Opinión
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Generación Covid: nuestra responsabilidad con el futuro de América Latina y el Caribe

Es imprescindible combinar el conocimiento relevante y las habilidades prácticas con las necesidades del mercado laboral para no perder una generación de jóvenes

Alumnos de un colegio público de Montevideo que forma parte del Plan Ceibal de Uruguay.
Alumnos de un colegio público de Montevideo que forma parte del Plan Ceibal de Uruguay.PABLO PORCIUNCULA / AFP
Mercedes Mateo Díaz

Son aproximadamente 300 millones los jóvenes repartidos por toda la región de América Latina y el Caribe. La mayoría forma parte de la Generación Z o posmilenials, pero, de ahora en adelante, también podrían ser conocidos como la Generación Covid: niñas, niños y jóvenes a los que la pandemia ha pillado empezando, terminando o en medio de sus estudios. Más de un tercio de ellos viven en situación de pobreza y el coronavirus ha agravado aún más las dificultades de sus hogares, en una región en la que el 1% más rico acumula el 21% de los ingresos, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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En un contexto de baja movilidad social, la inversión en capital humano a través de la educación es la principal alternativa con la que cuentan los chicos de bajos ingresos para progresar socialmente. Tradicionalmente, se les ha ofrecido servicios básicos segmentados: los niños de ingresos medios y altos no estudian en los mismos centros educativos que los niños de bajos ingresos, ni tienen los mismos maestros, y no ven a los mismos médicos cuando están enfermos. Con puntos de partida tan desiguales, la covid-19 ha agudizado la desigualdad ya existente. ¿Cómo puede la región sacar partido del talento desaprovechado de esta generación y evitar así otra década perdida?

Desde marzo, muchos países han cerrado sus escuelas a causa del coronavirus, y millones de niños y jóvenes se quedaron además sin acceso al aprendizaje remoto. Académicamente hablando, esto ha supuesto que muchos estudiantes hayan perdido ya medio año de escuela (y, desafortunadamente, muchos continúan haciéndolo). También significa que muchos estudiantes no volverán al colegio porque han perdido la motivación o se han visto forzados a dejarlo para ayudar económicamente a sus familias.

La pandemia se traducirá en el abandono de las escuelas de un millón de jóvenes y en una mayor brecha de aprendizaje de dos años de diferencia entre entre ricos y pobres.

Sobre cifras que indicaban que solo un 60% de los estudiantes de bajos ingresos acceden a la secundaria, el BID estima que, adicionalmente, un millón de jóvenes abandonará sus estudios debido a la pandemia. En términos académicos, nos enfrentamos a importantes pérdidas de aprendizaje que podrían traducirse en un incremento de las desigualdades socioeconómicas, dado que los estudiantes de altos ingresos sí han continuado aprendiendo. Esto podría suponer una diferencia de dos años en aprendizajes entre niños ricos y pobres. La pérdida de aprendizaje acumulada durante este periodo podría asociarse también con una pérdida de ingresos individual de alrededor del 6%, lo que algunos estudios cuantifican en 10 billones de dólares –más de 8,4 mil millones de euros– de ganancias perdidas durante toda la vida para esta generación.

¿Cómo cambiamos el destino de la Generación Covid?

América Latina y el Caribe tiene hoy un imperativo histórico para revertir este legado y no puede postergarlo más. La solución pasa por ofrecer oportunidades educativas y económicas reales a esta generación que de otra manera vivirá peor que la de sus padres.

Hay que comenzar a invertir seriamente en capital humano, replanteándonos cómo generar oportunidades reales de formación y aprendizaje que acaben con la segmentación existente. Los sistemas educativos actuales no son igualadores. Y deberían serlo. Existen nuevas propuestas que vienen de fuera del sistema formal y que, a pesar de operar desde el sector privado, están proporcionando oportunidades reales a los jóvenes que se matriculan en sus programas. ¿Por qué? Porque ofrecen una combinación de conocimiento relevante y habilidades prácticas alineadas con las necesidades del mercado laboral. También ofrecen facilidades de financiación que democratizan el acceso en las que, por ejemplo, los estudiantes no pagan hasta que han encontrado su primer empleo.

Debemos ofrecer a los estudiantes las competencias que necesitan para los trabajos y emprendimientos del futuro. Habilidades que son ahora más importantes que nunca para los estudiantes porque la transformación digital tiene mucho más que ver con las personas y el talento que con la tecnología. Se estima que la covid-19 ha aumentado en más del 12% el desempleo en la región. Las verdaderas oportunidades educativas tienen que venir de la mano de oportunidades económicas. Sin embargo, sigue existiendo una gran brecha de habilidades entre lo que producen los sistemas de formación y lo que el mercado laboral demanda. Sabemos que la innovación es un motor fundamental del crecimiento y la prosperidad, pero no es fácil competir e innovar en un mundo digitalizado si no existe capital humano que lo respalde.

No es fácil competir e innovar en un mundo digitalizado si no existe capital humano que lo respalde.

Es preciso incorporar la tecnología de forma seria y responsable en los procesos de educación y aprendizaje, comenzando por la conectividad. Miguel Brechner, uno de los artífices del Plan CEIBAL en Uruguay, fue una de las primeras personas de la región en referirse a la conectividad como un derecho. Hoy sabemos que el hogar “desconectado” no ha podido estudiar, trabajar, hacer gestiones o ni siquiera informarse sobre lo que estaba pasando. Pero el acceso a las oportunidades económicas y educativas va más allá de la conectividad: implica brindar a los jóvenes las herramientas adecuadas para gestionar las oportunidades que les ofrece la tecnología tanto a nivel personal como social.

Preparar a niños y jóvenes para triunfar en un futuro incierto

Hay que fortalecer el ecosistema a través de alianzas con el sector privado. Hoy tenemos una responsabilidad histórica con la Generación Covid: preparar a niños y jóvenes para triunfar en un futuro incierto. La pandemia ha dejado al descubierto el drama de la desigualdad. América Latina y el Caribe ya tuvo una década perdida: no puede asumir ahora una generación a la deriva. Lo que cada vez va a ser más difícil de gestionar desde el punto de vista del gobierno, es que emprendimientos privados estén muchas veces contribuyendo más a la generación de oportunidades de los más vulnerables que los servicios que se financian con recursos públicos.

Precisamente para contribuir a ese ecosistema, surgió la Coalición por las Habilidades del Siglo XXI. Se trata de una alianza formada por 35 actores públicos y privados líderes en el sector con el firme compromiso de que cada uno contribuya, desde sus respectivos ámbitos de acción, a generar oportunidades de capacitación y empleo, y a brindar a los jóvenes de la región las habilidades necesarias para una verdadera inclusión económica.

Mercedes Mateo Díaz es especialista líder de educación del BID.

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