Canadá

Las conspiraciones de QAnon prenden en Canadá

Considerado una amenaza de terrorismo doméstico en EE UU, el movimiento cala entre la oposición radical al premier canadiense, Justin Trudeau

Una pancarta de QAnon destaca en una manifestación contra el uso de mascarilla, celebrada el 12 de septiembre pasado en Montreal, Canadá.
Una pancarta de QAnon destaca en una manifestación contra el uso de mascarilla, celebrada el 12 de septiembre pasado en Montreal, Canadá.Graham Hughes / AP

La letra Q se ha convertido en símbolo de las pancartas de los mítines de Donald Trump, presidente de Estados Unidos. También aparece en pegatinas, camisetas y bandera. Tanta parafernalia refleja la popularidad de QAnon, una agrupación que promueve teorías conspirativas y que, incluso podría contar próximamente con una representante en el Capitolio. Canadá, el vecino del norte, navega en aguas políticas distintas, más proclives a la tolerancia y al consenso. Sin embargo, no ha sido razón suficiente para evitar la presencia de QAnon en su territorio.

Nacida en octubre de 2017 en foros de la red frecuentados por la extrema derecha estadounidense, QAnon ha puesto el listón muy alto respecto a disparates y falsedades. Un individuo nombrado Q –los adeptos creen que es un funcionario con acceso a los mayores arcanos- asegura poseer información sobre la existencia de una red global de pederastas satánicos integrada, entre otros, por miembros del Partido Demócrata, estrellas de Hollywood y millonarios. Además, este maléfico grupo dirige un “Estado profundo” (con apoyo de personal gubernamental y medios de comunicación) para apoderarse de la Casa Blanca. Sin embargo -y aquí los seguidores de QAnon suspiran de alivio- Trump está peleando una guerra secreta contra estos malhechores que tendrán como destino final las celdas de Guantánamo.

QAnon pronto sumó seguidores en Canadá; primero en las catacumbas de internet; después, en redes sociales. A finales de 2018, centenares de personas protestaron en varias ciudades canadienses (principalmente en las provincias de Alberta, Manitoba y Saskatchewan) portando chalecos amarillos, emblema del movimiento francés que lleva ese nombre. Sus críticas estaban dirigidas al Gobierno de Justin Trudeau, al que acusan de no apoyar con suficiente vigor a la industria petrolera y de ser laxo en temas migratorios. Algunos manifestantes exhibían la Q de QAnon, al igual que WWG1WGA (iniciales en inglés de: “donde vamos uno, vamos todos”, uno de sus lemas más conocidos). Por primera vez, estos símbolos se paseaban por las calles de Canadá.

Edwin Hodge, profesor de sociología en la Universidad de Victoria (Columbia Británica), estudia teorías de la conspiración y grupos de extrema derecha. Para Hodge, un aspecto que explica la presencia de QAnon en suelo canadiense es el estrecho contacto cultural y digital entre Estados Unidos y Canadá, pese a las evidentes diferencias políticas. Hodge afirma también que muchos movimientos conspirativos enfatizan las narrativas relacionadas con supuestos proyectos a escala global. “Estos movimientos, especialmente los adaptables como QAnon, conservan su atractivo incluso cuando se trasplantan a otros países”, apunta.

Uno de los carteles más llamativos de los “chalecos amarillos” canadienses -decorado con la Q- indicaba: “Trudeau nos ha vendido a la ONU”, en referencia al Pacto Mundial para la Migración de Marrakech, suscrito por Canadá, pero sin vinculación legal y que no implica cambios en las políticas migratorias. El elemento más significativo de los seguidores canadienses de QAnon consiste en asociar al Gobierno liberal (también por momentos a partidos de oposición y autoridades provinciales) con una supuesta agenda mundial diseñada bajo las sombras. Así, Justin Trudeau es considerado un aliado del “Estado profundo”, de la misma forma que Angela Merkel. Pero Trudeau, según seguidores de QAnon, también protege a esos círculos pedófilos que practican el satanismo y está detrás de la muerte de Barry y Honey Sherman, los millonarios asesinados en diciembre de 2017 en Toronto.

Roxane Martel-Perron, directora educativa del Centro de prevención de la radicalización violenta de Montreal, comenta: “Existe un fuerte interés hacia QAnon por los supuestos planes secretos de los Gobiernos, pero también ha inspirado señalamientos infundados sobre pedofilia. Basta recordar el caso de acoso en redes sociales a un café de la región de Charlevoix”. Martel-Perron se refiere a un establecimiento en la localidad de Baie-Saint-Paul (Quebec) que en agosto pasado recibió mensajes cargados de inquina, ya que supuestamente su logotipo está asociado con grupos pedófilos.

La pandemia ha llevado a QAnon en Canadá a otro nivel. “Trudeau quiere imponer el comunismo. Las restricciones por la covid-19 no tienen que ver con el virus.”, figura en el muro de un grupo de Facebook. Diversas manifestaciones contra el uso de la mascarilla han tenido lugar en ciudades canadienses (Montreal, Ottawa, Vancouver, Calgary, Winnipeg). Varios de los asistentes han portado la Q y otras referencias a QAnon.

En estas protestas también han participado miembros de agrupaciones de la extrema derecha (como Soldados de Odín y La Manada). Estos colectivos muestran su rechazo a las políticas migratorias en vigor y al multiculturalismo, en discursos que rayan la xenofobia; se definen como “patriotas” y “defensores de la libertad”. No sorprende su simpatía hacia QAnon.

Edwin Hodge comenta: “La pandemia exacerbó el tipo de estresores psicológicos y sociológicos que inclinan a algunas personas hacia el pensamiento conspirativo. Hay gran cantidad de evidencias de que estos movimientos y creencias crecen durante tiempos de agitación social, política y económica como los que estamos viviendo”. Hodge subraya que, pese a que QAnon existía antes del coronavirus, creció con el confinamiento. “Debido a que la pandemia ha mantenido a las personas en sus hogares y en línea durante largo tiempo, el alcance del movimiento ha aumentado”, agrega. “Es un periodo fértil para las teorías conspirativas. Muchas personas no conocían a QAnon hace un año. Es evidente que ha ganado visibilidad”, dice Martel-Perron.

El pasado 2 de julio, Corey Hurren (oriundo de Manitoba) fue detenido tras estrellar su camioneta sobre una reja que daba acceso a la residencia de Trudeau. El primer ministro y su familia estaban aquel día en otro sitio. Hurren, cuyas cuentas en redes sociales han difundido publicaciones de la teoría de la Q, portaba varias armas de fuego. En mayo de 2019, el FBI designó a QAnon como una amenaza terrorista interna.

De acuerdo a un informe de la policía de Quebec, entre el 15 de marzo y el 15 de septiembre, este cuerpo de seguridad recibió 300 señalamientos por amenazas vía internet a diputados de la asamblea provincial (53 en el mismo periodo de 2019). El órgano legislativo adoptó de forma unánime una moción para denunciar estos mensajes, así como para reconocer que las autoridades deben actuar contra el auge de las teorías de la conspiración. Según la cadena CBC, algunos de los autores de estas amenazas han compartido contenidos de QAnon en distintas plataformas.

Hodge considera que el vínculo entre QAnon en Canadá y la violencia sigue siendo “relativamente raro”. “Esto no quiere decir que no exista o que no crecerá, pero el movimiento está más presente, por el momento, en línea. Debería preocuparnos la relativa facilidad con la que QAnon se está extendiendo en el país; es una prueba de que los canadienses son tan susceptibles de caer en creencias marginales como los estadounidenses”, señala. “Hemos constatado que las teorías de la conspiración pueden en varios casos formar parte del proceso de radicalización violenta. Por eso es necesario trabajar en la prevención”, concluye Martel-Perron.

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