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Tribuna
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Italia demuestra que la izquierda dividida no gana

Las elecciones de este domingo reflejan una remodelación del espacio progresista que favorece a la derecha: la socialdemocracia representa a clases medias urbanas y surgen otras fuerzas en defensa de los trabajadores

El candidato del PD, Enrico Letta, en un mitin en Roma el pasado viernes.
El candidato del PD, Enrico Letta, en un mitin en Roma el pasado viernes.ALBERTO PIZZOLI (AFP)

Las elecciones italianas de este domingo podrían llevar al Gobierno a la derecha procedente de la tradición fascista. Sería la primera vez no sólo en Italia sino también en Europa. Sin embargo, esto no es tanto un triunfo de la derecha como una derrota de la izquierda. De hecho, los porcentajes globales de apoyo al centroderecha y al centroizquierda no han variado mucho en los últimos meses. Lo que ha cambiado es la composición interna de las distintas coaliciones. En el centroderecha, se ha producido un fuerte crecimiento del partido Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, procedente del partido posfascista Movimiento Social, y el declive del partido La Liga de Salvini. En el centroizquierda, un descenso del Movimiento 5 Estrellas y un crecimiento del Partido Democrático (PD) antes de la campaña que ahora se invierte en un descenso del PD y un crecimiento del 5 Estrellas. Lo que cuenta en la victoria o la derrota es más bien el grado de unidad o desunión de los distintos bandos.

La derecha está unida en estas elecciones, y eso que hasta ahora estaba dividida entre Gobierno y oposición. Giorgia Meloni se había mantenido hábilmente al margen del Gobierno de Mario Draghi, lo que le ha permitido conectar con el descontento social. Pero esto no fue un gran problema para firmar un pacto de coalición con Forza Italia de Berlusconi y La Liga de Salvini. El centroderecha hace tiempo que aprendió a diferenciar al máximo su propuesta desde el punto de vista propagandístico, no escatimando a veces ni siquiera las polémicas internas, para proceder después a aliarse con los que antes habían sido objeto de furiosas controversias. El centroizquierda, por su parte, a pesar de que tanto el 5 Estrellas como el PD formaban parte del Gobierno, se presenta a las elecciones por separado. Esta división tendrá importantes consecuencias en el resultado de las elecciones. El sistema electoral llamado Rosatellum, que lleva el nombre de Ettore Rosato, un antiguo político del PD, ahora con Renzi, que desarrolló la ley electoral, premia enormemente las coaliciones. Un centroizquierda dividido, a pesar de tener un voto global más alto que la derecha, no es suficiente para tener más diputados.

Sin embargo, esta división no es sólo una cuestión táctica. Es el reflejo de una condición estructural, de una división entre diferentes clases y categorías sociales que los diferentes partidos representan. Se suponía que el Partido Democrático era el partido de la socialdemocracia que representaba a los trabajadores. Al fin y al cabo es el heredero del Partido Comunista y el ala izquierda de la Democracia Cristiana. Pero hoy es el partido más burgués, con un electorado concentrado en los grandes centros urbanos, con altos niveles de educación y ocupaciones de cuello blanco, profesionales y de gestión. Los trabajadores que votaban al PCI y al PSI se han convertido en pensionistas que votan al PD, mientras que sus hijos suelen tener ocupaciones de clase media que les sitúan en una posición de relativa riqueza. Al mismo tiempo, el PD ha dejado al descubierto al electorado trabajador, a los que trabajan por salarios muy bajos y a los que viven en la pobreza crónica, especialmente en el sur de Italia. Es a estas personas a las que apela el movimiento 5 Estrellas, y es para ellas a las que ha ofrecido medidas como la renta de ciudadanía, similar al ingreso mínimo vital. En otras palabras, el Movimiento 5 Estrellas ha ido a buscar a un electorado que en tiempos históricos normales habría votado por una opción socialdemócrata, pero que hoy carece de una opción socialdemócrata.

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Durante la campaña electoral, el exprimer ministro y ahora líder del Movimiento 5 Estrellas, Giuseppe Conte, ha hecho mucho hincapié en este aspecto social de su partido. Eligió como eslogan “en el lado justo”, atacó duramente a los políticos que, como Matteo Renzi, quieren eliminar la renta de ciudadanía, y adoptó palabras de moda que recuerdan al demócrata norteamericano Bernie Sanders y al laborista Jeremy Corbyn. Conte se ha encontrado con plazas llenas de seguidores, especialmente en el sur de Italia, que sufre las condiciones económicas más duras. El Movimiento 5 Estrellas ha crecido con fuerza en las encuestas hasta el punto de amenazar con superar al Partido Democrático. Esta situación ha obligado a Enrico Letta, del PD, que inicialmente había optado por una estrategia centrista, a cambiar a propuestas más progresistas, como las promesas de contratación en el sector público y la protección de los servicios públicos. Sin embargo, esta estrategia parece indecisa y poco sincera, sobre todo porque al principio de la campaña Letta se había presentado como la fuerza que apoyaría un nuevo Gobierno de Draghi dedicado a mantener el sistema y la estabilidad. La situación italiana es, pues, el reflejo de una remodelación de las fuerzas de centroizquierda que no es sólo italiana, sino mundial. Las viejas fuerzas socialdemócratas se han convertido a menudo en fuerzas de clase media, en peligro de perder el apoyo de las clases trabajadoras. Y están siendo presionados desde la izquierda, o más bien “desde abajo”, por nuevas fuerzas populistas que se presentan como portadoras de los verdaderos intereses del pueblo. El riesgo es que en esta remodelación del centroizquierda gane la derecha, como es probable que ocurra en Italia este domingo.

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