Editorial
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Salvar el turismo

España debe trabajar para reducir los contagios y recuperar la confianza exterior

Varios viajeros llegan al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas.
Varios viajeros llegan al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas.Alberto Ortega / Europa Press

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El nivel de contagios se ha disparado en España y esta vez amenaza, no tanto a una estructura sanitaria ahora mucho más descongestionada que en oleadas anteriores, sino la recuperación del turismo en plena temporada de verano. El Gobierno francés ha desaconsejado viajar a España; Alemania ha incluido a la totalidad del país en la lista de zonas de riesgo, en la que hasta el viernes solo estaban siete comunidades autónomas; la decisión no tiene consecuencias prácticas, pero es otro golpe reputacional para el turismo en España y avisa de próximas restricciones si los contagios prosiguen su escalada; y solo el Reino Unido, que pondrá fin a sus restricciones el 19 de julio, ha ofrecido una noticia positiva al eliminar la obligación de cuarentena a quienes regresen desde nuestro país a partir de esa fecha. El sector del turismo —que representó el 12,4% del PIB en la economía española en 2019— está comprobando en carne propia la timidez en las reservas. Si en 2020 se desplomó por debajo del 5% del PIB, la esperanza de que este 2021 remonte hacia un mejor resultado tiene bases aún demasiado frágiles y tambaleantes.

La inmunización avanza rápido en España a una velocidad por encima de la media europea: el 44,3% de los ciudadanos tiene la pauta completa y el 58% la primera dosis, lo que excluye que la nueva escalada sea dramática como las anteriores. La tasa de ocupación hospitalaria es del 2,6% y las camas UCI destinadas hoy a pacientes covid es del 6,88%. Los ingresos hospitalarios están superando de nuevo las altas, pero gracias a las vacunas no es de esperar una saturación como en anteriores escaladas de contagios. Ello no significa que no haya problemas. Los centros de atención primaria están saturados ante la afluencia de los casos más leves. Y el nivel de incidencia sigue dando saltos trepidantes cada día. El viernes alcanzó los 316 por 100.000 habitantes en las últimas dos semanas. En los veinteañeros la cifra escaló hasta 1.047, unos números de vértigo que chocan con la relativa tranquilidad con que se abordaba el verano.

Los datos han alarmado a los países vecinos, como deben alarmar a los gobiernos central y autonómicos. Algunos han comenzado a recuperar restricciones y perimetrar pueblos. La Comunidad Valenciana busca autorización judicial para aplicar el toque de queda. Y Castilla y León también ha planteado el toque de queda, que el Gobierno y las demás comunidades rechazan. No parecen oportunas, de momento, decisiones maximalistas que agredan las libertades y la temporada de turismo en esta quinta ola de carácter muy diferente de las anteriores. Pero sí son necesarias medidas quirúrgicas, inteligentes y a la carta, según las situaciones, que limiten sobre todo las fiestas descontroladas en las que se producen los contagios y en general aseguren un ocio nocturno prudente. Los jóvenes, que aún no están inmunizados, son comprensiblemente proclives a un intenso intercambio social tras las restricciones sufridas durante tanto tiempo. Pero el descontrol en el ocio puede derivar en una grave factura económica para España en términos de turismo perdido. El Gobierno y las comunidades deben actuar ya para restablecer la confianza en España como lugar de vacaciones: mediante la reducción de contagios que se ha de impulsar en todos los territorios con medidas y pedagogía y mediante la actividad diplomática que conduzca, en suma, a salvar el turismo.

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