Ursula von der Leyen, al primer ministro de Polonia: “No toleraremos que se pongan en riesgo nuestros valores comunes”

La presidenta de la Comisión Europea se enfrenta a Mateusz Morawiecki en la Eurocámara tras la controvertida sentencia del Tribunal Constitucional de Polonia

Von der Leyen, durante su intervención este martes en Estrasburgo.RONALD WITTEK (AP) / VÍDEO: EBS-QUALITY

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha querido lanzar este martes un mensaje inequívoco y contundente al primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, durante un tenso y cortante debate en el Parlamento Europeo. La comparecencia en Estrasburgo llega tras la reciente sentencia del Tribunal Constitucional de Polonia, que ha provocado un terremoto institucional y colocado a este país al borde de la ruptura legal con la UE.

Von der Leyen le ha recordado al líder polaco el amplio arsenal de Bruselas para hacer frente a una decisión jurídica que “pone en tela de juicio los cimientos de la UE”. Ha subrayado los daños que genera el fallo del Constitucional para sus ciudadanos. Y le ha dado a entender que será inflexible en esta batalla: “No vamos a tolerar que se pongan en riesgo nuestros valores comunes”.

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, que ha intervenido tras la presidenta del Ejecutivo comunitario, ha acudido al pleno en Estrasburgo a petición suya. Para, según ha dicho, zanjar lo que ha denominado un “malentendido” a cuenta de la primacía del derecho europeo sobre el nacional tras la sentencia del Constitucional de su país. Morawiecki, en realidad, ha tratado de dibujar a su Estado y su Gobierno como bravos guerreros de la lucha democrática y ejemplos de la resistencia frente a supuestas injerencias de la UE. El bloque comunitario seguiría desde hace tiempo, según su versión, una deriva centralizadora que sobrepasa las atribuciones que le conceden los tratados.

“No se dan cuenta de hasta dónde llevarían estas decisiones”, ha dicho el jefe del Gobierno polaco y miembro de la formación ultraconservadora Ley y Justicia (PiS) que lidera el Ejecutivo en su país. “¿Alguien quiere llevar la anarquía a Polonia?”. Para rematar: “Con esto no estaría de acuerdo ningún país soberano”. Al final de esta senda, ha añadido, en la que se toman decisiones “a puerta cerrada” y se reinterpretan las normas comunitarias “sin control” su país no sería ya un Estado independiente, sino un organismo “controlado centralmente” y se convertiría en una especie de “provincia” europea. “No es lo que acordamos en los tratados”, ha zanjado.

Von der Leyen ha manifestado la gravedad de la situación: “Es la primera vez en la historia que un tribunal de un Estado miembro considera que los tratados son incompatibles con la Constitución nacional”, ha dicho sobre una decisión que tendrá “consecuencias graves para los polacos”, ya que la sentencia socava la independencia judicial, tal y como es concebida en el corpus jurídico de la UE.

Durante la exposición de las herramientas posibles con las que cuenta para reconducir la situación, ha llegado a invocar el procedimiento del artículo 7, “el arma más poderosa del Tratado” de la UE , un precepto coloquialmente conocido como el botón nuclear de la Unión ya que fue pensado como una especie de arma disuasoria de último recurso frente a los países que incumplen los valores fundamentales del bloque.

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Tanto Polonia como Hungría tienen expedientes abiertos mediante este artículo 7, que nunca han llegado a cuajar porque requieren mayorías muy elevadas. En la vertiente más extrema de la norma se podría retirar el derecho de voto a un Estado, pero ello exige la unanimidad del Consejo. La jefa del Ejecutivo comunitario ha pedido regresar a este artículo. “Debemos volver a él. Porque permítanme recordarles: el Tribunal Constitucional polaco que hoy ha puesto en duda la validez de nuestro Tratado es el mismo que, en virtud del artículo 7, consideramos que no es independiente ni legítimo. Y esto, en muchos sentidos, cierra el círculo”.

El debate ha sido eléctrico, con aplausos para los distintos bandos, y también abucheos, en el que se han dibujado dos visiones contrapuestas de la UE. Morawiecki, tal y como ha avanzado que haría al inicio de su intervención, ha dado explicaciones. Profusas. Tan largas que incluso el presidente de la Mesa de la Eurocámara ha tenido que mandarle callar hasta tres veces, mientras el polaco replicaba que no le interrumpieran más.

Morawiecki ha insistido en que el Constitucional polaco no está solo, y que hay otros tribunales nacionales que también se han planteado en el pasado el debate de la primacía del derecho comunitario. Y ha añadido que si la UE pretende convertirse en un “superpaís”, a este destino final solo se puede llegar mediante el acuerdo de los socios.

A su manera, ha pedido destensar la situación. ”La UE no se va a derrumbar”, ha asegurado. “El pluralismo constitucional significa que hay diferentes sistemas jurídicos y espacio para el diálogo”. Y al final de su exposición, cargada de retórica euroescéptica, desde la mesa le han recordado la flexibilidad que han tenido con los minutos de palabra: “Nadie puede decir que usted no ha tenido tiempo para dar sus explicaciones al Parlamento Europeo”. Y le han hecho notar que atenerse a las normas de tiempo establecidas son también un síntoma del respeto democrático.

El apoyo a las palabras de Von der Leyen ha sido subrayado por las principales familias del hemiciclo europeo. “Europa no es ningún Estado. Es una comunidad de Estados, pero nos hemos comprometido a respetar reglas del juego comunes”, ha sostenido en su discurso el alemán Manfred Weber, que comanda el grupo popular europeo. “La Constitución de los Estados miembros es fundamental; ahora bien, las reglas de esta comunidad son más importantes“, ha añadido, cuestionando cualquier pronunciamiento desde el Constitucional polaco, un órgano cuya autonomía frente a las injerencias del Gobierno está en entredicho: “Hay muchos analistas que consideran que este tribunal ya no es independiente”.

“Cuando uno amenaza con no respetar las normas, se pone solo en la puerta de salida. Nadie le echa”, ha espetado la presidenta del grupo socialista, la española Iratxe García. “Aquí venimos voluntariamente, porque nos fiamos los unos de los otros. Porque creemos en un futuro común. No nos obliga nadie”. García le ha recordado a la Comisión su obligación de actuar para poner coto a la deriva polaca.

Resolución de la Eurocámara

La Eurocámara, de hecho, ha preparado una propuesta de resolución que tiene previsto votar esta semana de pleno en la que urge al Ejecutivo comunitario y al Consejo (el órgano que representa a los Veintisiete) a actuar ante las provocaciones polacas lanzando todo el arsenal que tienen a mano. En el borrador del texto, al que ha tenido acceso EL PAÍS, los eurodiputados reclaman a la Comisión que persevere en su iniciativa de lanzar procedimientos de infracción contra el Tribunal Constitucional polaco y también contra la sala disciplinaria del Tribunal Supremo, un órgano que se encuentra en el corazón de la batalla entre Bruselas y Varsovia, por su incidencia en la independencia del poder judicial.

La Eurocámara también reclama a Bruselas que inicie sin dilación el mecanismo de condicionalidad, una herramienta que puede llegar a frenar el flujo de fondos hacia Polonia si viola el Estado de derecho. El instrumento se encuentra aún en un limbo, mientras el Tribunal de Justicia de la UE decide sobre su legalidad, tras ser recurrido por Polonia y Hungría. Pero el hemiciclo reclama acción sin demora, igual que exige al Ejecutivo que bajo ningún concepto apruebe el plan de recuperación polaco (uno de los pocos que aún no ha obtenido la luz verde) “hasta la plena y adecuada aplicación por parte del Gobierno de Polonia de todas las sentencias del TJUE y de los tribunales internacionales”.

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Sobre la firma

Guillermo Abril

Es corresponsal en Bruselas. Durante más de una década ha sido reportero de El País Semanal. Especializado en el gran reportaje con vocación internacional, ha cubierto la crisis de refugiados en la frontera exterior de la UE y zonas de conflicto como Siria y Libia, así como las consecuencias del Brexit y el auge de la ultraderecha.

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