Bolsonaro se muestra solidario en su encuentro con Putin aunque evitan hablar de la crisis ucrania

El brasileño muestra su interés por las centrales nucleares rusas en una visita que EE UU quiso que cancelara

Los presidentes Putin y Bolsonaro, durante su reunión este miércoles en la misma mesa en la que el primero recibió, aunque en una disposición diferente, a Macron y a Scholz.
Los presidentes Putin y Bolsonaro, durante su reunión este miércoles en la misma mesa en la que el primero recibió, aunque en una disposición diferente, a Macron y a Scholz.Mikhail Klimentyev (AP)

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha recibido en Moscú a su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, veinticuatro horas después de su anuncio de que empieza a retirar tropas de la frontera con Ucrania, pero en su comparecencia conjunta este miércoles han obviado la crisis que ha colocado al mundo al borde de una guerra en Europa. “Somos solidarios con los países que quieren y se empeñan en la paz”, ha dicho Bolsonaro en la única referencia al asunto durante intervención que han terminado con un apretón de manos. Ambos han coincidido en ensalzar sus relaciones comerciales -con los fertilizantes como protagonistas— y se han comprometido a estrechar su colaboración en ámbitos como agricultura, energía nuclear, defensa o medio ambiente.

Bolsonaro ha desoído las presiones de la Administración estadounidense para que cancelara el viaje oficial, que responde a una invitación cursada por Putin a finales de 2021. Con este viaje, el brasileño logra la foto que buscaba con un líder mundial para impulsar en casa su desastrosa imagen internacional. Y Putin, ampliar la lista de mandatarios extranjeros que le visitan en las últimas semanas. Unos, en busca de una salida negociada en Ucrania, otros para darle apoyo político o los terceros, para tratar asuntos bilaterales, como Bolsonaro o el argentino Alberto Fernández.

Los líderes de Rusia y Brasil, a los que les une una agenda conservadora y nacionalista además de su pertenencia al club de los BRICS, se han reunido durante casi dos horas. Primero en torno a una mesita y después en la larguísima mesa en la que Putin recibió a los presidentes Emmanuel Macron y Olaf Scholz, pero este miércoles ha sentado a su invitado en un lugar distinto, lo que ha reducido notablemente la distancia entre ellos. El mensaje era evidente. El latinoamericano aceptó hacerse una prueba PCR en Moscú, a diferencia de los mandatarios de Francia y Alemania. Todo apunta a que Bolsonaro no está vacunado.

El presidente ruso ha destacado que Brasil es su primer socio comercial en América Latina. El Servicio de Aduanas ruso cifra el comercio bilateral en torno a 4.500 millones de dólares antes de la pandemia, nivel prácticamente recuperado en 2021. Supone menos de un 2% de las exportaciones e importaciones rusas. Con las sanciones y la inflación que sufren los alimentos, el granero brasileño supone un apoyo en los supermercados rusos.

Los fertilizantes son parte esencial de la relación económica. Para Brasil y su colosal sector agrícola es crucial garantizar un suministro a precios razonables ahora que la pandemia ha trastocado las cadenas de suministro mundiales.

Brasil es, a ojos rusos, una pieza en su defensa de un mundo multipolar. “Estamos interesados en el papel independiente de América Latina y el Caribe en la arena internacional y vemos un papel central de Brasil en el desarrollo de esa importante región del mundo”, ha declarado el canciller ruso, Serguéi Lavrov, tras la reunión que él y el titular de Defensa han mantenido con sus homólogos brasileños.

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Putin ha anunciado la disposición de la agencia nuclear rusa para construir nuevas centrales en el gigante latinoamericano. Con el gancho de un coste menor, la estatal Rosatom querría exportar a los países en desarrollo la primera estación nuclear del mundo, Akadémik Lomonósov, que estrenó en 2019. También pretende construir en Brasil dos nuevas estaciones rusas de seguimiento de basura espacial.

Antes de reunirse con Putin, el mandatario brasileño, que llegó a la Presidencia con la promesa de combatir el comunismo, empezó su jornada con un homenaje al soldado desconocido de la época soviética. Después, en su parlamento ante su homólogo ruso recordó los valores compartidos: “La defensa de la familia (tradicional) y creer en Dios”. Después ha mencionado dos veces que Brasil es una potencia y la ha colocado en pie de igualdad con Rusia, ha agradecido a su homólogo que defienda la soberanía brasileña de la Amazonia y ha instado a los rusos a invertir en la mayor economía de América Latina.

El agravamiento de la crisis ucrania ha convertido la visita en asunto sensible para Brasil. Pero el cuestionado anuncio de Putin del martes de que iniciaba un repliegue ha aliviado la tensión que rodeaba el encuentro, que coincide con los días en que, según EEUU, Rusia iba a invadir la vecina Ucrania.

Bolsonaro está diplomáticamente muy aislado en Occidente desde que su mejor aliado, Donald Trump, perdió las elecciones. Eso le ha obligado a mirar con mejores ojos a Rusia y a la alianza forjada en el seno de los BRICS, que completan China, India y Sudáfrica.

Este martes circularon por las redes sociales de Brasil vídeos que atribuían, falsamente, al dirigente ultraderechista brasileño el mérito del repliegue anunciado por Rusia. Para el brasileño, impopular dentro y fuera de su patria, es la ocasión de mostrar que Brasil tiene protagonismo internacional y amigos poderosos. Ese es un flanco en el que le aventaja con mucha holgura Luiz Inácio Lula da Silva, con el que se disputará seguramente la presidencia dentro de ocho meses.

La diplomacia brasileña tiene una larga tradición de neutralidad, trastocada por la alianza que Bolsonaro forjó con Trump. El brasileño tardó mucho en reconocer la victoria de Joe Biden y su administración le ve con desconfianza. Y la relación con la Unión Europea es tirante porque su gestión de la Amazonia acelera la destrucción del mayor bosque tropical del mundo.

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Sobre la firma

Naiara Galarraga Gortázar

Es corresponsal de EL PAÍS en Brasil. Antes fue subjefa de la sección de Internacional, corresponsal de Migraciones, y enviada especial. Trabajó en las redacciones de Madrid, Bilbao y México. En un intervalo de su carrera en el diario, fue corresponsal en Jerusalén para Cuatro/CNN+. Es licenciada y máster en Periodismo (EL PAÍS/UAM).

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