ANATOMÍA DE TWITTER
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

A la playa con corbata

Si hacemos caso a algunos tuiteros, los comunistas nos obligarán a llevar camisas hawaianas y a comer tofu

Pedro Sánchez sin corbata
Pedro Sánchez sin corbataEduardo Parra (Europa Press)

Llevamos unos cuantos días hablando de corbatas en Twitter, y todo por un gesto del presidente de esos que, seamos sinceros, no sirven de gran cosa. El viernes se presentó en una rueda de prensa con traje, camisa y sin dicha prenda, y comentó que así podíamos ayudar a consumir menos electricidad.

Es verdad que la corbata da algo de calor, pero el gesto parecía inútil teniendo en cuenta que Sánchez dejó el atril para meterse en un helicóptero y volvérsela a poner, como le recordaron muchos en Twitter. Un poco como un médico fumador que recomienda abandonar el tabaco mientras se enciende un puro. No, si razón tiene, pero claro...

El debate sobre la corbata no es nuevo. En 2011, Miguel Sebastián, entonces ministro de Industria, ya defendía que quitársela en verano ayuda a bajar la potencia del aire acondicionado. Según Sebastián, por cada grado se consigue un 7% de ahorro energético. Pero si esto es cierto ¿por qué quedarse en la corbata y no seguir con la chaqueta? Hay gente que pasa frío en la oficina en pleno agosto porque hay dos o tres señores que creen que el traje es imprescindible.

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Y a lo mejor lo es. La cuestión es interesante: la moda dice mucho sobre la sociedad y la cultura en la que vivimos. ¿Debe un diputado llevar siempre corbata? ¿El traje se ha convertido en un uniforme de trabajo? ¿Se rendirán los rusos si nos ven en camiseta?

Pero la discusión en Twitter fue por otro lado. Además de las críticas al gesto de Sánchez, ocurrió algo que viene pasando desde hace un tiempo: cuando el Gobierno apuntó que estaría bien consumir menos carne, aparecieron fotos de tuiteros devorando chuletones; cuando habló de los riesgos del alcohol, las fotos eran de copas de vino, y cuando advirtió del peligro de consumir alimentos procesados, aparecieron imágenes de chocolatinas y gominolas. Cualquier recomendación del Ejecutivo se ha tomado como una prohibición que se tiene que reventar con fotos en Twitter. ¡Voy a comer donuts hasta que mi sangre sea melaza! ¡Hay que luchar contra el comunismo!

Con la corbata ha pasado algo parecido: alguno se ha fotografiado en bañador y con una corbata al cuello, y otros han propuesto ir a la playa llevando la prenda. José Manuel Soto, el cantante, tuiteó que la llevaría “hasta en el gimnasio”. Todo con el objetivo de demostrar… no sé muy bien qué. ¿Que el calor nos vuelve más irritables?

De hecho, al otro lado y al ver esta reacción, muchos bromeaban sugiriendo falsas advertencias del Gobierno, como la prohibición de “pasear con plumas, bufanda, gorra y guantes en las horas centrales del día” o que “tirarse de un rascacielos” es una “idea malísima”. También había quien parodiaba a los defensores de las corbatas: “La vecina que por qué le he puesto doce corbatas al perro, que lleva la lengua fuera y no puede más”.

Aquí la cosa ya no va de corbatas, sino de trincheras, y de interpretar cualquier declaración de la peor forma posible. Desde hace unos años, muchos definen sus opciones políticas no por el interés general ni por el egoísmo particular y ni siquiera a la contra, para defenderse de opciones peores. Algunos ya votan solo por fastidiar a los demás y aunque se fastidien ellos. Y digo “fastidiar” por no usar otro verbo que el Libro de Estilo de EL PAÍS desaconseja.

No creo que nadie vaya a la playa con esta prenda, pero tampoco me sorprendería ver a algunos con traje negro, siete corbatas anudadas, dos pajaritas y un sombrero de copa con la intención de jorobar a esos progres que nos quieren obligar a llevar camisas hawaianas y a comer tofu. Ya han dejado instrucciones para que en su epitafio ponga bien grande: “Murió deshidratado en defensa de la libertad”.

Sobre la firma

Jaime Rubio Hancock

Es el editor de boletines de EL PAÍS y columnista en 'Anatomía de Twitter'. Antes pasó por Verne, donde escribió sobre redes sociales, filosofía y humor, entre otros temas. Estudió Periodismo en la UAB y Humanidades en la UOC. Es autor del ensayo '¿Está bien pegar a un nazi?' (Libros del KO) y de 'El gran libro del humor español' (Arpa).

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