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tribuna
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La humilde despedida de Li Keqiang

El modesto objetivo de crecimiento establecido por el primer ministro saliente es coherente con el desarrollo de un modelo sostenible que da prioridad a la creación de 12 millones de empleos

China
El presidente chino, Xi Jinping, habla con el primer ministro entrante, Li Qiang, durante la reunión de la Asamblea Popular Nacional, este viernes en Pekín.MARK R. CRISTINO / POOL (EFE)

En un contexto que debería ser extremadamente favorable por la reapertura de la economía china después de tres años de implantación de la política de covid cero, el primer ministro saliente de China, Li Keqiang, se ha despedido con una humilde meta de crecimiento del PIB para 2023 de tan solo el 5%, frente al 5,5% anunciado para 2022. Un objetivo tan conservador contrasta con la euforia de las semanas que siguieron a la repentina apertura de la economía en los primeros días de diciembre, así que la pregunta que nos hacemos es por qué.

En primer lugar, el Gobierno chino, especialmente el primer ministro entrante, Li Qiang, no quiere arriesgarse a incumplir el objetivo de crecimiento, como le sucedió a Li Keqiang en 2022, cuando la economía china apenas aumentó un 3%. Aunque el consumo se está recuperando, la demanda externa sigue siendo débil y es difícil saber si la inversión privada realmente llegará a contribuir positivamente al crecimiento este ejercicio, dadas las dudas sobre el papel del sector privado en la economía china y el sentimiento cada vez más cauteloso por parte de los inversores extranjeros. Además, el sector inmobiliario sigue lastrando a la baja el crecimiento y es posible que siga así durante mucho más tiempo.

En segundo lugar, el Gobierno chino no parece dispuesto a impulsar una política fiscal excesivamente laxa para garantizar un mayor crecimiento, porque conllevaría una acumulación adicional de deuda pública que ya ha alcanzado niveles sin duda preocupantes (notablemente superiores a los de Estados Unidos o la Unión Europea si se consolidan todos los actores públicos, incluidas las empresas). Por último, en términos de política monetaria, el espacio que le queda al banco central chino para apoyar la economía es siempre más limitado, dado el renovado empuje de la Reserva Federal estadounidense en subir tipos. Más allá de la meta de crecimiento, el Gobierno parece decidido a impulsar un cambio estructural en la economía china, profundizando en la sostenibilidad, sobre todo en lo que se refiere a mitigar los efectos del cambio climático y la seguridad alimentaria. Este nuevo enfoque orientado a la calidad del crecimiento no podría llegar en mejor momento, puesto que China ya no encuentra fácil crecer a ritmos elevados y, de empujar la máquina fiscal o monetaria, probablemente sólo conseguiría mayores desequilibrios financieros.

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En este contexto, la seguridad laboral se ha convertido claramente en uno de los objetivos más importantes de la nueva etapa. El informe final del Gobierno de Li Keqiang se centró en gran medida en la necesidad de crear puestos de trabajo, con un objetivo de generación de 12 millones de empleos, superior a los 11 millones fijados en los últimos cinco años, con la excepción de 2020 como consecuencia de los efectos de la covid-19. El objetivo de crear más empleo refleja la preocupación del Gobierno por la evolución del mercado laboral, especialmente para los trabajadores jóvenes, de los cuales casi el 20% estaban desempleados en la primavera de 2022. En otras palabras, el Gobierno quiere asegurarse de que el actual impulso de generación de empleo derivado de la reapertura se mantenga a lo largo de 2023.

La importancia de que Li Keqiang haya puesto el acento en su discurso más en la creación de empleo que en el crecimiento de la economía estriba en los difíciles tiempos que está viviendo el país, lo que explica por qué las autoridades chinas muestran más interés que nunca en reactivar la inversión directa extranjera, especialmente en sectores con alta generación de empleo. Los avances actuales hacia la diversificación de la cadena de suministro a nivel global no ayudarán a China a alcanzar el objetivo de creación de los 12 millones de empleos fijados por Li Keqiang en su informe anual. Parece claro que, aparte de las empresas extranjeras, el próximo primer ministro, Li Qiang, necesitará todo el apoyo del sector privado para conseguir generar ese nivel de puestos de trabajo, lo que probablemente explica la exhortación del presidente Xi Jinping hacia este sector, con un claro cambio en la narrativa.

El objetivo de crecimiento del 5% es, por tanto, coherente con los desafíos actuales a los que se enfrenta la economía china y con otorgar cada vez mayor importancia al crecimiento sostenible, más allá de una meta numérica concreta. La creación de más puestos de trabajo es parte esencial de la nueva narrativa de crecimiento de China, puesto que la falta de empleo, especialmente para los más jóvenes, puede representar una losa para el futuro de la economía del país, pero también para el partido. La clave de ese nuevo escenario la tiene el sector privado, vapuleado por la pandemia pero también por las medidas de control cada vez más rígidas por parte del Gobierno y, en menor medida, las empresas extranjeras que en un buen número de casos se están repensando su presencia en China en aras de una mayor diversificación.

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