El ‘neopaquismo’
El piso milenial tiene muebles de Ikea, paredes sin gotelé, ‘funkos’, mapamundis, una tele enorme, cocina abierta y despacho


La mejor columna de la semana la ha escrito un tal Mr. Pistacho en Forocoches (Mihura en X) y va sobre decoración, así que me limitaré a difundir sus enseñanzas. Trata sobre el estilo de nuestra época, el neopaquismo, que se define por la reacción al paquismo de la Transición y el franquismo (paredes de gotelé, suelos de terrazo, muebles de madera maciza oscura, fotos de la familia, distribución pasillera). Por contra, el piso neopaco de las generaciones posteriores consta de los siguientes elementos: primero, mobiliario de Ikea —con mención especial a Billy, Kallax, Malm y Bestå—; segundo, paredes lisas sin rastro de gotelé; tercero, referencias a viajes y cultura pop, con funkos, videojuegos, elefantes de madera comprados en Tailandia y láminas de budas y mapamundis; cuarto, una tele enorme que ocupa el centro del salón; quinto, una cocina americana para crear la ilusión de espacio abierto, y sexto, despachos de teletrabajo en lugar de habitaciones infantiles.
La sabiduría popular forocochera ya había descrito y nombrado el fenómeno, pero Mr. Pistacho va más allá al darle un significado: Ikea es la consecuencia de demasiadas mudanzas y no poder permitirse muebles duraderos; las paredes lisas se llenan de roces cuando no hay tiempo o dinero para mantenerlas; las referencias identitarias y al consumo de experiencias toman el lugar de los retratos de los seres queridos; el ocio se organiza en torno a la pantalla y no al contacto con los demás; las cocinas no son para cocinar; la existencia de los niños y sus espacios no se presupone; y los lugares íntimos han sido desplazados por el teletrabajo. “El neopaquismo no es solo una elección estética libre”, escribe el forero. “Es la consecuencia inevitable de las condiciones materiales de nuestro tiempo: alquileres caros, contratos temporales, movilidad laboral forzosa, natalidad aplazada o directamente cancelada, y atomización social. Donde el paquismo era feo pero honesto, una estética de clase trabajadora que aspiraba a la estabilidad, el neopaquismo es bonito pero vacío. Promete modernidad, amplitud, libertad, pero lo que realmente refleja es la vida de quien no puede permitirse (o le da miedo) echar raíces (...) Con toda su blancura y limpieza escandinava, es también la estética de la renuncia. Renuncia a la permanencia, a la comunidad, a la familia, al barrio. Renuncia, en definitiva, a la idea misma de hogar. El neopaquismo es, en el fondo, un interiorismo para una vida que aún no ha empezado del todo y que quizá nunca empiece”.
La cultura digital crea fábulas con el objetivo de siempre: advertir contra un nuevo peligro mediante una historia memorable. Años antes del pinchazo de la burbuja inmobiliaria en 2008, los foros españoles Forocoches y Burbuja.info fueron avisando del descalabro creando su propio folclore. Entonces nacieron el pasapisero (el que compra barato para vender caro), el lonchafinista (quien pide en la charcutería que le corten el jamón york lo más fino posible porque está entrampado con la hipoteca), Pepito Relámpago (el hombre que construye un castillo en el aire y acaba asfixiado por la deuda) o Pepita Nuncabaja (la mujer convencida de que los pisitos nunca pierden valor y descubre lo contrario), estos últimos personajes trágicos inventados por el bloguero Alberto Noguera. Todos ellos acabarían arrasados por la economía. Ahora los protagonistas de las mitologías de internet son Charo, Paco, Neopaco, Milenia. Es decir, volvemos a ser nosotros.
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