Opinión
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Atticus Finch ante el racismo

Los disturbios por la muerte de George Floyd demuestran que el mensaje de cambio que lanzaba la novela de Harper Lee ‘Matar un ruiseñor’ sigue desgraciadamente vigente

Coches ardiendo este sábado durante las protestas por la muerte de George Floyd en Seattle.
Coches ardiendo este sábado durante las protestas por la muerte de George Floyd en Seattle.JASON REDMOND / AFP

Hace ahora 60 años, una escritora primeriza publicó una novela sobre un padre y sus hijos que describía con una clarividencia que solo alcanzan las obras maestras el tema más importante, trágico y definitivo de la historia de Estados Unidos: la injusticia racial nunca solucionada, que sufren sobre todo los afroamericanos, pero también los nativos americanos y los latinos. El libro se titula Matar un ruiseñor y todavía sigue emocionando a generaciones de lectores. Harper Lee, fallecida en 2016, narra la historia de Atticus Finch, uno de esos héroes silenciosos que pueblan la literatura y el cine estadounidenses, un abogado que en la Alabama racista de la Gran Depresión defiende a un negro injustamente acusado de una violación.

Atticus Finch trata de educar a sus hijos en la creencia de que la injusticia no tiene por qué perpetuarse y en la convicción de que las decisiones individuales de cada uno marcan la diferencia. “Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence”, les dice a sus hijos para explicarles la decisión que ha tomado de defender a un negro en contra de todo el pueblo.

Los disturbios provocados por la muerte de George Floyd, estrangulado con su rodilla por el agente Derek Chauvin en Minnesota, demuestran que el mensaje de cambio que lanzaba la novela de Harper Lee sigue desgraciadamente vigente. Porque tanto la violencia policial contra los negros, como las protestas que estallan después se han convertido casi en una rutina en EE UU. Como dijo el actor Will Smith: “No es que el racismo vaya a peor. Es que está siendo filmado”. El movimiento Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan) arrancó en 2013 y visibilizó el problema, pero no solucionó una injusticia ya centenaria.

La América legalmente racista y segregada que describe Lee ya no existe, ni tampoco el país desde el que escribió su novela, en pleno movimiento de los derechos civiles. Pese a que el presidente Donald Trump es un racista irredento, nunca la situación ha sido mejor. Y, sin embargo, sigue siendo muy mala, como ha quedado claro en la pandemia, donde la mayoría de las víctimas se concentra en la población negra, porque la injusticia racial es también económica y social.

La vigencia de Matar un ruiseñor va mucho más allá de su calidad literaria y de la hondura y humanidad del personaje de Atticus Finch (que en el imaginario colectivo tiene además el rostro de Gregory Peck). La novela sigue aquí porque el problema que describe nunca se ha solucionado. La gran lección que Finch quiere transmitir a sus hijos es que nunca hay que rendirse —“el que hayamos perdido 100 años antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer”— pero, sobre todo, que la lucha contra el racismo es individual: “Uno no comprende realmente a una persona hasta que no se mete en su piel y camina dentro de ella”.

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