Biden cierra su polémica cumbre de la democracia sin resultados claros

El presidente de EE UU emplaza a una nueva cita en 2022 para evaluar los progresos en la lucha contra el autoritarismo

El presidente Joe Biden, este viernes en el cierre de la Cumbre de la Democracia.
El presidente Joe Biden, este viernes en el cierre de la Cumbre de la Democracia.SAUL LOEB (AFP)

Joe Biden ha clausurado la primera Cumbre de la Democracia, convocada por él mismo, desde el país de la retórica. Con un discurso que cierra dos jornadas de discusiones virtuales en torno a asuntos como el combate del autoritarismo y la lucha contra la corrupción, el presidente de Estados Unidos, a falta de la clase de declaraciones comunes y grandes anuncios que suelen producir estas escenificaciones diplomáticas, ha aportado muchas buenas palabras y pocos hechos. Su alocución ha servido de broche a una reunión que termina como empezó: envuelta en la polémica por la falta de concreción en sus propósitos y por la lista de los 110 países que fueron convocados (y, sobre todo, por la de los excluidos, China y Rusia, entre ellos). El líder estadounidense ha aplazado los resultados de este encuentro inaugural a la celebración de una nueva cita, idealmente presencial, prevista para el año que viene y para la que la de estos días parece haber servido de mero ensayo.

El presidente ha defendido la iniciativa, con todo, como “una oportunidad de fortalecer lo que nos une”. En el capítulo de los hechos, ha explicado que la cita ha facilitado el encuentro entre alcaldes de todo el mundo, de Mesa, en Arizona, a Mannheim, en Alemania (“son ellos los que están en la primera línea de defensa de la democracia”, ha dicho), así como la discusión sobre la protección de la libertad de prensa y la puesta en común de desafíos en torno a la protección de las mujeres y la infancia.

En un intento de dotar de sustancia a la retórica, la Casa Blanca anunció el jueves que Biden planeaba trabajar con el Congreso en una partida presupuestaria de alrededor de 424 millones de dólares para apoyar a los medios de comunicación independientes en el extranjero, ofrecer apoyo a organizaciones de derechos humanos y activistas y promover la celebración de elecciones justas. También ha hecho propio un acuerdo alcanzado en los días previos a la cumbre entre Costa Rica, República Dominicana y Panamá para reforzar sus instituciones y cooperar en la región. “Es la clase de empeño y colaboración que espero que veamos más en el futuro. Así podremos poner en común esos progresos el año que viene”, ha dicho Biden.

En una idea que se ha repetido constantemente entre los invitados (presidentes, primeros ministros o embajadores de los países convocados, muchos de los cuales participaron con un mensaje grabado), el líder estadounidense también ha subrayado la importancia de trabajar porque la tecnología sea una herramienta que aliente la democracia, en lugar de entorpecerla. En eso ha coincidido con al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que ha intervenido en la cumbre en el día del 73º aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos con una defensa de la regularización del mundo digital para evitar que incite al populismo y al autoritarismo.

Ambas declaraciones pueden leerse en el contexto de la reciente crisis desatada en Facebook por las revelaciones de miles de documentos extraídos de la compañía por la exempleada Frances Haugen que demuestran, entre otras cosas, que la red social prefirió silenciar a grupos opositores en Vietnam antes que perder negocio en un mercado apetecible, que alimentó el odio nacionalista en la India de Narendra Modi o que no hizo lo suficiente por frenar la violencia étnica en Etiopía. Guterres ha lamentado, además, que estos problemas se hayan acentuado con la pandemia.

Las ausencias en la lista de invitados han vuelto a entrar en el debate con la intervención del presidente de Argentina, Alberto Fernández, que ha defendido a Bolivia, uno de los países no convocados por Biden cuya exclusión más sorpresa ha causado. Otros excluidos del continente americano han sido Cuba, Guatemala, Honduras, Nicaragua o El Salvador. México, por su parte ha intervenido con su embajador en Estados Unidos, Esteban Moctezuma

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Con este encuentro, Biden ha cumplido al menos una de las tareas que se impuso durante las elecciones que le hicieron presidente: escenificar que la democracia “es el desafío definitivo de nuestro tiempo”, y, de paso, señalar el abismo entre su retórica y la de su antecesor, Donald Trump, cuya gestión interna coqueteó en ocasiones con lo autoritario y que en el exterior derribó puentes con aliados tradicionales y organizaciones multilaterales y escogió a dictadores de todo el mundo como notorios aliados. En su discurso de hoy, Biden ha admitido que esos problemas son también un asunto interno, y se ha comprometido a una defensa del “sagrado derecho a votar libremente” en Estados Unidos.

Por otra parte, el Departamento del Tesoro ha anunciado este viernes la interposición de sanciones a empresas e individuos de China, Myanmar, Corea del Norte y Rusia por “abusos” a las libertades y los derechos humanos.

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Sobre la firma

Iker Seisdedos

Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto y máster de Periodismo UAM / EL PAÍS, trabaja en el diario desde 2004, casi siempre vinculado al área cultural. Tras su paso por las secciones El Viajero, Tentaciones y El País Semanal, ha sido redactor jefe de Domingo, Ideas, Cultura y Babelia.

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