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Los ministros de extrema derecha abandonan el Gobierno austriaco

El partido ultranacionalista rechaza el cese del responsable de Interior tras el escándalo de corrupción

El nuevo jefe de la ultraderecha austriaca, Norbert Hofer (izquierda), y el ministro del Interior, Herbert Kickl, este lunes en Viena.
El nuevo jefe de la ultraderecha austriaca, Norbert Hofer (izquierda), y el ministro del Interior, Herbert Kickl, este lunes en Viena. REUTERS

Los ministros de ultraderecha (FPÖ) han anunciado que abandonan el Gobierno austriaco después de que el canciller, Sebastian Kurz, haya anunciado este lunes la destitución del ministro de Interior, Herbert Kickl, destacado miembro del partido de extrema derecha y al frente del departamento que tendrá que esclarecer el escándalo de corrupción que ha provocado la ruptura de la coalición con los conservadores y la convocatoria de elecciones anticipadas.

Kurz ha afirmado esta tarde que comunicaría su decisión al presidente del país, Alexander Van der Bellen, y poco minutos después, como habían avanzado, el resto de ministros del ultranacionalista FPÖ han comunicado su renuncia. La formación tenía cinco ministerios en el actual Gobierno en funciones tras la ruptura de la coalición con los conservadores (ÖVP): Interior, Defensa, Exteriores, Transportes y Sanidad.

La idea de Kurz, según medios austriacos, es completar el Ejecutivo hasta las elecciones con expertos o altos cargos. Sobre el canciller pende ahora una posible moción de confianza en el Parlamento. El partido Ahora-Lista Pilz, escisión de Los Verdes, ha anunciado su intención de presentarla, y los ultras barajan apoyarla. De lograr el apoyo de los socialdemócratas, que no se han pronunciado, la moción podría salir adelante y hacer caer el Gobierno de Kurz.

Los ministros ultras barajaban han barajado durante toda la jornada abandonar sus cargos tras el escándalo de corrupción que ha acabado con la coalición de Gobierno con los democristianos de Kurz tan solo año y medio después de tomar posesión y a pocos días de las elecciones europeas. El canciller rompió la colaboración el sábado horas después de que el líder ultra y exvicecanciller, Heinz-Christian Strache, se viera forzado a dimitir por la publicación de un vídeo de julio de 2017 en el que ofrece posibles contratos públicos a una supuesta magnate rusa y habla de vías de financiación ilegal del partido de su partido, el FPÖ.

El canciller, que el domingo anunció elecciones anticipadas, que se celebrarán previsiblemente a principios de septiembre, ha esperado hasta esta tarde del lunes para explicar qué pensaba hacer con los ministros ultras hasta los comicios. Fuentes del ÖVP insistieron en que era inviable que permaneciera en el Gobierno el responsable de la cartera de Interior, Herbert Kickl, la cara de la línea más dura de los ultras. Señalado por numerosas polémicas y también por un registro de los servicios de inteligencia interior austriacos que investiga el Parlamento, Kickl habría sido uno de los responsables de investigar el origen y las sospechas de corrupción que contiene el vídeo grabado con cámara oculta a Strache.

El propio Kickl, que ha acusado a los democristianos del ÖVP de estar "ebrios de poder", puede ser objeto de la investigación, ya que era secretario general del partido cuando se produjo el encuentro grabado en una casa de Ibiza. Destacado miembro del FPÖ y uno de los colaboradores más estrechos de Strache, el partido rechazaba su salida. "Dejaremos nuestros puestos si el ministro del Interior, Herbert Kickl, es forzado a marcharse", avanzó por la mañana Norbert Hofer, ministro de Infraestructuras y recién designado líder del partido tras la caída de Strache.

La oposición ha reclamado la salida de los ultras del Ejecutivo desde el momento en que saltó el escándalo. Kurz decidió el regreso de la ultraderecha al Gobierno como socio menor tras las elecciones legislativas de octubre de 2017 y les dio la Vicecancillería, ocupada por el dimitido Strache, y ministerios clave, como Defensa y Exteriores. La decisión de meter a la extrema derecha ha acabado con estrépito y ha sumido al país en una grave crisis.

El caso Ibiza ha causado un terremoto en Austria cuyas réplicas parecen no acabar. Tras anunciarse la presentación de una moción de confianza, los conservadores han manifestado su intención de aplazar la sesión parlamentaria prevista para este miércoles hasta el lunes, después de las elecciones europeas, lo que ha provocado fuertes protestas de la oposición. Además, los socialdemócratas han finiquitado la colaboración con la extrema derecha en el Estado federado de Burgenland, que también celebrará elecciones anticipadas, y en la ciudad de Linz.

Más contactos con los supuestos inversores rusos

Mientras, los medios que destaparon el caso Ibiza, los alemanes Der Spiegel y Süddeutsche Zeitung, desvelaron este domingo que Johann Gudenus, el colaborador del líder ultra al que se acercó en primer lugar la supuesta oligarca rusa y que también aparece en el vídeo, volvió a tener contacto con la mujer tras la reunión de Ibiza. Al contrario de lo que aseguró Strache, aquella noche, según sus palabras de “machos bajo los efectos del alcohol”, no fue pues una excepción. Cuentan los medios alemanes que Gudenus mantuvo reuniones con los supuestos inversores rusos antes y después de la noche en la que cayeron en la trampa.

Sigue sin estar claro quién o quiénes están detrás del vídeo que ha hecho caer a Strache. La mujer rusa se identificó como Alyona Makarov, pero el magnate del gas ruso Igor Makarov ha declarado que es hijo único y, por tanto, no tiene ninguna sobrina.

En la vecina Alemania, el conocido como Ibizagate, se sigue como un asunto de interés nacional. En parte, porque fueron dos medios alemanes los que el viernes por la noche lanzaron la bomba informativa colgando en su página el vídeo de la ya famosa villa ibicenca. Pero también, porque el FPÖ, la hasta ahora rutilante extrema derecha austriaca, ha sido un referente de primera línea para los ultras alemanes, Alternativa para Alemania (AfD).

El resto de la clase política alemana en pleno, incluida la propia canciller, Angela Merkel, ha puesto el grito en el cielo ante lo que consideran un escándalo mayúsculo y la prueba irrefutable de la necesidad de mantener a los nacionalismos de derechas al margen de cualquier responsabilidad de Gobierno. “Tenemos que enfrentarnos a los movimientos populistas que quieren destruir la Europa de nuestros valores”, dijo Merkel este fin de semana. La gran tertulia política televisiva del domingo por la noche, en la que participaron candidatos a las europeas estuvo también dedicada al asunto, así como las webs y las portadas de la prensa escrita nacional.

Y mientras los diarios respetan la confidencialidad de sus fuentes, en el debate público se desatan las especulaciones en torno a cómo llegó el vídeo a parar a manos de los diarios y quién sabía qué y cuándo. El propio Strache consideró la publicación del vídeo un truco propio de Tal Silberstein, un spin doctor israelí que trabajó en el pasado para los socialdemócratas. Fue en 2017, el mismo año en cuyo verano se grabó el vídeo en Ibiza, cuando Silberstein llevó a cabo una campaña sucia en contra del actual canciller, Sebastian Kurz. El asesor político acabó detenido en Israel en agosto de ese año, acusado de soborno, falsificación de documentos y lavado de dinero.

El nombre del célebre cómico alemán Jan Böhmermann también ha salido a la palestra, tras rescatarse las declaraciones del día antes de la publicación del vídeo, en las que dijo que “puede que mañana Austria arda”. Y las de abril, cuando para excusarse por no poder acudir a un acto en Austria había declarado: "Desafortunadamente, no puedo ir porque estoy puesto de coca y de Red Bull, aquí con algunos colegas de negocios del FPÖ en una villa de oligarcas rusos en Ibiza”.La ZDF, la cadena donde tiene su programa el cómico, ha excluido que participara en el asunto del vídeo. 

La prensa austriaca apuntaba también a una supuesta autoría del llamado Centro para la belleza política, un grupo de creación artística y activismo alemán contra la extrema derecha. Contactado por este diario, el grupo rechazó pronunciarse sobre el asunto.

El Kremlin, por su parte, ha negado este lunes que las autoridades rusas estén implicadas de alguna forma en el escándalo. "No podemos valorar de ninguna manera la aparición de ese vídeo, porque no tiene que ver nada con Rusia, ni con el presidente, ni con el Gobierno", ha afirmado el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov. Moscú también se ha desmarcado de la mujer que aparece en el vídeo como supuesto contacto, alegando que no se sabe "quién es" o su nacionalidad, según la agencia de noticias Sputnik.

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