Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Respuesta energética de futuro

La UE tiene que reaccionar a la crisis de la guerra manteniendo sus planes de transición ecológica

Instalaciones de la planta regasificadora de Enagás en el puerto de Barcelona, en una imagen del 29 de marzo.
Instalaciones de la planta regasificadora de Enagás en el puerto de Barcelona, en una imagen del 29 de marzo.JOSEP LAGO (AFP)

El sexto paquete de medidas aprobadas el lunes por la Unión Europea para reducir en dos tercios la importación de petróleo ruso en la región dota de otro relieve al acuerdo alcanzado entre España e Italia para promover un nuevo gasoducto. El plan RepowerUE pretende reducir en un año la dependencia del gas ruso nada menos que en un 66% a través del incremento de importaciones de gas natural licuado, la creación de una plataforma europea para la compra común y la construcción de nuevas infraestructuras. Entre estas, aparece como “corredor posible” un gasoducto que uniría bajo el mar Barcelona con Livorno (Italia) recorriendo una distancia de 700 kilómetros. Esto supone una inversión de entre 2.500 y 3.000 millones de euros y un plazo de construcción cercano a los dos años para abastecer de gas tanto a Italia como a los países del centro y el norte de Europa.

Mientras esta opción ha sido incluida a propuesta de Italia, el Gobierno español ha centrado sus esfuerzos en la reivindicación de una nueva versión del Midcat, un conducto para unir Francia y España a través de los Pirineos, con un coste aproximado de 600 millones de euros y siempre que se plantee como una vía para transportar hidrógeno verde. Es indudable que la conexión energética de la península Ibérica con el resto de la UE puede aportar estabilidad al sistema energético europeo, y que en estos momentos las seis plantas regasificadoras de que España dispone representan un importante potencial económico. Ahora bien, obras como las que se proponen con el gasoducto a Italia o con el Midcat, con los costes y dificultades que plantean, deben estar definidas de forma nítida para que dichas instalaciones estén dispuestas para transportar hidrógeno verde y se acelere el progresivo abandono del gas.

Antes de la invasión rusa de Ucrania, la Unión Europea se encontraba ya inmersa en el desarrollo del Pacto Verde Europeo entendido como un nuevo modelo de desarrollo, y dentro de él se adoptó, en julio de 2021, el paquete Fit for 55, que compromete una reducción del 55% en las emisiones de gases de efecto invernadero en 2030. La urgencia de hacer frente a la situación de inseguridad energética en que la guerra ha metido a la UE puede llevar a tomar decisiones de forma urgente. Es importante reaccionar con celeridad, pero no lo es menos hacerlo de forma coherente con los principios de transición ecológica asumidos ya por las instituciones comunitarias. De lo contrario, esta transición que debe ir eliminando el gas natural, como combustible fósil que es, se vería retrasada y con ello se incrementarían los riesgos energéticos y climáticos. Una Europa dependiente de los combustibles fósiles es una Europa más insegura y vulnerable.

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