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TRIBUNA
Columna
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El ‘error’ de Feijóo de evitar a ETA en campaña

Las críticas al líder del partido tras al resultado electoral ilustran la dificultad del PP para tener un proyecto coherente en los territorios con reivindicaciones nacionalistas

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (izquierda), flanquea al candidato popular a lehendakari, Javier de Andrés, durante un acto en la pasada campaña para las elecciones vascas.
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo (izquierda), flanquea al candidato popular a lehendakari, Javier de Andrés, durante un acto en la pasada campaña para las elecciones vascas.Juan Herrero (EFE)
Estefanía Molina

Alberto Núñez Feijóo estuvo a punto de consolidar su giro amigable con el nacionalismo en estas elecciones vascas. En cierto momento del recuento, Vox se quedó fuera del Parlamento. Y ello habría supuesto un espaldarazo a la campaña electoral del PP vasco, basada en una especie de regionalismo light o moderado cercano al PNV, haciendo pivotar su crítica solo sobre la gestión económica. Pero la ultraderecha logró un escaño y algunas voces estallaron en Madrid culpando a Génova por haber hecho una campaña blanda, y no una afrenta identitaria hablando de ETA.

Y es que Feijóo parece en examen constante desde que no logró ser presidente el pasado 23-J. La última prueba fueron las elecciones en Galicia, donde una eventual pérdida de la mayoría absoluta habría cuestionado su liderazgo. Pero le salió bien la jugada: el líder popular se impuso gracias a la línea galleguista o ruralista del PP regional, y pese a la irrupción —casualmente— de la polémica por el indulto condicionado a Carles Puigdemont. Feijóo ya habrá asumido que si quiere gobernar España no debe levantar ampollas en los territorios con reivindicaciones nacionales, o entre los partidos que allí gobiernan. Quizás por eso repitió la estrategia pragmática en Euskadi para acercarse a los peneuvistas, si daban los números, o para beber de su electorado.

Así que el candidato del PP vasco, Javier de Andrés, hizo lo que el resto de partidos: pasar de puntillas por la cuestión de ETA, y centrarse en la economía o los servicios sociales. En verdad, hasta que Pello Otxandiano no mostró su incapacidad de condenar a la banda terrorista, el tema no había irrumpido de lleno en campaña. He ahí la doble moral de un PP que ha hecho del “que te vote Txapote” su bandera en Madrid, o de quienes han ganado votos indirectamente con ese mantra. La decisión del PP de Feijóo de no hablar del terrorismo olía a calculada.

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Precisamente, los altavoces de la derecha madrileña dieron cuartelillo al discurso blando en los días previos, aún a sabiendas. La propia Ayuso había desfilado por Euskadi sin levantar la habitual polvareda. Pero una vez acabada la votación, varios medios de comunicación ardieron de enfado, y ETA volvió a ser otro ariete de los populares contra el Gobierno. Aunque también hizo lo propio la izquierda: tras las duras críticas del PSOE a Otxandiano, Bildu fue devuelto ayer al bloque progresista de la mano de Pedro Sánchez.

En consecuencia, las elecciones vascas arrojan una hipótesis de fondo: si sus partidos, mayoritariamente, creyeron que el campo de debate político debía ser la gestión económica —y no tanto la pugna identitaria o el terrorismo— quizás sea porque la sociedad vasca manifiesta una voluntad firme de mirar al futuro o de intentar sobreponerse del pasado. Tanto es así, que la polémica de Otxandiano resonó más fuerte en los medios nacionales que en los vascos, pasando fugazmente por sus debates del tramo final de la campaña. Fueron sintomáticas hasta ciertas críticas a Vox desde la derecha madrileña por haberse centrado más en la inmigración que en ETA. En definitiva, el auge de Bildu no es el único síntoma de cambio generacional en Euskadi.

Ello conduce a una reflexión dentro del PP vasco: qué línea seguir a futuro. Ya en 2019, cuando Alfonso Alonso sonaba como posible candidato, sugirió la idea de adoptar un discurso “foral” como el de estas semanas para robar votos al PNV. En cambio, Pablo Casado era más cercano a los postulados de aquel PP de María San Gil o de Jaime Mayor Oreja, y apostó por Carlos Iturgaiz para recuperar las esencias más combativas de la formación frente al nacionalismo o el pasado etarra. Ya entonces, la idea de un PP “regional” en Euskadi chirriaba demasiado.

Con todo, la polémica sobre si mencionar a ETA ilustra la dificultad del PP de tener un proyecto coherente en los territorios con reivindicaciones nacionalistas. La prueba está en que el candidato popular en Cataluña, Alejandro Fernández, buscará confrontar con el independentismo, más todavía después de las críticas a la campaña vasca. Ahora bien, la permanencia de Fernández al frente de la lista ha sido más por necesidad que por convicción de Génova 13. Basta ver el perfil bajo de Feijóo en la fiesta de Sant Jordi: preguntado sobre si quería que Puigdemont fuera a la cárcel respondió que su única pretensión es que no hubiera una casta de políticos con privilegios legales.

No es fácil acertar para la derecha en Cataluña o Euskadi. Algunos analistas de Euskal Telebista afirmaron a la mañana siguiente de los comicios que el “error”, en verdad, había sido llevar a Feijóo o Ayuso a hacer de teloneros del candidato de los populares. “Hasta entonces, el PP seguía un discurso coherente, presentándose como la única alternativa que no formaba parte del bloque de poder de La Moncloa”, aseguraban. Qué distinto se entiende todo en la España de fuera de la M-30. Y solo el tiempo dirá si el discurso del PP de Feijóo no fue tanto un giro pasajero como una forma consciente de intentar mirar al futuro: la prueba de que incluso en la derecha algo puede estar cambiando.

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Sobre la firma

Estefanía Molina
Politóloga y periodista por la Universidad Pompeu Fabra. Es autora del libro 'El berrinche político: los años que sacudieron la democracia española 2015-2020' (Destino). Es analista en EL PAÍS y en el programa 'Hoy por Hoy' de la Cadena SER. Presenta el podcast 'Selfi a los 30' (SER Podcast).
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