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TRIBUNA

Lealtades peligrosas en torno a Trump

En Estados Unidos, estamos siendo testigos de la complicidad con el proyecto iliberal trumpista por parte de quienes debían defender la Constitución de los abusos de poder

Una pancarta con imágenes de Alex Pretti y Renee Nicole Good colocada en un memorial improvisado en el lugar donde Pretti fue asesinado, en Minneapolis, Minnesota (EE UU), el pasado 28 de enero.Seth Herald (REUTERS)

A veces quiero escribir, “pero me sale espuma” como reza un verso del poeta boliviano Pedro Shimose. Después de unas semanas dolorosas en España con el mortal accidente de trenes en Adamuz, ese percance de la vida y de las máquinas que, sin aviso, repartió el luto inesperado a tantas familias, leo sobre el asesinato por agentes de ICE en Estados Unidos de Alex Pretti. Pretti trató de interceder por una mujer que estaba siendo maltratada por los agentes de ICE. Ellos lo agredieron a él. En menos de 20 minutos a lo sumo, seis agentes lo inutilizaron, lo pusieron boca abajo en el suelo, le sacaron un arma que él portaba legalmente y ya tirado en la calle, incapaz de moverse, le descargaron diez balazos a quemarropa.

Uno de los planteamientos más enfáticos del Proyecto 2025 de la Heritage Foundation, cuyos predicados están marcando las políticas de la actual administración, era que el presidente, para quien construyeron esa plataforma, debía actuar con la mayor celeridad para cambiar el personal de las instituciones del Gobierno por personas leales que defendieran y suscribieran las políticas que se impondrían. Así lo hizo Trump y estamos siendo testigos de la complicidad de quienes debían defender la Constitución de los abusos de poder.

Tanto la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, como Gregory Bovino que dirigía ICE, como Stephen Miller, asesor de Seguridad y brazo político de Trump, no esperaron que se investigara el suceso. Al tiempo que impedían una investigación policial, declararon al unísono que si Pretti portaba un arma (uno de los derechos “sagrados” en Estados Unidos) era porque intentaba llevar a cabo una masacre. El arma por cierto ya se la habían quitado cuando lo tiraron al suelo, y él no la había sacado o amenazado a nadie con ella. Pretti ― deportista y enfermero de urgencias de un hospital de veteranos de guerra― fue descrito por la propaganda de la administración Trump como un peligroso individuo, un terrorista, contra el cual los agentes de ICE no tuvieron más remedio que actuar con violencia. La intención de estas acusaciones sin base real era justificar un acto salvaje y homicida. El mismo discurso que convierte a la víctima en victimario se lo aplicaron a Renee Nicole Good, la otra persona asesinada a quemarropa y acusada falsamente de ser “una activista de izquierda intentando arrollar a un agente de ICE”

Es lamentable comprobar cómo estos personajes “leales” a Trump transgreden las reglas de la verdad y la decencia para mentirle a la población y presentar a villanos como héroes.

La reacción ante la ejecución de Pretti de los pobladores de Minnesota y de muchas figuras públicas, incluyendo algunos senadores republicanos; la lluvia de videos contradiciendo con la realidad la versión malversada de los personeros del Gobierno ha sido de tal magnitud que al fin en esta semana parece que Trump se ha preocupado. Lo que no sabemos es si su preocupación se traducirá en cambios sustanciales en la forma violenta y agresiva con que ICE ha llevado a cabo una verdadera cacería desde que miles de sus agentes fueron destinados a las ciudades del país.

Una de las características sobresalientes de la historia democrática de EE UU ha sido la presencia de ánimo y el coraje de personas cuya rectitud y principios han impedido los desmanes y desviaciones de presidentes y otros poderosos. Hombres y mujeres en distintas épocas se han negado a transigir con las demandas de superiores de contravenir los principios democráticos. Esa ha sido una de las fortalezas de esa nación.

Para mencionar algunos recientes: en Georgia, en las elecciones que perdió Trump en 2020, el secretario de Estado, Brad Raffensperger se negó a la solicitud de Trump de pasarle más de 11.000 votos a él para ganar el Estado. El vicepresidente Mike Pence desató la ira de Trump cuando validó en el Congreso, el 6 de febrero, el triunfo de Joe Biden en la elección presidencial.

Trump ha cargado los dados a su favor nombrando a puestos fundamentales a personas con dudosas calificaciones políticas y morales, pero dóciles a su voluntad. Incluso la famosa y supuestamente impecable Corte Suprema estadounidense está ahora dominada por seis magistrados favorables a sus designios y prestos a defender su poder.

Durante la administración de Richard Nixon, la Pam Bondi de entonces, el Fiscal General Elliot Richardson, se negó a despedir a Archibald Cox, el fiscal especial que abrió causa a prueba a varios en la Casa Blanca. El juez John Sirica se negó a aceptar la historia oficial de lo que se intentó pasar como un simple robo en el Watergate. No descansó hasta destapar la verdad. Forzó a Nixon a entregar las grabaciones que probaban su culpabilidad. Daniel Ellsberg fue otro que filtró los Papeles del Pentágono en 1971 revelando años de desinformación sobre la Guerra de Vietnam. En el equipo de Trump, en cambio, personas que fueron públicamente críticas de sus maniobras se han convertido en dóciles ejecutores de sus antojadizos y peligrosas disposiciones, deponiendo la obligación que tendrían de interceder no solo por su propio país, sino por proteger las relaciones internacionales que han mantenido la estabilidad del mundo en los últimos 80 años.

Como me decía alguien, no hay un adulto en la sala cuando el narcisista mandamás de la Casa Blanca despliega militares en sus ciudades, arremete contra el orden mundial, abandona instituciones plurinacionales o intenta sustituirlas con otras donde pretende imponer su dominio personal.

El miedo a las represalias, a perder el favor de Trump o a plantarle cara con firmeza a sus impredecibles impulsos, pone en riesgo no solo el predominio de la razón, sino los valores civilizadores que han permitido a la humanidad conservar la paz y el respeto mutuo. Es importante en estos tiempos rescatar de la memoria a esos héroes cívicos en la historia del mundo que con su valentía y decencia nos recuerdan la influencia y el poder de la dignidad para fortalecer la voluntad colectiva. Esas personas han tenido, a menudo, que pagar altos precios personales. Su ejemplo, sin embargo, sigue siendo inspiración y fuerza para generaciones. Sus acciones no fueron en vano. No lo olvidemos.

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