieu, cofundador, descubre un “cementerio de bicicletas”: un vertedero a cielo abierto donde duermen el sueño de los justos unos 25 millones de unidades, todas abandonadas y sin ninguna esperanza de volver a la vida útil. Para su sorpresa, Durrieu descubrió que ese cementerio sin huesos, pero con mucho aluminio, no era un caso único sino una práctica corriente en muchos puntos del planeta. Decidió entonces buscar una solución para dar una segunda vida a tanto vehículo desechado, pero aún útil. Solo en Francia se calcula que cada año se abandonan un millón de ellas.

Teebike es una rueda equipada de un motor eléctrico y que puede instalarse en cualquier bicicleta convirtiéndola por arte de birlibirloque en eléctrica. Está pensada sobre todo para los urbanitas que querrían poder ir a su empleo sobre su sillín. En Francia, la distancia media entre el hogar y el lugar de trabajo es de cinco kilómetros. La start-up tiene por vocación también acudir en ayuda de las mamás que querrían pasearse con uno o dos hijos cargados en la bici; y ser un socorro también para las personas más mayores a los que les gustaría llegar más lejos, pero el cansancio de pedalear les puede. Como dice Laurent Durrieu, “hace que la tierra sea plana”.

La compañía fue creada en octubre del 2019 después de seis meses de investigación que tenían por objetivo encontrar una solución económica, simple, fácil de poner en práctica, que no supusiera una instalación fastidiosa porque eso echaría para atrás a los posibles usuarios, y sin cables ni necesidad de conectarse a la corriente. Así nació la rueda eléctrica y conectada, equipada con un motor de 250 vatios y con una batería de última generación. Se conecta por Bluetooth a una aplicación móvil de nombre homónimo y permite modular los niveles de asistencia al ciclista, del 20% al 99%, para gestionar el nivel de esfuerzo.

Solo en Francia se calcula que cada año se abandonan un millón de bicis

Una vez instalada y conectada, la rueda dispone de una autonomía de hasta 80 kilómetros y puede circular a una velocidad máxima de 25 kilómetros por hora, que es la velocidad máxima permitida a esta clase de vehículos en Francia. Dispone de un sistema de detención que sirve para desactivar el motor y funcionar, simplemente, como una clásica. También cuenta como un sistema de empuje para dar una ayuda mayor al motor eléctrico al enfrentarse, por ejemplo, a una pendiente. Tarda cuatro horas en cargarse completamente y, con la compra, se adquiere también el cargador eléctrico, un antirrobo, un porta-teléfonos móviles y la llave necesaria para la instalación. La empresa ofrece una garantía de dos años.

Desde un punto de vista económico, resulta interesante su propuesta. Esta rueda resulta mucho menos onerosa que una bicicleta eléctrica que ofreciera las mismas prestaciones. El vehículo completo ronda los 2.000 euros de media, mientras que el complemento, por separado, cuesta 795 euros y puede adquirirse en tres o cuatro plazos. Es posible también financiarla durante meses a partir de 26,9 euros al mes. De momento están disponibles a través de su página web en Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Suiza, Luxemburgo y Portugal. Confío en que no tarden en rodar pronto también por España.

En la pasada Navidad, Teebike organizó dos talleres de reparación de bicicletas junto con la Fundación Apprentis d’Auteuil, en Clermont-Ferrand. Aprovecharon los cursos para formar a personas en riesgo de exclusión social en el oficio de mecánico. Como resultado, consiguieron reparar 500 vehículos de la flota pública de Clermont-Ferrand además de evitar 20 kilos de chatarra por unidad, es decir 10 toneladas en total. Y, para colmo, de todo ello se generaron nueve empleos. Se pusieron a la venta las reparadas, equipadas todas ellas con una rueda Teebike, por 800 euros. Regalo sostenible, responsable, ecológico… En dos palabras: “casi perfecto”.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS