Por qué la nutrición durante los primeros 1.000 días de vida de un bebé son clave para su salud futura

La clave está en la microbiota intestinal, ya que su importancia radica en las funciones en las que interviene: nutricionales, inmunológicas y metabólicas

Un niño disfruta comiendo.
Un niño disfruta comiendo.Stephen Andrews

Tener en brazos a tu recién nacido es una de las experiencias más emocionantes y satisfactorias que se puedan tener. Pero también de las que más vulnerables nos pueden hacer sentir. La idea de que ese pequeño ser humano depende al 100% de nosotros produce al mismo tiempo un inmenso amor y ternura, y una cierta sensación de temor ante la posibilidad de hacerlo mal.

Eso es así aún sin saber (un estudio realizado por PiLeJe, laboratorio francés especializado en microbiota, micronutrición y fitoterapia, asegura que el 40% de los progenitores lo ignora) lo importante que pueden llegar a ser sus primeros 1000 días, desde el embarazo hasta cumplir los dos primeros años de vida, en lo que se refiere a su salud futura. Aunque en los años 90 aparecieron las primeras investigaciones que así lo señalaban, durante los últimos años se ha confirmado que “la vida temprana, por la gran plasticidad que la caracteriza, constituye el momento ideal para intervenir y prevenir el riesgo de enfermedades no transmisibles”, afirma un estudio español de 2018.

Prevenir enfermedades no transmisibles

Uno de sus autores, el pediatra del Servicio de Neonatología del Hospital La Paz y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, Miguel Sáenz de Pipaon, lo explica: “El período entre la concepción y el segundo año de vida es una etapa crítica de tiempo durante la cual factores ambientales y dietéticos pueden tener efectos en el crecimiento, el desarrollo del cerebro, el tracto digestivo, el metabolismo y el sistema inmunológico del bebé”. Y añade: “Hay una variedad de factores y mecanismos fisiológicos que favorecen que un feto o un niño pequeño tenga más riesgo de obesidad, hígado graso, hipertensión y/o diabetes tipo 2″. Es decir, lo que viven durante esos 1000 días puede prevenir o provocar una mayor incidencia de enfermedades no transmisibles, aquellas producidas por una combinación de factores genéticos, fisiológicos, ambientales y conductuales y que suponen, claramente, las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial.

¿Y a qué se dedica un bebé durante el embarazo y hasta que cumple dos años? Básicamente, sobre todo al principio, a comer y dormir. Por eso la nutrición es tan importante en ese periodo. Joaquín Reyes Andrade, pediatra especializado en digestivo del Instituto Hispalense de Pediatría de Sevilla y colaborador de PiLeJe: “Cuando hablamos de nutrición es crucial aclarar que es un concepto más amplio que simplemente ‘lo que comemos’, si no que es igual de relevante la cantidad y calidad de los alimentos, así como la salud intestinal que genera la nutrición diaria que se ve reflejada en la composición de nuestra microbiota intestinal”. En ese sentido, este pediatra recuerda que la lactancia materna es el alimento que más impacto positivo supone a los bebés porque es un alimento “capaz de modificar positivamente la microbiota” durante ese periodo tan crítico.

Un niño sonríe.
Un niño sonríe.Daniel Thomas

La microbiota y la salud

La importancia de la microbiota en la salud presente y futura de nuestro bebé es enorme, como afirma Sáenz de Pipaon: “La dieta puede modular la microbiota y esta, a su vez, puede influir en el desarrollo cerebral. La nutrición preconcepcional puede tener efectos a largo plazo en el neurodesarrollo del niño y favorecer trastornos del espectro autista. Distintos estudios han asociado la adherencia a la dieta mediterránea con un comportamiento favorable en la descendencia. La ingesta de frutas y verduras durante el embarazo se asocia con mayor coeficiente de inteligencia de los niños a los ocho años. La baja adherencia a la dieta mediterránea durante el embarazo se asocia con mayor riesgo de problemas de atención y agresividad en los niños a la edad de año y medio, tres y seis años. Estos hallazgos tienen relevancia práctica en salud pública”.

¿Pero qué es eso que de la microbiota que afecta tanto a nuestros vástagos? Pues bien, se trata del conjunto de microorganismos (bacterias, hongos, arqueas, virus y parásitos) que reside en nuestro cuerpo. Y, en el caso concreto de la microbiota intestinal, los que se localizan en nuestro tubo digestivo. Su importancia radica en que las funciones en las que interviene: nutricionales, inmunológicas y metabólicas.

La nutrición de la embarazada

Y lo hace desde la gestación: “Hasta hace unos años no se conocía que la nutrición de la embarazada o el tipo de parto pudieran llegar a tener un impacto tan a largo plazo. Actualmente, no veremos exagerado que si queremos correr una maratón nos preparemos físicamente y desde un punto de vista nutricional. Pues de igual forma, en el embarazo cada vez tiene más relevancia la preparación de la mujer para encontrarse en un estado nutricional adecuado para el proceso que va a llevar, con especial énfasis en determinados micronutrientes (como el hierro), vitaminas y su propia microbiota”, afirma Reyes Andrade.

Precisamente el hecho de que estos descubrimientos sean tan recientes es el probable culpable de que los padres no seamos aún totalmente conscientes ello, tal y como indica la encuesta del laboratorio. Reyes Andrade se muestra de acuerdo: “Creo que existe mucho desconocimiento sobre el papel protector que a largo plazo puede ofrecer una microbiota saludable”. Sáenz de Pipaon recurre a un dato para corroborar esta idea: “Casi dos billones de adultos en el mundo tienen sobrepeso. Los progenitores no son conscientes de la relevancia de cómo la exposición ambiental y nutricional del bebé puede aumentar el riesgo de enfermedades no transmisibles en la edad adulta”. Saberlo, sin duda, ayudará a que los padres y las madres tengamos más en cuenta lo que comemos durante el embarazo y la lactancia.

¿Y cuáles son las recomendaciones?

El pediatra especializado en digestivo incide en “optimizar la nutrición en la embarazada con especial interés en cubrir las posibles deficiencias en micronutrientes, de forma natural o mediante suplementación. Este cuidado extra va a influir positivamente en la salud de la madre, el feto y del bebé”. Y recuerda que existen muchos mitos respecto a la alimentación de la embarazada, “sobre todo en cuánto a prohibiciones, por lo que es importante obtener información contrastada de un profesional sanitario”. Señala también las bondades de la dieta mediterránea, tanto durante la gestación, como en la lactancia. Y finaliza apuntando la importancia de adquirir modelos nutricionales saludables desde la infancia. “La adicción artificial de azúcares refinados y/o grasas trans es uno de los principales problemas nutricionales actuales y debe estar muy limitado su uso en la edad pediátrica”.

La desnutrición y la obesidad son los principales paradigmas para Sáenz de Pipaon durante la gestación, época en la que recomienda aumentar la ingesta de micronutrientes como el ácido fólico, que influye en el desarrollo cerebral. “Las recomendaciones nutricionales durante la gestación incluyen un aumento de la ingesta energética y de micronutrientes como el ácido fólico, que tiene unos requerimientos aumentados durante la gestación e influyen en el desarrollo cerebral. Durante la lactancia las necesidades son mayores que durante el embarazo. El bebé debe recibir leche materna como mejor alimento durante los primeros seis meses de vida”, afirma.

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