Columna
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La naturaleza habló

Solo ahora, con la amenaza del cambio climático sobre nuestras cabezas, empezamos a ser conscientes de nuestras acciones en el entorno natural

La lava del volcán Cumbre Vieja en El Paso, La Palma.
La lava del volcán Cumbre Vieja en El Paso, La Palma.Samuel Sánchez
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Oigo que la naturaleza ha hablado en La Palma, escupiendo llamas y lava. Pero ¿qué es la naturaleza? Uno pensaría que es uno de los conceptos más antiguos de la humanidad, pero, como señala la historiadora Andrea Wulf, en su acepción actual, la palabra naturaleza es un invento del siglo XIX del científico y explorador prusiano Alexander von Humboldt.

Curiosamente, su descubrimiento de la naturaleza tuvo también lugar en un volcán, el Chimborazo (Ecuador); aunque esté inactivo y cubierto de una exquisita variedad de plantas y animales. Al ascenderlo en 1802, Humboldt vio cómo transitaba del clima tropical al ártico. En su cima, a 6.200 metros de altura, tuvo su epifanía: la naturaleza es un único organismo interconectado.

Hasta entonces, el mundo se percibía como un conjunto de compartimentos estancos, de reinos de determinada fauna o flora que respondían a su propia lógica de forma mecánica. Humboldt vio sus interconexiones.

La idea de naturaleza como ecosistemas ligados tenía importantes implicaciones sociopolíticas. Los humanos, al talar árboles, estábamos a la vez alterando toda una plétora de elementos, de los minerales en el subsuelo al oxígeno en la atmósfera, modificando el mundo de forma brutal. Sólo ahora, con la amenaza del cambio climático sobre nuestras cabezas, empezamos a ser conscientes de nuestras acciones. Con lo que Humboldt se puede considerar como el padre del ecologismo.

La noción de naturaleza también tiene profundos efectos filosóficos. Humboldt rompió con la idea religiosa de que Dios nos dio el planeta para que hiciéramos lo que se nos antojara con él. Culminó así el camino emprendido por la ciencia moderna de ir bajando a nuestra especie del pedestal: no sólo la bóveda celestial no gira nuestro alrededor; los animales y las plantas, tampoco.

Además, existen relevantes consecuencias morales. Como la libertad era un denominador común del funcionamiento de esos millones de componentes interdependientes de la naturaleza, Humboldt se opuso a la esclavitud humana, la lacra de su época.

Humboldt lo midió todo. Inventó las isotermas y las isobaras, las líneas que unen puntos de igual temperatura o presión. Pero sabía que lo más interesante se escapaba a sus aparatos. Lo que no se puede medir habla directamente al alma, afirmó. Y esa es la frase que me viene a la cabeza al contemplar la erupción del Cumbre Vieja. @VictorLapuente

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