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Columna
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Empresarios y trabajadores, unidos por la democracia en Brasil

Varias iniciativas públicas reúnen a sectores diversísimos de la sociedad bajo una consigna: frenar atropellos autoritarios del presidente Bolsonaro

Una protesta contra Bolsonaro, este jueves en São Paulo.
Una protesta contra Bolsonaro, este jueves en São Paulo.Andre Penner (AP)

Mientras el presidente ultraderechista continúa sus embestidas y amenaza abiertamente con un golpe autoritario, miles de brasileños han lanzado este fin de semana un grito en defensa de la democracia. Por primera vez se han visto juntos a empresarios y trabajadores, sindicalistas, jueces y abogados, personas de todas las religiones y de todas las razas, unidos frente al ultraderechista Jair Bolsonaro.

Las manifestaciones y los diversos documentos leídos a favor de la democracia fueron una respuesta al vergonzoso encuentro de Bolsonaro días atrás con decenas de embajadores de todos los países, en el que el presidente puso en tela de juicio el sistema de voto de Brasil, justamente con el que él y tres de sus hijos fueron elegidos en 2018. La situación estaba muy bien definida en la editorial de hoy del diario O Estado de São Paulo: “Si el presidente Bolsonaro avergonzó profundamente al país al difamar la democracia brasileña ante los embajadores en Brasil, la respuesta de la sociedad en defensa de las elecciones y de la democracia ha enorgullecido y emocionado al país”.

El exministro de Justicia, José Carlos Días, que leyó el manifiesto de los empresarios y banqueros, afirmó: “Hoy es un momento luminoso en el que el capital y el trabajo se juntan en defensa de la democracia”. Y añadió: “Estamos aquí celebrando con alegría, con entusiasmo, el himno de la democracia”.

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Uno de esos varios manifiestos alcanzó, mientras se celebraba, un millón de firmas de lo más diverso de la sociedad: profesores, estudiantes, empleadas domésticas, magistrados y abogados, taxistas, médicos, enfermeros, policías, banqueros, industriales, gentes de la clase media y de las favelas. Al acabar el acto que se llevó a cabo en la Facultad de Derecho de la Universidad de São Paulo, con millares de personas fuera del edificio, todos juntos entonaron el himno nacional.

Se trató de una iniciativa inédita, parecida a las manifestaciones de Directas Ya, de los tiempos de la dictadura y a favor de las hoy amenazadas instituciones democráticas. El editorial de O Estado de São Paulo concluye: “A pesar de toda la escalada de violencia y amenazas de Bolsonaro contra la democracia, continúa existiendo un país altivo que no desea ser rehén de los autoritarios y que luchará para defender sus instituciones, sus elecciones y su democracia. Ese es el profundo y verdadero Brasil”. El diario Folha de São Paulo subraya que los actos a favor de la democracia fueron por primera vez “el pacto plural de diferentes generaciones que juntó por primera vez desde estudiantes de 19 años a un profesor de Derecho de 97 años que estaba presente al acto”.

En el encuentro de la Facultad de Derecho en São Paulo, Manuela Morais destacó que Brasil continúa luchando a favor de una democracia madura: “Nosotros, que éramos los otros, ahora hacemos parte de esta carta a los brasileños. Somos jóvenes, negros, periféricos, una nueva intelectualidad que es fruto de la escuela pública, de las quebradas y de las favelas”.

Las diversas cartas a favor de la democracia amenazada llegan en un momento determinante. La gran distancia que existía hasta ayer entre los dos candidatos a las presidenciales, Bolsonaro y el expresidente Lula da Silva, se ha empezado a encoger, lo que está preocupando a las fuerzas progresistas. Bolsonaro cuenta con la máquina del Estado y ha empezado a usar miles de millones de reales como acicate a votar en él.

El estancamiento en el apoyo a Lula, que durante meses no hizo más que crecer en las encuestas, está preocupando a los organizadores de una campaña que empieza dentro de unos días y que ya se antoja como una lucha titánica. Las redes sociales se han llenado de ataques sin piedad contra Lula, a quien hoy tratan de “ladrón” y “expresidiario”. Los cristianos evangélicos, que en su abrumadora mayoría apoyan a Bolsonaro, desempolvan viejos videos del expresidente –que se declara católico practicante– asistiendo a un rito religioso de la Umbanda africana en el que es bendecido. La imagen genera mucha polémica considerando que la esposa de Bolsonaro, que es una evangélica fervorosa, realiza sus propios ritos en el palacio presidencial para “echar a los demonios” de aquellas salas que el agún momento fueron “ocupadas por comunistas”.

En su propia campaña, Bolsonaro busca convencer de que es el mayor defensor de la libertad de expresión y que los medios de comunicación están “al servicio del capital”. Bolsonaro promete que él es el abanderado en la lucha del bien contra el mal, en el que el mal que asola a Brasil sería el comunismo, léase, Lula. Según el presidente, el gran error de la dictadura militar fue el no haber asesinado a 30.000 personas más, refiriéndose a las izquierdas que aparecen a sus ojos como los demonios que envenenan al país.

A las cartas leídas el domingo en todo el país a favor de los valores de la democracia, el presidente ha reaccionado con escarnio, llamándolas “cartitas” y jactándose que su única carta es la Constitución. Una falacia, ya que es justamente él quien no pierde ocasión de atacar a la Carta Magna, a la que pretende modificar para acabar con su carácter laico y convertirla en una Constitución evangélica. El lema bolsonarista es “Dios por encima de todo”. La gran pregunta es quién es ese dios en el que se inspira cuando añora la dictadura, defiende la tortura, siembra de odios al país, desprecia a la mujer y a los diferentes y está destruyendo la cultura, la enseñanza y la ciencia, mientras él y su esposa ven demonios vivos en todo lo que lleve el sello de los valores de la libertad de credos y de pensamiento.

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