COLUMNA
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Hablemos todos sobre los indultos, no solo el PP

Al final es lo de siempre. Solo tienen derecho a hablar los españoles que dicen lo que a la derecha le gusta oír

Manifestación contra los indultos del Gobierno a los líderes independentistas catalanes en la Plaza de Colón en Madrid.
Manifestación contra los indultos del Gobierno a los líderes independentistas catalanes en la Plaza de Colón en Madrid.Andrea Comas

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Los españoles tienen derecho a hablar. Ese fue el principal argumento esgrimido por Rosa Díez, portavoz de la asociación Unión 78, para justificar la convocatoria de una concentración contra los indultos en la plaza de Colón de Madrid. Me pareció un argumento irreprochable. Desde luego, los españoles tienen derecho a hablar, a manifestarse para expresar su opinión, a protestar contra lo que no les gusta. Ese derecho ampara por igual a todos los españoles. Se diría que la universalidad expresada por la palabra “todos” es una obviedad en la que no merece la pena detenerse, pero Pablo Casado nos ha demostrado recientemente lo contrario. Después de asistir con evidente satisfacción a una concentración en la que contempló, impasible, cómo la presidenta Ayuso se adentraba en el jardín, erizado de espinas, que delimita el papel otorgado al Monarca por la Constitución, hace unos días perdió los nervios. Los empresarios catalanes se posicionaron a favor de la concesión de los indultos. Después lo hicieron los obispos y los líderes de las centrales sindicales pero, sin hacer de menos a nadie, lo verdaderamente relevante fue que el presidente de la CEOE diera la bienvenida a las medidas de gracia si servían para normalizar la situación. En ese momento, Casado olvidó que los españoles tienen derecho a hablar. Declaró que la soberanía popular reside exclusivamente en los parlamentarios, y no en la sociedad civil, y subrayó que son los políticos, no los empresarios, obispos o sindicalistas, quienes deben ocuparse de la política. ¿Y la manifestación de Colón?, me pregunto desde entonces. Al final es lo de siempre. Solo tienen derecho a hablar los españoles que dicen lo que les gusta oír. Así hemos llegado hasta aquí.

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