Opinión
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Cuando los ODS no solo no pierden actualidad, sino que ganan urgencia

La Agenda 2030 es más necesaria que nunca para responder a los efectos devastadores de la crisis de la covid-19 porque harán falta ambiciosos programas de recuperación económica y social

Unos funcionarios realizan un censo demográfico en el pueblo de Boma, donde viven tibetanos reubicados desde zonas de gran altitud, en la Región Autónoma del Tíbet, China, el 16 de octubre de 2020. Durante las últimas cuatro décadas, China asegura haber sacado de la pobreza a más de 800 millones de personas y planeaba erradicar la pobreza extrema para fines de este 2020.
Unos funcionarios realizan un censo demográfico en el pueblo de Boma, donde viven tibetanos reubicados desde zonas de gran altitud, en la Región Autónoma del Tíbet, China, el 16 de octubre de 2020. Durante las últimas cuatro décadas, China asegura haber sacado de la pobreza a más de 800 millones de personas y planeaba erradicar la pobreza extrema para fines de este 2020.ROMAN PILIPEY / EFE

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas constituyen el programa de transformación más ambicioso que haya adoptado la humanidad a lo largo de su historia. No solo como reacción a los riesgos derivados de la desigualdad social y la insostenibilidad ambiental que amenazan a nuestro mundo, sino como proyecto común de convivencia para la paz y la prosperidad pensando en las personas y el planeta.

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Pero hay quien se pregunta si esta Agenda no se ha convertido en una declaración de buenas intenciones de Naciones Unidas ―una más― sin efecto práctico alguno y si, tal vez, han quedado fuera de lugar en medio de una pandemia universal. Nada más lejos de la realidad. Entre las muchas lecciones de la pandemia, la primera es la importancia de garantizar una vida sana y el bienestar, como enuncia el ODS 3, que incluye la meta de lograr una cobertura sanitaria universal. La covid-19 nos ha enseñado que aquellos países más cerca del cumplimiento de los ODS han estado en mejores condiciones de afrontar la crisis provocada por esta enfermedad.

Los Estados que disponían de amplios sistemas de salud y de protección social han podido responder mejor no solo a las necesidades de atención sanitaria, sino también a los devastadores efectos económicos y sociales de la pandemia. En la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hemos estimado que el 94% de los tres mil millones de trabajadores en el mundo ―de los que dos mil millones son informales, sin contrato ni protección social― desarrollan su labor profesional en países que han adoptado medidas de confinamiento. El volumen de horas de trabajo perdidas en el pasado trimestre equivalen a 495 millones de empleos a tiempo completo. Aquellos que residen en países con sistemas de protección social y sus empresas han quedado protegidos ―en España, por ejemplo, a través de los ERTE― pero los informales afectados no solo han perdido su empleo, sino también cualquier tipo de ingreso, cayendo de un día para otro en la pobreza más absoluta.

La Agenda 2030 es de plena actualidad porque ha llegado su momento, en un mundo en transformación, para inspirar las políticas de recuperación, que son las que van a liderar este cambio

Precisamente, para responder mejor a estos efectos devastadores, que perdurarán después de la pandemia, los ODS son más necesarios que nunca. Porque harán falta ambiciosos programas de recuperación económica y social. En este contexto, en palabras del Secretario General de Naciones Unidas en su mensaje sobre el 75 aniversario, estas metas constituyen un modelo inspirador para una mejor recuperación. Es decir, no solo no pierden actualidad, sino que ganan urgencia.

Habrá que actualizar la senda de cumplimiento a la nueva realidad, más exigente. Porque la pobreza y el hambre que nos proponemos erradicar en los Objetivos 1 y 2 está creciendo de manera alarmante y porque otras muchas metas, como la erradicación del trabajo infantil para 2025, puede verse ya comprometida.

Pero sobre todo, la Agenda 2030 es de plena actualidad porque ha llegado su momento, en un mundo en transformación, para inspirar las políticas de recuperación, que son las que van a liderar este cambio. Estamos asistiendo a un verdadero cambio de época, que ya se prefiguraba antes de la pandemia, cuyas fuerzas motoras se encuentran en mega-tendencias como la revolución tecnológica digital, la robotización y la inteligencia artificial que están reconfigurando las formas de producir, trabajar y consumir; la transición energética y ecológica, imprescindibles para evitar un cambio climático catastrófico y un colapso socio-ambiental de alcance civilizatorio; o la irrupción de las demandas de cambio para la igualdad de género que han venido para quedarse y para modificar nuestras relaciones sociales. Es un proceso imparable cuyas implicaciones económicas, sociales y laborales desde la OIT hemos estudiado bien en el marco de nuestro Centenario y de los debates sobre el Futuro del Trabajo. Tras la pandemia, la agenda de cambio se va a ver relanzada por las medidas económicas extraordinarias que se adopten para salir de la crisis y facilitar la recuperación.

En este contexto, con los planes de recuperación iniciándose en muchos países, para los ODS ―que son, no lo olvidemos, una agenda intergubernamental― ha llegado la hora de la verdad. Porque es el momento de alinear las políticas de recuperación con dichos objetivos.

Las políticas sociales y salariales de los sectores público y privado tendrán que alinearse con el Objetivo 1 para acabar con la pobreza y dar cobertura de protección social a los dos mil millones de trabajadores informales que no la tienen; las políticas de salud tendrán que alinearse con la meta de dar cobertura sanitaria universal antes mencionada; las políticas de igualdad de género del ODS 5 tendrán que concretarse también en los planes de igualdad de las empresas y en los cuidados; las políticas de recuperación industrial tendrán que orientarse no solo por el Objetivo 9, sino también por el 6 del agua, el 7 de la energía, el 8 sobre el trabajo decente, el 12 sobre producción y consumo sostenibles y el 13 sobre cambio climático… Y así podríamos seguir con todas las políticas sectoriales y con todos los ámbitos, público y privado.

El conocimiento de los ODS sigue siendo limitado y los procesos de alineamiento de las políticas gubernamentales con tales objetivos y de implicación empresarial han sido, por el momento, más declarativos que reales

Desde 2015, la ejecución práctica de la Agenda 2030 se ha centrado, por un lado, en elaborar unos indicadores de cumplimiento efectivo que facilitaran el rendimiento de cuentas, lo que ha permitido la presentación formal de los informes de evaluación por país. Paralelamente, se ha hecho un notable esfuerzo por dar a conocer los ODS, involucrar a toda la toda la sociedad e implicar a todas las instituciones públicas y privadas. Está bien, eso era absolutamente imprescindible. Pero el conocimiento sigue siendo limitado y los procesos de alineamiento de las políticas gubernamentales con tales objetivos y de implicación empresarial han sido, por el momento, más declarativos que reales. Ahora ―insistimos― con los planes de recuperación iniciándose, llega el momento de la verdad. Porque es la hora de vincular y alinear de verdad los programas de recuperación con los ODS. Meta a meta, indicador a indicador.

Una agenda nueva –y esta lo es– requiere también nuevos e innovadores instrumentos, porque los del pasado o no sirven o son insuficientes. Porque los efectos disruptivos del cambio afectarán miles de millones de personas, a sus formas de trabajar, producir y consumir y a sus relaciones sociales. Habrá que avanzar hacia un nuevo contrato social y renovar casi todo, desde las normas a los incentivos, para estimular y acompañar las transiciones, para que generen nuevas oportunidades y nuevos empleos con trabajo decente, para que nadie se quede atrás y configuren una transición justa, socialmente justa y ambientalmente sostenible.

Joaquín Nieto es director de la Oficina de la OIT para España.

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