ANATOMÍA DE TWITTER
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Reír o llorar (ante la catástrofe)

Las altas temperaturas de los últimos días han sido comentadas en una red social donde coexisten visiones y actitudes muy diversas frente al cambio climático

Grupos de personas disfrutan del sol y las altas temperaturas en la playa alicantina del Postiguet, el pasado 15 de abril.
Grupos de personas disfrutan del sol y las altas temperaturas en la playa alicantina del Postiguet, el pasado 15 de abril.Manuel Lorenzo (efe)

Twitter está de duelo por una muerte: la de la primavera. “Falleció en mayo de 2022, con un día de edad. Los madrileños ruegan una oración por su alma”, tuiteó el lunes la periodista Lucía Taboada, causando hilaridad entre sus seguidores. “En Córdoba fue un embarazo que no llegó a término”, “Siempre se van los mejores”, “Que pena, tan joven”, “Nicho para dos, le acompañe mi cazadora de cuero, muerta con la misma edad”, le respondieron algunos de sus seguidores el mismo día que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) aseguraba que hay 50% de posibilidades de que en los próximos cinco años la temperatura del planeta aumente más de 1,5 °C, el límite fijado en los Acuerdos de París.

Los comentarios a este anuncio en la cuenta de la OMM ofrecen un buen reflejo de la diversidad de reacciones que suscita la cuestión del cambio climático en las redes sociales. Están los que buscan culpables; los optimistas que creen que la ciencia nos salvará y confían en la capacidad de adaptación del ser humano; los que ya no creen en la acción política o institucional y abogan por más iniciativas individuales; los nostálgicos que sienten tristeza al pensar que las futuras generaciones vivirán peor y desconectados de la naturaleza; los que se recrean en un futuro apocalíptico que, además, consideran merecido, como si se tratara de un castigo divino, y, por supuesto, los negacionistas. Pero ser consciente de que el hombre es el responsable con su actividad desenfrenada de la sexta extinción masiva de las especies y sentir que no se está haciendo lo suficiente para detenerla, como retrata Alejandro Quecedo del Val en Gritar lo que está callado, puede también provocar miedo y afectar a la salud mental, en particular de los jóvenes. Un miedo que desde hace unos años tiene un nombre, ecoansiedad, y del que dan fe numerosos testimonios en Twitter.

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“La crisis climática me da mucha ansiedad, ansiedad real. Hay días en los que he pensado que eventualmente tendré que suicidarme para no tener que vivir la catástrofe que se avecina. Ya tuve que regresar con la psicóloga para poder aceptar que nada de lo que había soñado va a suceder”, tuitea Sharon desde México. En un hilo, la joven cuenta cómo lleva semanas teniendo la misma pesadilla, en la que el terreno de sus padres, lleno de árboles, se incendia. Desde Costa Rica, Sebas, militante ecologista, escribe: “Me angustia enormemente ver lo indiferente que es este tema para tantas personas”. Incluso existe una cuenta llamada @eco_ansiedad, donde un grupo de psicólogos ofrece terapia para este tipo de trastorno. Aunque, a juzgar por el número de sus seguidores, 11, tampoco parece que estén desbordados.

Del otro lado, como siempre, hay quién le resta importancia al asunto. La tuitera y activista de 19 años María Serra recordaba estos días las burlas que recibió tras confesar hace unos meses en la emisora catalana RAC1 que las evidencias científicas sobre el cambio climático le llevaban a sentir angustia. No es la única. “Iros a trabajar un rato y con eso pagaos y piso y la comida y llegad a final de mes, así se os quita la ecotontería”; “Lo que necesitan es una buena hostia con mano abierta. Eso no contamina”; “Ecoansiedad: que vuelva la mili por favor”, fueron algunas de las reacciones a un reportaje de televisión que recogía testimonios de varios jóvenes sobre este fenómeno.

Es cierto que, por lo general, nuestras inquietudes suelen tener que ver con nuestra edad y clase social. ¿Pero acaso es tan irracional que una generación a la que le están arrebatando el futuro y que siente el planeta y la vida que alberga como un bien común sufra y experimente angustia dada la gravedad de la crisis climática? No soy de esa generación y, sin embargo, el otro día, cuando terminé Una vida en nuestro planeta, de David Attenborough, y me fui a la cama, me sentí como el niño de Annie Hall, aterrorizado de tomar conciencia de que el mundo se está expandiendo, aunque en este caso sería más bien desapareciendo.

Sobre la firma

Carla Mascia

Es editora en la sección de Opinión, donde se encarga de los contenidos digitales. Es licenciada en Estudios Europeos y en Ciencias Políticas por la Sorbona y cursó el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Antes de llegar a El PAÍS trabajó como asesora en comunicación política en Francia.

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