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Planeta Futuro
Tribuna
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Solo con un uso sostenible de los recursos se podrá acabar con la pobreza

Mantener los niveles de vida y consumo de los países ricos obliga a hacerse con los bienes de otros países, que se convierten en territorios de sacrificio

Pobreza
El embalse de Cerrón Grande (El Salvador), lleno de basura, en septiembre de 2022.Alex Pena (Anadolu Agency/Getty Images)

Cada año conmemoramos, y cada vez más temprano, el llamado Overshoot Day, o Día de la Sobrecapacidad o del Sobregiro de la Tierra. Es el día en que el consumo y la demanda de recursos naturales por parte de la humanidad supera lo que nuestro planeta puede regenerar en un año. A nivel mundial, en 2023 ese día fue el 2 de agosto. En el año 2000, era el 15 de septiembre. En 1971 era alrededor del 25 de diciembre. El resto del año, vivimos hipotecando los futuros recursos del planeta. Al ritmo actual de consumo, a nivel global, estaríamos usando el equivalente a 1,7 planetas Tierra. Es la conclusión de la organización Global Footprint Network que, desde hace años, hace el seguimiento de nuestra huella ecológica.

La sostenibilidad ambiental sería ese punto de equilibrio en el que nuestro ritmo de consumo de recursos naturales a lo largo de un año fuera equiparable con la biocapacidad de la Tierra de regenerar estos recursos y absorber nuestros desechos en ese mismo periodo de tiempo. Actualmente, ningún país desarrollado cumple con este criterio de sostenibilidad. Por ejemplo, si todos los habitantes del planeta consumiéramos recursos al ritmo que lo hace Qatar, habríamos acabado con los recursos globales disponibles en un año en tan solo 42 días... Es decir, ¡necesitaríamos los recursos de nueve planetas para satisfacer nuestra demanda!

Si todos los habitantes de la Tierra consumiéramos recursos al ritmo que lo hace Qatar, necesitaríamos los recursos de nueve planetas para satisfacer nuestra demanda

El 11 de febrero fue el overshoot day de Qatar. Pero no hay que ir tan lejos: si todos consumiéramos al ritmo de Luxemburgo, los recursos del planeta se habrían acabado ¡el 20 de febrero! Si miramos los días de la sobrecapacidad de Dinamarca (16 de marzo), Bélgica (23 de marzo), Holanda (1 de abril), Austria (7 de abril), Finlandia (12 de abril), Suecia (21 de abril), Alemania (2 de mayo) y Francia (7 de mayo), es razonable preguntarnos: ¿es Europa sostenible en su estilo de vida y consumo? España, por ejemplo, no está lejos de los niveles medios de consumo de la Unión Europea. Hoy, 20 de mayo, ha llegado a su overshoot day, lo que significa que consume el equivalente a 2,8 planetas al año.

Pero si además vinculamos el ritmo de consumo de cada país con el nivel de vida de su población, medido en términos de Índice de Desarrollo Humano, la foto es más alarmante todavía. Los países menos avanzados son al mismo tiempo los más ambientalmente sostenibles porque su consumo de recursos está por debajo de la biocapacidad de la Tierra para producir lo que necesitan. Sin embargo, su población vive mayoritariamente en la pobreza, sin derechos básicos garantizados para vivir con dignidad. En el otro extremo, los países enriquecidos, cuya población tiene los mejores estándares de nivel de vida, acceso a derechos y vida digna, son altamente insostenibles en su ritmo de consumo de recursos naturales.

Los ciudadanos europeos vivimos con un estilo de vida y un ritmo de consumo absolutamente insostenible en términos de recursos naturales

Europa es uno de los grandes consumidores de recursos naturales, muy por encima de la capacidad real del planeta de producir tantos recursos y al ritmo requerido. Esto implica que los ciudadanos europeos vivimos con un estilo de vida y un ritmo de consumo absolutamente insostenible en términos de recursos naturales. Asimismo, para mantener este ritmo, es necesario, sí o sí, quitar recursos a otros habitantes de otras latitudes. Solo es posible mantener nuestros niveles de vida y consumo a costa de hacernos con los recursos de otros países. África, parte de Asia y Latinoamérica se convierten, una vez más, en fuentes de recursos naturales, imprescindibles para garantizar el bienestar de los ciudadanos de los países altamente desarrollados... La población europea no llega ni al 6% del total de la población mundial.

¿Es posible vivir de otra manera, basados en la economía de la suficiencia o de las necesidades, y no en la economía del crecimiento y del consumo sin límite? ¿Es ético vivir con un estilo de vida y de consumo que requiere forzosamente de la apropiación de los recursos necesarios para que personas de otras latitudes puedan vivir dignamente? ¿Qué tipo de comercio mundial y de economía son necesarias y compatibles con un mundo socialmente justo y ambientalmente sostenible?

Podemos intentar responder a estas preguntas o ignorarlas, pero la realidad está ahí y nos interpela. Redes latinoamericanas como la Red Panamazónica o la Red Iglesias y Minería, con las que trabaja Manos Unidas, nos recuerdan que ese modelo de desarrollo —con sus normativas y sus prácticas enmarcadas en el paradigma económico del crecimiento ilimitado— no hace más que seguir expoliando los recursos naturales, provocando la destrucción de ecosistemas lejanos, contaminación, deterioro ambiental, violación de territorios ancestrales, de derechos humanos, de derechos colectivos de pueblos indígenas... De este modo, se convierten en territorios de sacrificio, para que los del Norte podamos seguir haciendo la transición energética, verde, limpia y sostenible.

Construir sociedades justas, solidarias y sostenibles pasa por una revisión crítica y transformadora de nuestros modelos de producción y consumo y de estilos de vida, tal como planteó la comunidad internacional en el Objetivo de Desarrollo sostenible (ODS) 12. Esto afecta a la economía, al comercio y al tipo de relación que establecemos con los países del Sur.

Para conseguir luchar contra el hambre y la pobreza tenemos que ser capaces de cuidar del medio ambiente y de los ecosistemas, así como de hacer un uso sostenible de los recursos disponibles. Eso nos debería hacer reflexionar, movilizarnos y caminar hacia lo que queremos construir, como personas e instituciones. Solo podremos acabar con el hambre y la pobreza en el mundo si somos capaces de cuidar los recursos disponibles y preservar los ecosistemas, los cercanos y los lejanos, para garantizar una vida digna para todos, allí donde estén.

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